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Adaptarse o morir

No importa si queremos o no queremos, la Cuarta Revolución Industrial está entre nosotros, cambiando el mundo, arrasando con mucho de lo que conocemos, avanzando de manera indefectible hacia un mundo diferente. No importa si queremos, lo que está ocurriendo puede sintetizarse en: adaptarse o morir, así de simple y así de contundente.

No importa si queremos o no queremos, la Cuarta Revolución Industrial está entre nosotros, cambiando el mundo, arrasando con mucho de lo que conocemos, avanzando de manera indefectible hacia un mundo diferente. No importa si queremos, lo que está ocurriendo puede sintetizarse en: adaptarse o morir, así de simple y así de contundente. Algo más, la velocidad del cambio es inédita, nunca antes vista, y es sólo el comienzo, la aceleración de la transformación será cada vez mayor.

No hay estudio que no anticipe que lo que hoy constituye nuestra realidad, se modificará en el corto plazo. De hecho, nos encontramos a nivel global en un momento muy particular, en el que ha quedado demostrado que una buena parte del mundo, producto de la crisis sanitaria, se desplazó a la digitalidad como una opción eficaz para no parar, y esa mudanza obligada, obtuvo en muchísimos casos resultados muy satisfactorios.

La Inteligencia Artificial avanza ágilmente, y a su paso, crea nuevos puestos de trabajo y también destruye muchos de los empleos que conocemos. Arrasa, modifica, transforma. Es casi imposible cuantificar qué porcetanje de empleos actuales corren riesgo de desaparecer ahogados en la automatización, pero es innegable que muchos de los trabajadores de hoy no serán necesarios en el mercado laboral de mañana. Adaptarse o morir, no hay otra alternativa.

Es tal la velocidad con la que se están dando los cambios, que es imprescindible poner el pie en el acelerador tanto a título personal, como institucional. Las empresas y las organizaciones están obligadas a adaptarse a los cambios, tienen que tener la inteligencia y la apertura para afrontar el proceso de transformación, que siempre es difícil y genera múltiples resistencias, como tema prioritario. Es eso, o quedar afuera.

Claro que cambiar requiere gente dispuesta a propiciar la reconversión, gente dispuesta a evolucionar, innovar y modificarse para modificar. Las instituciones cambian si las personas que las constituyen cambian. Con gente renuente al cambio, con gente cómoda o refractaria a salir de su zona de confort, transformar puede constituir una odisea.

Sin embargo, es una resistencia inútil cuyo único resultado puede ser quedar afuera, ya que el avance de la tecnología es inevitable. La Inteligencia Artificial cambiará todo indefectiblemente, se integrará en todas las fases de todos los procesos, será un elemento omnipresente. Agilidad, eficiencia, innovación, adaptación, la nueva era obliga a adaptarse y evolucionar, no es posible ni recomendable oponerse a lo inevitable.

Es mucho más inteligente arremangarse y empezar a repensar todos los sistemas, reperfilar para garantizar la subsistencia y el futuro, y hacerlo a velocidad, porque con la tecnología, el tiempo siempre apremia. Con pandemia o sin pandemia, la Cuarta Revolución Industrial exige agilidad y amplitud de miras, si el objetivo es no perder el tren personal e institucional. Algo es seguro, el que no se adapte, queda en el camino.

Transformar implica en este caso un desafío extra, dado que hay que lograr el cambio sin detenerse, hay que ser capaz de desmantelar un sistema y reemplazarlo por otro, sin desatender ninguna parte del proceso y sin parar, hay que transformar en movimiento, garantizando que no se quiebre el equilibrio. La Inteligencia Artificial empuja a cambios cada vez mayores, cada vez más rápido, pone a prueba la capacidad de planificar y proyectar estrategias en el mediano y largo plazo y sobre todo, la de flexibilizar esas estrategias en función de la necesidad de adaptarse en ese océano de cambios interminables.

No es simple, no es fácil, pero tampoco es evitable. No importa si queremos o no queremos, va a suceder, está sucediendo, con independencia de lo que decidamos, oponerse es, además de poco inteligente, inútil, el futuro está marcado y es inexorable. El mundo que nos espera después de la pandemia, no tiene nada que ver con el que conocimos. El mundo post-pandémico es mucho más digital y mucho más tecnológico del que dejamos atrás.

No importa si queremos a no queremos, no es posible ni recomendable oponerse a lo inevitable. Todo se resume en dos palabras: adaptarse o morir

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