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¡Bancatelá Buenos Aires!, bancatelá...

Por Miguel Busso

Que no suene a burla, a provocación y menos a indiferencia. Es, ni más ni menos, que un sentido pedido provinciano.

Información no sobra de la que están padeciendo, y la recibimos porque nos “llueve” noticias por todos los caminos informativos habidos y por haber. Y en mi caso, porque hay un interés supremo por saber del día a día, teniendo en cuenta que dos de mis “soles” amanecen todos los días allí, la familia de mi compañera de la vida es de ahí y tengo de ese lugar un recuerdo maravilloso de mi vida universitaria.

Por eso este pedido desesperado, si se quiere, de que se banquen esta dura realidad, que se cuiden y que en definitiva terminen cuidándonos a todos.

Este virus, pandemia, desgracia universal o como quieran definir al coronavirus, dentro de las pocas cosas que ha mostrado es que puede hacer daño en cualquier lado, pero es incomparable en la forma que lo logra en las grandes urbanizaciones del mundo. Y Buenos Aires, donde “atiende Dios”, fue uno de los elegidos dentro del denominado Cono Sur.

Los más de mil compatriotas fallecidos son del denominado AMBA, aunque en este reparto de desgracias los chaqueños tuvieron lo suyo, los rionegrinos, siendo más aislados los casos mortales en otra parte de nuestra querida tierra.

Pero a Buenos Aires (capital y conurbano) está claro que le ha tocado recibir la peor parte.

Como cuando el río baja furioso de la montaña y le tocó a un humilde pueblo salteño (Tartagal) ser arrasado con todo. Como cuando a los cuyanos o jujeños, la montaña también le trajo su peor mal, el terremoto, y literalmente todo se derrumbó ante sus ojos, o peor aún con ellos debajo.

Y si de desgracias de pueblos enteros hacemos una lista, qué decir de los andinos cuando la nieve o la ceniza los aisló en serio y sin permiso que valga para poder salir. O del canoero de nuestra litoral, cuando también el agua de su gran río no le da tiempo a nada y arrasa con lo que encuentra…

Nosotros mismos lo sabemos, cuando el de arriba se olvidó de cerrar los “grifos” y la llanura pampeana, que debe cubrirse de colores verdes o dorados, según la época de año, se transformó en un auténtico mar y no del que escribió Cortez, cuando también con conocimiento se refirió al desierto.

A todos, por fenómenos naturales o errores gruesos de la humanidad, en el reparto de lo malo algo nos ha tocado. Y no una vez, varias veces…

Y vos, tal vez mirándolo desde alguna pintoresca esquina porteña, ¿qué pensás que hizo o que hace ese litoraleño, ese salteño, el neuquino o el pampeano, ante lo impensado, lo indeseado de un río que arrasa, una montaña que se sacude, un cielo que larga todo junto o no deja caer nada, como pasa ahora donde se están necesitando lluvias.?

En todos esos casos, lamentablemente queda lejos el Obelisco o la Plaza de Mayo, la misma donde giraron solitas las Madres, asesinaron obreros; como también pudiste celebrar momentos gloriosos, como la vez que el Diego volvió con la copa de México.

Sí, lamentablemente quedan lejos, para muchos, los micrófonos de los grandes medios para que se “desgarren las vestiduras” y en definitiva se puedan hacer escuchar…

Por eso insisto, en lo que pensás que hace ese interior, condenado históricamente a agarrar lo que sobra de la gran capital financiera… Obviamente grita su bronca provinciana, pide ayuda, y con suerte llega la ayuda, que nunca puede alcanzar para alguien que no solo pierde su trabajo, su casa, algún ser querido y en definitiva, se le va, en un cerrar de ojos: su futuro.

Claro que grita, llora, pide, pero ante todo se la “banca”, se reinventa y va de nuevo.

Agacha el lomo, porque sabe que no queda otra, aunque eso exponga a que atrás venga otro mazazo y a seguir penando…

Por eso el pedido, y el convencimiento, de que lo que les ha tocado es lo más parecido a lo insoportable.

Pero esto es así, no hay otra. De ahí que uno siente la necesidad de hacer esta exclamación en respuesta a lo que ve, escucha y siente todos los días. Que va desde el justo reclamo a mensajes malintencionados, redes dañinas y un Gobierno que quedó encerrado en la prueba de “acierto y error”, porque hasta ahora está claro que no tiene o no puede hacer otra.

Bancatelá Buenos Aires, ¡por favor!... Cuídate y cuidanos, porque en definitiva de eso se trata este desafío llamado Covid 19.

Esta vez la peor parte te tocó a vos, pero con la diferencia que si por inconsciencia, ignorancia o soberbia no te vas a bancar el esfuerzo, el lamento será mayúsculo, y ahí no habrá un salteño o un correntino llorando sólo al lado de un río. Un neuquino sepultado en la nieve o en entre cenizas, o un pampeano pasando de la inundación a la sequía. Ahí vamos a quedar todos en el mismo foso, sin que nadie nos escuche o nos pueda sacar.

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