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Una cita con todos los argentinos

Ya está, finalmente Alberto Fernández es nuestro nuevo presidente, se terminó el larguísimo proceso eleccionario que atravesó todo el 2019.

Fernández es un presidente que tendrá muy poco tiempo para celebrar, porque el país que recibe no admite dilaciones.

Macri deja una Argentina mucho peor que la que recibió: con más pobres y más miseria, más deuda, más inflación, mercados alterados, pocas reservas, desempleo, déficit fiscal, escaso consumo y salarios paupérrimos, con el FMI respirándonos en la nuca y una enorme impaciencia social que espera y necesita buenos resultados en muy corto plazo. Sin dudas, el flamante presidente no la tiene nada fácil.

Y no es todo, hay algo mucho peor, Fernández recibe un país con una grieta desmedida, una grieta que unos y otros profundizaron y estimularon. El fanatismo no es buen consejero, sin embargo, unos y otro lo utilizaron para arrimar agua para su molino, resaltaron más el miedo al otro que la virtud propia. Sin dudas los dos espacios mayoritarios tienen vicios y virtudes y señalar al opositor no es un mérito. Cómo superar la grieta para que el próximo gobierno lo sea realmente de todos los argentinos, es el mayor desafío.

Por eso los días que siguen son definitorios, en la transición empezará a aparecer y materializarse el rumbo que signará la nueva gestión.

Es ahora cuando el flamante presidente deberá demostrar el atisbo de cuál será el país por el que va a trabajar, el país que quiere construir.

Hasta acá no hubo ningún anuncio que permita anticipar a ciencia cierta qué se viene. Fernández sólo habló de una nueva lógica, de un nuevo orden sin demasiados detalles, por eso, es fundamental que rápidamente se aplaque la emoción del triunfo y los festejos, y aparezcan el proyecto y los primeros pasos en pos de construir el país que todos los argentinos anhelamos y necesitamos y ese es un país sin grietas.

Los números son claros, no dejan lugar a especulaciones triunfalistas, la sociedad está partida en dos mitades casi iguales, conjeturar con la posibilidad de dar la espalda a medio país no sería una opción inteligente, avanzar sólo será posible partiendo de la construcción de un gran acuerdo o pacto nacional que contemple todos los sectores, que incluya todos los actores sociales, sólo así Fernández logrará transitar sin sobresaltos la difícil coyuntura que deberá enfrentar a partir del 10 de diciembre.

La paz y los consensos deberían ser prioritarios, pero para lograrlos será necesaria la participación, el compromiso y el sacrificio de todos y cada uno. Si lo logra sumará más capital político a su victoria, si no lo hace, la mitad de los argentinos volverán a sentirse y estar afuera, y Argentina seguirá siendo un país atravesado por el encono y las diferencias inmanejables.

Macri lo hizo, Macri dilapidó en menos de cuatro años la oportunidad de consolidar su fuerza política como una gran alternativa, de convertirse en el líder de un partido consolidado, fue víctima del triunfalismo, de ingenuidades injustificables y de grandes errores. Su apelación permanente a la “pesada herencia” y a la grieta, fueron una de sus grandes equivocaciones, las que sumadas a los sucesivos descalabros en materia económica y política lo llevaron a este resultado. No hubo ninguna casualidad.

Fernández puede optar por el mismo camino, puede abrazar el “volveremos”, que crispa a todos los que no lo votaron porque no quieren que “vuelva” nada ni nadie, porque están esperando algo nuevo, distinto del mismo pasado que derrotó a Cristina en las urnas con un claro mensaje de desacuerdo hacia su última gestión que, dicho sea de paso, no fue buena; o puede elegir el camino de la humildad, la prudencia, la moderación y la inclusión auténtica de todos los ciudadanos.

Si elige el liderazgo del odio, la ira y las diferencias, dilapidará otra oportunidad histórica, si toma el camino contrario, tiene la posibilidad de reconciliar a los argentinos y hacer del país un lugar en el que todos sintamos que vale la pena vivir, un país normal con oportunidades y bienestar para todos, un país que no expulsa a los que piensan distinto, un país en el que no estar de acuerdo, no signifique más que vivir plenamente la democracia. El flamante presidente tiene una cita urgente e impostergable con los argentinos, con todos los argentinos.

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