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Hasta reencontrarnos

La educación también está en cuarentena y enfrenta un gran desafío, el más grande que le ha tocado en mucho tiempo. El presidente Alberto Fernández dijo, con absoluta razón, que en el marco de la emergencia sanitaria “el inicio de clases puede esperar”, y en ese contexto, los docentes de todos los niveles hacen lo posible por mitigar los efectos de la pandemia y gestar de la noche a la mañana, una transformación educativa migrando de la escuela presencial a la escuela digital.

No tenemos muy claro cómo, no sabemos si vamos a poder, no estábamos preparados para semejante revolución. La verdad es que no sabemos muy bien ni por dónde empezar, ni cómo desandar este camino que impone la circunstancia, pero lo importante es que estamos haciendo el intento. ¿Estábamos preparados para esto? Claro que no, pero los equipos docentes no están en casa de brazos cruzados, están trabajando, pensando y organizando nuevas maneras para llegar a sus alumnos, para enseñar a la distancia, para tratar de sostener los procesos pedagógicos.

No sabemos qué va a resultar, no sabemos cuándo podrán volver los alumnos a las aulas, no tenemos idea cuánto puede llegar a durar el aislamiento preventivo. La única certeza es que este es el nuevo contexto, que la educación también está en cuarentena y que la pandemia implica un auténtico desafío para el sistema educativo, para las familias que tendrán que apoyar en la medida de sus posibilidades el proceso de sus hijos en casa y para los chicos, que tendrán que adaptarse a lo que las circunstancias imponen.

La urgencia no ha generado resistencias, pero si mucha incertidumbre. Todas las dudas son lógicas, hay que romper paradigmas, salir de la zona de confort y repensar y replantear en horas, lo que hemos practicado por siglos.En esta situación, no hay nada que sea sencillo.

Algunas cuestiones básicas que complican el escenario de por sí dificultoso. El primer escollo es la brecha digital entre los estudiantes y sus padres y profesores, los chicos son nativos digitales, por ende, mucho más versados que las generaciones que les tienen que enseñar. El segundo es que no todos los alumnos cuentan con acceso a internet y no todos los que tienen internet, gozan de los mismos dispositivos.

Sumemos que, los docentes, sin que medie capacitación previa, ni guías básicas sobre cómo organizar y presentar los contenidos, tuvieron que improvisar en horas actividades y temas. Muchos optaron por el papel y las fotocopias, otros, por la digitalización, pocos lo hicieron por formatos novedosos. No es una crítica, todos hicieron lo que pudieron, todos corrieron contra el tiempo y trataron de cubrir el vacío, aun así, queda claro que el resultado no es educación virtual sino una adaptación a la emergencia. Estamos haciendo lo que podemos en medio de lo que impone la pandemia.

Sin embargo, como todo hace pensar que vamos a tener que seguir acompañando a los alumnos con una escuela a distancia, pasado el momento de incertidumbre y la complejidad de los primeros días, tal vez sea este el momento de empezar a pensar cómo seguimos, cómo hacemos para transitar la coyuntura adversa tratando de que la distancia entre los chicos y la escuela sea la menor posible.

Fácil de decir, difícil de implementar, acá no hay recetas, hay que empezar de cero, hay que repensar y replantear todo, hay que intercambiar, en este escenario el trabajo en red de todos los estamentos del sistema educativo es fundamental para potenciar y enriquecer las propuestas y también para evaluar los resultados. Hay que animarse a atravesar acuerdos y desacuerdos con la misma amplitud, habrá experiencias que resulten y otras que no y no todas serán aplicables a todas las escuelas y comunidades educativas. Hay mucho trabajo por hacer y no será sencillo, pero hay que empezar porque es la única manera de tratar de darle continuidad a los procesos escolares que inevitablemente están afectados producto de la pandemia.

No tenemos muy claro cómo, ni siquiera sabemos si vamos a poder, no estábamos preparados para nada de lo que nos está pasando, pero es nuestra responsabilidad intentarlo, animarnos a equivocarnos, a usar nuevas herramientas digitales, a preguntar, a consultar, a probar nuevos modos de vincularnos, y, en definitiva, a reaprender a enseñar y aprender, en tiempos en los que la pandemia puso a la educación en cuarentena. Es el compromiso que tenemos que asumir, hasta que podamos reencontrarnos en la escuela.

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