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Nuestros hijos y nuestros nietos pagarán nuestra desidia

Casi nadie está prestando atención a la mayor amenaza para la salud que tendremos que enfrentar como especie en los próximos años, son tantos los problemas que encabezan la agenda internacional en este campo, que por ahora las consecuencias nefastas que tendrá el cambio climático quedan prácticamente fuera de todos los memorándums.

Es comprensible, el mundo se enfrenta a tantos retos de salud de tal magnitud, que la reducción del impacto del calentamiento global implica en este contexto poner la mirada en una escala que a muchos académicos y políticos les puede resultar desmesurada, No lo es, lo que se viene obliga a establecer nuevas prioridades, a encarar de manera urgente un movimiento de salud pública global que desarrolle estrategias para reducir el impacto de este fenómeno-

Científicos de distintas disciplinas, como antropología, geografía, ingeniería, economía, leyes y filosofía, además de salud, afirman que las crecientes temperaturas del planeta van a provocar mayores olas de calor, las que a su vez propagarán enfermedades infecciosas y causarán una gran escasez de agua y alimentos. Concretamente, lo que los investigadores plantean es que podrían surgir patrones cambiantes de enfermedades y mortalidad debido a una extensión de la transmisión y propagación geográfica de las enfermedades tradicionalmente tropicales endémicas, como la malaria y el dengue, patrones que los que se encargan de promover asuntos de salud no están considerando debidamente hasta ahora.

El cambio climático es un asunto de salud que afecta y afectará a miles de millones de personas, y no sólo un asunto medioambiental que refiere a deforestación y osos polares y estamos llegando al debate con demasiada lentitud, considerando las consecuencias que puede acarrear en el futuro inmediato.

“El calor es un asesino silencioso y tiene un gran efecto en la mortalidad”, aseguran los científicos. Un ejemplo contundente fue la ola de calor de 2003 que causó 70.000 muertes adicionales evitables en Europa. Este fenómeno pone en contexto lo que puede ocurrir en el futuro.

Los investigadores creen que la seguridad de los recursos de agua y alimentos será uno de los mayores asuntos a considerar a medida que avance el cambio climático, dado que el agua y la sanidad son cruciales para prevenir la gastroenteritis y la malnutrición y que el derretimiento de glaciares y los cambios en las corrientes fluviales y los patrones de precipitación ya están causando inundaciones y sequías en distintos puntos del planeta. El crecimiento de la población, sobre todo en las regiones menos desarrolladas, combinado con los efectos climáticos, causará necesariamente más inestabilidad en esos recursos, las consecuencias serán sequías, inundaciones y hambre.

Si la alerta de los científicos preocupados por la problemática cae en saco roto, si simplemente no son tenidos en cuenta y no se empiezan a dar los primeros pasos para implementar políticas globales que frenen este flagelo, estaremos perpetrando como humanidad, una gran injusticia generacional. Nuestros hijos y nuestros nietos pagarán nuestra desidia y nos juzgarán por haber ignorado la amenaza del cambio climático. Será un escándalo moral que pudimos haber evitado y dejamos que suceda.

Es menester barajar y dar de nuevo, reestablecer las prioridades, crear un marco de acción. Es prioritario que los líderes y organismos que se ocupan de alertar sobre temas de salud global no eludan las consecuencias que acarrea el cambio climático y obren en consecuencia comenzando por considerar especialmente la protección de las poblaciones más vulnerables.

La Organización Mundial de la Salud representa sin dudas la voz del sector sanitario que debe dar respuesta global a este desafío mundial, organismo que, si bien ha alertado sobre la problemática, no lo ha hecho con la contundencia que el fenómeno amerita, por ahora solo “advierte” sobre las consecuencias y los daños que el cambio climático puede provocar, en consonancia con otros tantos factores y amenazas de su plan estratégico quinquenal.

La diferencia con el resto de las cuestiones sobre las que trabaja, es que revertir el cambio climático requiere de antelación y negociación con las naciones y ese es el punto de inflexión de esta problemática.

Vamos rumbo a perpetrar una injusticia generacional, nuestra desidia afectará a nuestra descendencia, ellos pagarán nuestras negligencias.

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