Editoriales | Adriana Leher | INADI

Leher no nos representa

Que la diputada provincial de Juntos por el Cambio, Adriana Leher, haya sido denunciada ante el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación y la Xenofobia) por comparar a los votantes del Frente de Todos con "monos" a los que "hay que darles bananas", es democráticamente saludable.

Su “posteo” post eleccionario va exactamente en la dirección opuesta a la responsabilidad política que el desempeño de su cargo conlleva. Tanto su expresión, como su intento posterior de disculpa cuando el repudio hacia sus expresiones había estallado en las redes, son parte de una confrontación tajante que divide al mundo entre amigos y enemigos, entre esclarecidos y equivocados, una discriminación que obviamente va de la mano de la ignorancia y el prejuicio.

Lo de Leher es inadmisible por partida doble: son improcedentes tanto sus palabras tras la derrota electoral, como las disculpas que ofrece, que no hacen más que terminar de esclarecer que realmente piensa lo que posteó.

En el primer caso califica a los votantes del Frente de Todos como “monos” que prefieren quedarse “adentro de la jaula, cómodos y haciendo caca en una zanja”, ya que rechazaron todo lo que se les ofreció: “se les quiso dar educación y cultura se les quiso dar futuro se les quiso dar pavimento y cloaca”.

En el segundo caso, esa suerte de disculpa, explica que ‘respecto a mi estado de WhatsApp fue un exabrupto que recorté de las redes sociales, no nombré a nadie y no fue mi intención agredir a nadie, si alguien se sintió identificado pido disculpas”. Claramente no cree estar equivocada.

La discriminación, cualquier discriminación, es un fenómeno social que empobrece el trato entre los seres humanos, que va contra la riqueza propia de una humanidad plural y diversa, que da un trato de inmerecido desprecio a personas o grupos, que causa daño y nos hace socialmente menos igualitarios, menos democráticos y, por ende, menos justos.

La discriminación habla de intolerancia, de no aceptar las diferencias y constituye una actitud inaceptable en cualquier ciudadano, mucho más en quienes tienen una responsabilidad mayor, como el caso de la diputada achense.

Por su cargo Leher tiene la obligación de rendir cuentas y nosotros el derecho y la obligación de pedirle que las rinda. No todo da lo mismo, no puede pensar que alcanza con decir que fue un exabrupto y que si ofendió a alguien pide disculpas.

Leher debe sentir, más allá de lo que resuelva el INADI, la sanción moral y política de los pampeanos porque su conducta fue inapropiada y porque como ciudadanos de esta provincia, sus dichos no nos representan, ni refieren a la sociedad en la que queremos vivir.

La responsabilidad de nuestros políticos, a quienes los ciudadanos les hemos delegado el poder y otorgado la confianza mediante el voto, incluye, además del tratamiento de los temas públicos, la vigilancia y control de otros aspectos, como la prudencia y el cuidado de los valores y principios que sustentan la democracia. La diputada en cuestión pone en entredicho esa confianza concedida a través de las urnas, porque sus expresiones son inapropiadas e indignas de su cargo.

Argentina no es un país muy exigente en esta materia, por lo que seguramente cuando se acallen las aguas, pasará el mal momento para Leher y en poco tiempo esto será una anécdota en su carrera política. Ni siquiera ha tenido que sobrellevar el repudio de sus pares, apenas una broma de la diputada Mayoral, como para marcarle la cancha y demostrarle que su “exabrupto” no había pasado desapercibido y un tibio mensaje de Mac Allister que aclaró que “la publicación de Adriana Leher no es para nada mi sentimiento ni mi parecer, no estoy de acuerdo, fueron desafortunadas”. Desafortunadas, adjetivo lavadito, casi un chas chas en la cola, o un dedito hacia arriba a modo de recriminación, que no vamos a criticar, porque por lo menos salió al ruedo y dijo algo, mucho más que los que comparten su espacio que se quedaron calladitos esperando que pase el chubasco lo más rápido posible.

Más allá de lo que finalmente ocurra con la denuncia de Leher ante el INADI, es saludable que haya sido radicada, porque hará que el posteo y dichos posteriores de la diputada pampeana no pasen completamente desapercibidos, porque le recordarán a ella y a sus pares, la responsabilidad inherente al ejercicio de cualquier función pública, que esa responsabilidad es en todos los ámbitos y en todo momento y sobre todo, que no todo da igual y que su “exabrupto”, en el que la diputada cree que no nombró ni agredió a nadie, es ofensivo, discriminatorio, degradante y atenta contra la calidad de nuestra democracia. Leher debe saber que no nos representa.

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