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Pedro Mangas, otra pérdida irreparable que sufre el ambiente "tuerca"

Por Miguel Busso

¡Murió Pedro!, apareció escrito en el WhatsApp en la madrugada pasada. Y si bien uno conoce mucha gente con ese nombre y a la vez jamás esperábamos que fuera a partir así, de golpe, el que escribió ese mensaje sabía perfectamente que, en esas dos palabras de pocas letras, entenderíamos todo lo que quería que supiéramos los destinatarios del mismo.

Porque si bien la urgencia del corto envío pasaba por comunicar la muerte de Pedro Mangas, tal vez sin querer en esa expresión dolorosa, en ese mensaje indeseado, reflejaba todo el sentimiento hacia un tipo único.

Pedro, era eso para todos los que lo conocimos y tratamos: tenía un nombre de tamaño chico pero de un corazón enorme para con los suyos. Ese mismo corazón que pasada la medianoche del sábado se partió, como queriendo que más de uno se lo reparta, forma simbólica -si las hay- de lo que en definitiva siempre quiso el gran Pedro, al brindarse con los que quería y lo querías.

Como todo hombre de vida comercial exitosa e intensa, de actividad dirigencial trascendente. mostró iniciativa pero con carácter fuerte, donde su voz gastada no fue impedimento para decir todo lo que pensaba, sin guardarse nada.

Pedro Mangas fue otro "tuerca" de pura sangre. Y decimos otro, porque hace pocos días atrás, en estas mismas crónicas hicimos referencia a la partida de "Pirincho" Belfiore.

Tal vez a Pedro y a Pirincho lo único que los vinculó fue ese fanatismo por el automovilismo, porque incluso su vida dirigencial se dio en diferentes épocas de ese deporte en La Pampa. Pero en ambos casos estamos haciendo referencia a fanáticos 100%.

La muerte de Pedro Mangas deja una enorme ausencia en su íntimos: su familia y amigos,, pero también en una empresa (Controltrams) donde lideraba un equipo de trabajo que en definitiva era otra familia.

A la par de esa pasión y capacidad que le puso a esa actividad comercial, siempre estuvo presente el automovilismo deportivo.

Personalmente lo conocí junto a Simón Heim en el desafío de tener un auto piquense en el automovilismo nacional. También lo recordamos bancando el objetivo del "Chivo" Teja para llegar a lo máximo en el Supercar.

Y después, lo vimos metido directamente como un dirigente fuerte del mundo "tuerca" pampeano, donde llevaba adelante el liderazgo en el equipo de rescate de la Federación Pampeana de Automovlilsmo (FEPAD).

Eso fue Pedro: "gruñón", de gesto duro cuando algo o alguien no le gustaba. Pero también generoso, de puertas abiertas donde se haya encontrado. Siempre dispuesto a dar una mano o un consejo, seguramente aprendido en la vida de talleres, asados, las carreras y los camiones, estando todavia en nuestras retinas el día que llevó a su actual esposa al altar...

Pedro tenía 62 años, no creemos que los suficientes para partir. Pero su corazón, el que le brindó a todos, decidió por él este final, desplomándolo en el patio de la vivienda que habitaba junto a su esposa en el barrio Federal.

Así se fue Pedro. Aunque tenemos la seguridad que, si en poco tiempo miramos hacia arriba y ver estelas en el cielo, ese que dejan los aviones en su paso, no nos confundamos y acuérdense que ahora hay un barbado (otro barbado), que armó una carrera, tal vez de aviones, para que no nos olvidemos de él y sigamos disfrutando de sus ocurrencias.

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