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Que no sea en vano

Estamos atravesando una emergencia mundial que lamentablemente fue debidamente anunciada e ignorada. La comunidad científica y los organismos internacionales predijeron esta pandemia y nadie, ningún gobierno, movió un dedo. ¿Esta vez aprenderemos?

La Organización Mundial de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud y Naciones Unidas, advirtieron los riesgos de una urgencia sanitaria mundial y la necesidad de adoptar medidas preventivas urgentes. Todos hablaron de la necesidad de una cobertura sanitaria global para poder responder a brotes de enfermedades infecciosas. Naciones Unidas recomendó hace 2 décadas destinar el 15% del presupuesto a mejorar la sanidad para estar en condiciones de responder a una pandemia. Pese a las recomendaciones, ningún país cumplio el objetivo y ahora sufrimos las consecuencias.

¿Hay que aclarar cuál fue el principal escollo? Obviamente, la financiación que implicaba avanzar en medidas preventivas globales. Nadie quiso desembolsar un peso para prepararse para lo peor, a sabiendas que ningún país podría quedar ajeno a las consecuencias nefastas de una pandemia. Hay un informe, disponible en internet, emanado de la última Asamblea de la ONU, en la que un grupo de expertos de la OMS y el Banco Muncial, integrantes del The Global Preparedness Monitoring Board, que advertía que el planeta no estaba en condiciones de resistir una pandemia letal. Preanunciaba un riesgo que podría afectar entre 50 y 80 millones de personas y provocar la reducción de la economía mundial en un 5%. Los que tenían en sus manos la responsabilidad y las decisiones, estaban advertidos, pero optaron por no hacer nada.

El documento también señalaba que una pandemia desencadenaría lo que hoy estamos viviendo e instaba a los países a prepararse ante una emergencia sanitaria global comprometiéndose a invertir en prevención. Recomendaba además que actuaran con celeridad ante un brote epidémico compartiendo información y aconsejaban construir sistemas sólidos de salud. No hicieron nada. El coronavirus es la evidencia de que las advertencias de médicos y diplomáticos especializados cayeron en saco roto.

El avance del virus es la demostración perfecta de por qué hay que invertir en los servicios públicos, y por qué es necesaria un área de salud con el presupuesto adecuado. El coronavirus es un punto de inflexión que les demuestra a los decididores, la horizontalidad entre los que tienen más, los que tienen menos y los que no tienen nada. Este monstruo les va a revelar hasta que punto el dinero acumulado y celosamente guardado, a veces, no sirve de nada. No hay plata que tape todos los baches que tenemos, no hay dinero guardado que pueda dar una respuesta sistémica para aliviar la pandemia. El coronavirus es el espejo de todas sus miserias.

Italia es el ejemplo perfecto. Muchos recuerdan ahora cuando en su momento, las clases altas y medias-altas acomodadas, aplaudían los recortes en el área de salud. Sería muy interesante escuchar ahora la opinión de los mismos que en ese momento festejaban. Seguramente a la luz de la tragedia que están atravesando, hayan tomado conciencia sobre la relevancia de contar con un servicio público en condiciones de contrarrestar una circunstancia extrema como esta. Claro que, ahora es tarde.

La pandemia pone en foco las prioridades y deja al desnudo la irracionalidad en la que estamos viviendo, irracionalidad que, en estas circunstancias, adquiere ribetes inmorales, porque podrían haber hecho algo que no hicieron y otra hubiese sido la historia. Sin ninguna duda con muchos contagiados y muchos muertos, pero en otro contexto.

Estamos sufriendo las consecuencias sanitarias y sociales y ya sentimos también los efectos económicos. Todo ha cambiado en nuestras vidas en cuestión de días, desde el acto más sencillo y común como saludarnos, hasta el aislamiento y el temor. Esto no terminó, recién está empezando, y cuando logremos superar la contingencia, debemos ser concientes que, dentro de unos años, 5 o 6, posiblemente pasemos otra amenaza similar, una que hoy no conocemos ni podemos imaginar. Es seguro que el coronavirus nos va a marcar humanamente de por vida, está por verse si podremos capitalizar este horror y aprender. Está por verse si en la próxima estaremos más preparados a nivel personal, social y político. Está por verse si saldremos de esta pandemia con la resiliencia mundial fortalecida o si todo el trabajo, todo el sufriemiento y todas las muertes fueron en vano.

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