Editoriales |

Sos parte del cardumen de imbéciles

Entre todas las desnudeces que dejó al descubierto la pandemia, engrosa la lista de las tristes la intolerancia social hacia los cuerpos gordos. Somos gordofóbicos o gordoódicos, elijan, para el caso da igual. Exacerbado por la cada vez más ancha autopista tecnológica que hace que todo se viralice con una rapidez pasmosa, uno de los colectivos sociales que ha sido objeto de más burlas fue, por lejos en cantidad de memes y stickers, el de las personas gordas.

Y no la juguemos de santos, todos recibimos y reenviamos imágenes y videos con advertencias del estilo. “así vamos a quedar después de la cuarentena”, todos las miramos, nos reímos y reenviamos, aun sabiendo que la obesidad no es un tema para bromear. En América latina 6 de cada 10 adultos son obesos, en Argentina, según la 4º Encuesta Nacional de Factores de Riesgo elaborada por el Ministerio de Salud y el Indec del 2019, el sobrepeso y la obesidad involucra más del 60% de nuestra población. No es un tema para mofarse o, como decían nuestras abuelas, para tomarlo para la chacota.

No es que nuestras burlas y risas hayan comenzado con la pandemia, la discriminación que sufren las personas gordas es histórica, lo que el confinamiento provocó es que esa tendencia se agudizara y se visibilizara de otra manera dejando al desnudo otra más de nuestras grandes contradicciones. Somos una sociedad con un altísimo porcentaje de personas que padecen trastornos alimentarios y aun así nos burlamos de quienes los padecen.

Tan brutal fue el incremento de la gordofobia o el gordoodio que hasta el Inadi emitió un documento alertando sobre el uso de las redes para discriminar durante la pandemia. El informe señala que “en épocas donde la prioridad es la promoción de discursos que convoquen a la solidaridad, responsabilidad y cuidados múltiples, la aparición de cuestionamientos, miedos y sugerencias sobre los cuerpos no hacen más que fortalecer la ridiculización y estigmatización de la diversidad corporal de las personas”

Advierte además que “la visión estereotipada de los cuerpos ubica a los cuerpos gordos en relación de inferioridad con respecto a los cuerpos flacos, porque "representarían", por un lado, el fracaso de la belleza, particularmente la "femenina", y por otro, el fracaso económico asociado a los prejuicios de dejadez, improductividad y mala alimentación".

Obvio que es la misma discriminación de siempre, pero en “modo cuarentena”. Las personas gordas están acostumbradas a las “sutilezas” excluyentes: están habituados a no encontrar talles de la ropa que les gusta, a no conseguir trabajo porque la “buena presencia” no incluye a los gordos, a que los miren por arriba del hombro a la hora de compartir un asiento en un transporte público, a no poder comer tranquilos en público ni una ensalada porque las miradas los enjuician y los señalan. Vale decir que la discriminación en “modo cuarentena”, sólo exacerba la estigmatización “normal” de la que son víctimas.

Días atrás, el tema tuvo cierta centralidad mediática como consecuencia de la furia de Nazarena Vélez. La famosa fue tratada de “gordita” en las redes sociales, tras su aparición pública en un programa de entretenimientos y, fiel a su estilo, contestó de manera escandalosa y contundente, empleando por momentos un vocabulario soez, como para reforzar su mensaje y provocar el suficiente alboroto. Más allá del modo poco ortodoxo, la historia de trastornos que según relata sufrió para adelgazar, es un buen ejemplo para reflejar lo que pueden los estereotipos estéticos, el discurso social discriminatorio y la negación de la diversidad de los cuerpos como algo natural y deseable.

La gordofobia humilla, invisibiliza, maltrata, ridiculiza, excluye, discrimina y violenta. La gordofobia somete todo el tiempo en todos los espacios, sobre todo a las mujeres, porque los comentarios de “estás más gordo” o “deberías adelgazar” no son frases tan habituales en los perfiles de los hombres como en los de las mujeres, por lo que a la gordofobia se suma, además, el machismo.

Todos estigmatizamos y discriminamos y tan hecha carne tenemos esta insana costumbre, que sólo cuando reflexionamos sobre el tema y sus consecuencias, nos damos cuenta de que somos parte del cardumen de imbéciles que ayudamos a perpetrar y reproducir este horror. Vos también sos, todos somos gordofóbicos o gordoódicos, que para el caso no importa, porque de verdad lo único que importa es que la próxima lo pienses antes de reírte o reenviar.

Dejá tu comentario