Editoriales | Alberto Fernández | Cuarentena | Economía

¡Así, no, señor Presidente, así, no!

Parafraseando a Mirtha, hay que decirle a nuestro Presidente ¡Asi, no! Alberto Fernández está mutando en las últimas semanas, la metamorfosis lo va transformando de un mandatario conciliador, de perfil moderado y tono calmo, en un Presidente capaz de agredir gratuitamente, que a veces se permite hasta la prepotencia y que, además, nos da filípica, nos reta y nos manda al rincón. ¡Así, no, señor Presidente, así, no!

Si está enojado o frustrado porque las cosas no van como le gustarían, no es culpa de los argentinos, que hemos cumplido con creces lo que nos han impuesto. Humanamente es comprensible su descontento y hasta su disgusto, la economía se derrumba, la pandemia no cede, no puede terminar de cerrar con los acreedores, atravesamos un desmadre generalizado, pero no tenemos la culpa, no somos nosotros los responsables.

Si el enojo le tapa el bosque y no recapitula, el único perjudicado va a ser él, porque realmente con esta actitud, lo único que logra es dilapidar capital político, que por cierto no es tanto como para permitirse el error que está cometiendo. Había comenzado a construir un liderazgo interesante, empezaba a armar su propio espacio, por qué despilfarrar inútilmente lo que tanto le costó conseguir, por qué hacer exactamente lo contrario de lo que le permitió diferenciarse y capitalizar a favor del crecimiento de su imagen. Si algo apreciaron de Alberto Fernández muchos de los argentinos que no lo votaron, fue precisamente su tono conciliador, su tolerancia, su búsqueda permanente de consenso y su actitud amable.

Es inexplicable que tire todo al tacho en cinco minutos, pero lo está haciendo, se pelea con los medios, discute con periodistas, reta a los runners, ningunea, descalifica y maltrata. ¡Así, no, señor Presidente, así, no! “Dejen de sembrar angustia, angustioso es que el Estado no te cuide”, dijo amonestándonos a los medios. También hubo reto para los deportistas que salieron a correr por las noches en Ciudad de Buenos Aires: “¿Querían salir a correr, a caminar? Bueno, acá están las consecuencias”. Como si los runners fueran los culpables de la circulación natural, anunciada y esperable del virus.

También hubo reprimenda verbal para los que osaron plantear la angustia que provoca la cuarentena, en uno de los tantos anuncios de la extensión de la medida preventiva: “Qué me importa cuánto dure la cuarentena, va a durar lo que tenga que durar para que los argentinos estemos sanos y que no se mueran”. Capítulo aparte para su respuesta a la periodista Cristina Pérez de Telefé a la que directamente la mandó a leer la Constitución, además de contestarle duramente y calificar la consulta de la conductora indicándole cómo debía y cómo no debía preguntar, en un raid sembrado de desaciertos y comentarios inapropiados, impropios de un Presidente. La mutación de Alberto Fernández carece de lógica, es un error comunicacional del que sólo puede cosechar tempestades, porque, aunque aún no lo haya advertido, está sembrando vientos.

Si está enojado o frustrado porque las cosas no van como le gustarían, no es culpa de los argentinos, hemos hecho y estamos haciendo un gran esfuerzo, aun a costa de nuestro sustento, si algo no necesitamos es que nos reten, mucho menos por algo de lo que no somos responsables. Si el sistema de salud no estaba preparado no es culpa nuestra, si pese a que la OMS indicó que los geriátricos representaban un epicentro de contagio no lo advirtieron, no hicieron nada y se dieron cuenta cuando el virus ya había ingresado a esos espacios, no es culpa nuestra. Si tampoco se dieron cuenta que las cárceles también eran lugares en los que el virus podía proliferar a alta velocidad, no es culpa nuestra. Si no advirtieron que los barrios vulnerables, como consecuencia de la aglomeración y las condiciones inapropiadas eran un peligro, no es culpa nuestra. Si no cumplieron los protocolos y las medidas que nos exigieron y fueron a inauguraciones, almuerzos, cenas, si se abrazaron, si recorrieron distintos puntos del país, a veces con barbijo, otras no tanto y hubo consecuencias, no somos responsables.

Desde el principio nos dijeron que lo peor no había llegado, que se esperaba el pico de contagios para mayo o junio, lo sabían, lo sabíamos, ahora llegó, por qué seríamos nosotros responsables de la lógica y preanunciada curva de contagios, por qué se enoja con nosotros el Presidente, por qué se irrita con las preguntas de los periodistas, por qué nos reta, por qué nos levanta el tono. ¡Así, no, señor Presidente, así, no!

Dejá tu comentario