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Nos estamos equivocando

Las postales de nuestras ciudades en los últimos días muestran las calles repletas de gente haciendo una vida casi normal. Los fines de semana ni el frío contiene nuestras ganas de volver a juntarnos y disfrutar de los espacios públicos. Regresamos a los paseos y las plazas, mate de por medio, para reencontrarnos con amigos. Un recorrido corto alcanza para comprobar que aquí no ha pasado nada, los tapabocas no son moneda corriente, el mate pasa de mano en mano como si tal cosa y el distanciamiento social, quedó en el olvido. Error, grave error que podemos pagar muy caro.

Tiene razón el gobernador Ziliotto cuando expresa su satisfacción por “lo que hemos ganado entre todos”, cuando nos felicita por la tranquilidad que hemos logrado gracias al esfuerzo de todos. Y también está en lo cierto cuando manifiesta su preocupación por que teme que tiremos “por la borda lo que nos costó mucho”. Compartimos su angustia, todos advertimos que “al tapaboca lo usa sólo el 50 por ciento de la población” y que los fines de semana hay “una excesiva circulación social, superior a la que existía antes de la pandemia”.

Es cierto que “hay un relajamiento social”, no se equivoca el gobernador, “estamos entrando a una etapa donde juega un papel fundamental la responsabilidad social” y esa responsabilidad social no está presente en la conciencia de los pampeanos. Creemos que la pandemia es cosa del pasado, pero no es así, nada más alejado de la realidad, estamos rodeados de provincias con circulación viral, esto no pasó, esto está pasando. Las autoridades de La Pampa han hecho y siguen haciendo un estricto control de quienes ingresan a la provincia, siguen trabajando para evitar que el virus circule, pero no pueden estar cuidando de cada uno las 24 horas para garantizar que cumplamos lo básico, eso depende de nosotros y claramente no lo estamos haciendo.

No es el momento de relajar las precauciones, si no tomamos con la debida seriedad el uso de tapabocas y el distanciamiento social nos ponemos en riesgo y ese riesgo implica la posibilidad de tirar por la borda el tremendo esfuerzo que hicimos hasta acá para hacer frente a la pandemia. Hemos dado un ejemplo de responsabilidad, nos quedamos en casa paciente y disciplinadamente cuando correspondía aun cuando nuestros negocios o puesto de trabajo estaban en riesgo, precisamente por eso, por todo lo que nos costó, sería realmente lamentable que todo ese esfuerzo quede en la nada producto de habernos relajado antes de lo recomendable.

Es imprescindible que volvamos a tomarnos muy en serio la situación, es imprescindible que todos sigamos haciendo el esfuerzo de llevar tapabocas y cumplir a rajatabla las medidas de distanciamiento social. El virus está circulando, no es tiempo todavía de relajarse, esto no pasó, esto está pasando y ahora más que nunca depende de nosotros.

No entender que somos vulnerables, que no estamos exentos ni a salvo nos pone en riesgo de incurrir en errores que podrían hacernos perder el estatus sanitario que hemos logrado y sostenido pese al nuevo caso registrado en nuestra provincia. El Covid-19 sigue circulando, es una amenaza latente y si no hacemos las cosas bien, cuando caigamos en la cuenta será demasiado tarde. Respetar, cumplir y hacer cumplir, obedecer las medidas y los protocolos establecidos deben ser parte de nuestra normalidad. No es tan complicado advertir que tenemos que hacerlo para proteger nuestra salud, nuestras vidas y la de todos los que queremos.

Arriesgamos demasiado como para que no nos demos cuenta y salgamos livianamente a las calles como si no hubiera pasado nada. Todos estamos ansiosos por volver a nuestra vida antes de la pandemia, todos queremos que los chicos regresen a clases, ir a la cancha a ver un partido de fútbol, trabajar normalmente, ir al cine, disfrutar de un espectáculo, organizar una fiesta, compartir un cumpleaños, pero aún no se puede, todavía no, falta menos, pero falta.

En esta etapa el compromiso individual y colectivo es fundamental y llenar los paseos y las plazas sin tapabocas, tomando del mismo mate en grupos numerosos o juntarnos a comer un asado de a veinte no es cumplir con ese compromiso individual y colectivo. Ziliotto tiene razón cuando expresa su preocupación por el “relajamiento social” en el que estamos incurriendo. Nos estamos equivocando y lo podemos pagar muy caro.

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