Editoriales | Alberto Fernández | Mauricio Macri

Empecemos por bajar un cambio

Bajemos un cambio. Tenemos nuevo presidente, pero hasta el 10 de diciembre no asume y cuando lo haga, no podrá resolver los problemas acuciantes ni en el corto ni en el mediano plazo, simplemente porque no hay manera. Pase lo que pase y haga lo que haga Alberto Fernández, el 2020 va a ser un año muy difícil, cuesta arriba, en el que vamos a tener que seguir apretando los dientes y en el que seguramente nos tocará soportar medidas impopulares. De modo tal que lo más sano para todos es que nos vayamos haciendo a la idea y reduzcamos el nivel de ansiedad.

Todos, hayamos votado o no al flamante primer mandatario, tenemos que reconocer que asume el timón del país tras una gestión deficiente, con indicadores económicos y sociales que reflejan cuatro años de involución prácticamente en todos los parámetros, que Macri le entrega un país tal vez en peores condiciones que el que recibió en 2015. Fernández asume en un contexto de emergencia y grandes urgencias. No puede hacer milagros.

Aquellos que esperan ya los nombres que ocuparán los lugares estratégicos del gabinete, o los que ahora mismo esperan detalles de las medidas que implementará el nuevo presidente para contener el dólar, renegociar la deuda, frenar la inflación o impedir que siga cayendo el empleo, han perdido el norte y no hacen más que ahogar y dificultar. Restan aun dos meses de mandato de Macri y son dos meses complejos en los que hay que avanzar con paso firme pero cuidadoso en una transición saludable.

En este escenario avanzar de manera prudente para ir apagando las urgencias, que son muchas, implica además decisiones consensuadas entre los que se van y los que llegan. Está claro que hasta la entrega de los atributos de poder Macri preside, pero la responsabilidad, en cierto sentido, es compartida, porque así lo exige la complicada coyuntura de nuestro país.

Sí es cierto que aún en la transición, Alberto Fernández tendrá que arreglárselas para empezar a enviar algunas señales, en especial a los mercados, que tienen poca confianza en su futuro gobierno y esbozar los palotes de algunos puntos económicos clave, como la renegociación de la deuda, fundamental para conseguir el oxígeno monetario necesario para comenzar a mover la rueda, considerando que las arcas argentinas no están en condiciones de pagar los próximos vencimientos, que implicarán, sólo en el 2020, cubrir una deuda por unos 65 mil millones de dólares de los que no disponemos.

Por eso, prudencia es la palabra que deberíamos repetir como un mantra no sólo los máximos dirigentes políticos, sino todos los actores destacados, sociales, sindicales, empresariales, el momento de nuestro país exige un compromiso general para salir de la emergencia. La crisis es demasiado profunda como para jugar a las especulaciones o a la demanda de respuestas urgentes y efectivas desconociendo los plazos necesarios para el análisis y la toma racional de decisiones. Por ahora, tal vez sería bastante con contener y evitar cualquier empeoramiento de la situación.

Bajemos un cambio, tomemos conciencia que un cambio de presidente no resuelve los problemas, que no hay que apurarse ni apurar, que no hay que exigir medidas, gabinetes ni resultados, quemar etapas no va a solucionar nada, hay que disminuir las expectativas, calmar la ansiedad y esperar los tiempos, a sabiendas que “lo que viene será complejo”, como lo anticipó el presidente electo en el primer acto público luego de su consagración, en ocasión de la asunción del gobernador de Tucumán.

Estamos en emergencia y en la emergencia el compromiso de instituciones y ciudadanos es tan significativo como el del arco político.

Acompañar, fomentar encuentros, dialogar, aportar, cooperar en la toma de decisiones, pero sin exigencias desequilibrantes, sino por el contrario, con el ánimo de allanar el camino y ayudar al proceso, es el rol que deberíamos asumir, sobre todo en esta cuenta regresiva y en los primeros meses de mandato. Del rol y la responsabilidad que como ciudadanos contraigamos, depende la salud de la democracia y el futuro de los argentinos, porque en este contexto difícil, nuestro país necesita del aporte de todos y ese aporte implica que empecemos por bajar un cambio.

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