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...Y parió la abuela

Como el Ave Fénix, resurgieron de las cenizas. La capacidad que tenemos los argentinos para no asombrarnos casi por nada va en aumento de manera exponencial, esto es evidente. A cuatro días de las elecciones, y cuando el oficialismo está complicado en los números, los cuadernos del prolijo señor Centeno aparecieron en escena. Sorprendente, de verdad, quizá no por el contenido de la información, sino por cómo se da todo, que ante los ojos de la sociedad se torna incrédulo, aunque pueda ser cierto.

Ya de por sí la situación parece grotesca. No es para juzgar si los cuadernos son o no, si lo que supuestamente escribió el chofer más famoso de la Argentina dicen o no dicen la verdad, para eso está la Justicia, que aún sumamente devaluada en la confianza de los argentinos es lo que tenemos.

Todo es bastante raro. Resulta que un periodista de uno de los medios más importantes del país, que ideológicamente coincide con las actuales autoridades del Poder Ejecutivo nacional, se encuentra con un ‘anónimo’ que le entrega los cuadernos, esos mismos que el que supuestamente los había escrito dijo ante jueces y fiscales que había quemado ‘en una parrilla’.

Una llamada anónima, un encuentro misterioso, una bolsa blanca y... los cuadernos, sí los que resurgieron de las cenizas. Esos cuadernos escritos a mano por Centeno los tenía alguien, que quizá no se enteró sobre la importancia que podían tener, o si lo sabía esperó hasta el momento previo a la elección para que saliera a la luz, claro, a través del periodismo, no de la Justicia.

Desde el Gobierno, el ministro de Justicia, Germán Garavano, salió rápidamente a desligar cualquier injerencia del Ejecutivo en la aparición de esos cuadernos, claro, no puede decir otra cosa, pero es difícil pensar que todo es fruto de la casualidad, sobre todo en un país donde se contrata a especialistas para todo. Es de imaginar que tranquilamente se hubiera podido buscar un golpe de efecto, algo que cambiara lo que parece ser el inexorable destino de esta elección.

Los abogados, ‘fuera de micrófono’ suelen decir: ‘no importa lo que hagas, lo importante es lo que te puedan probar’, y permítasenos en este caso invertir la carga de la prueba. ¿Cómo podrían los funcionarios del Gobierno probar que ellos no tienen nada que ver, cuando supuestamente se verían beneficiados políticamente con esta llamativa aparición del material?.

Claro, todas estas elucubraciones se pueden hacer aquí porque, como se ha dicho tantas veces, en la Argentina la Justicia federal se mueve más por conveniencias políticas que por afán de conocer la verdad y castigar a los responsables. Cualquier fiscal debiera estar analizando hoy las cámaras de seguridad de la zona de la confitería porteña donde se hizo entrega del material para determinar quién es ese misterioso hombre ‘de unos 60 años, canoso y con saco azul’ que llevó los cuadernos al periodista de La Nación.

Pero como si todo esto fuera poco, ahora aparece un nuevo componente que podría entorpecer la causa judicial que está llena de ‘arrepentidos’ que dijeron exactamente lo que el juez quería escuchar para quedar en libertad, pero donde no hay grabaciones que corroboren cada declaración. Si estos cuadernos fueran verdaderamente los originales, se podría caer la declaración del ‘arrepentido’ Centeno, porque expresamente la ley sostiene que el ‘arrepentido’ no puede mentir, y Centeno dijo que a los cuadernos los había quemado, por lo tanto, si eso no ocurrió, el chofer mintió y la causa podría quedar en la nada, como tantas otras.

Parece que no alcanzaba con el dólar, las tasas, la desocupación, la pelea entre Macri y Fernández, los debates-show y demás componentes de nuestro tránsito actual, que ahora apareció lo que será seguramente la telenovela de los cuadernos de Centeno. Como dicen en el barrio, éramos pocos, y parió la abuela’.

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