DOMINGO 03 de Mayo de 2026
 
 
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¡¡¡Tomá pa’ vos y dale a Braulio....!!!

Una frase que conforma parte del folklore de expresiones populares que normalmente son utilizadas para marcar “victorias a lo pirro” o éxitos efímeros, que ponen de relieve que nunca deben aplaudirse las victorias hasta que no se han concretado efectivamente.

El dicho refleja mucho de que se viene observando en un mundo convulsionado, donde los egos y la soberbia prevalecen por sobre la sensatez y las formas adecuadas de la convivencia humana.

“Tomá pa’ vos y dale a Braulio” es una expresión popular argentina, a menudo asociada a contextos de juegos de cartas como la conga o el casín, que se utilizaba para celebrar una victoria sobre otro jugador. La frase, que cobró relevancia en la cultura popular, funciona como una chicana o burla amistosa hacia el perdedor.

Desde hace varias semanas los portales, las redes sociales, programas de streaming, los ejes centrales de canales de información, están centrados en la guerra emprendida por Donald Trump para lograr sus objetivos de grandeza y poder y, en otros segmentos, en las luchas intestinas que se generan internamente en varios países del cono sur, en especial en Argentina, donde también se libra una dura puja por el poder.

A estos factores disociantes, alterados por las personalidades controvertidas y controversiales que se erigen como principales protagonistas, ahora debe sumársele un tema por demás preocupante: la situación de los niños y preadolescentes que se sienten empoderados por programas a los cuales se ha denominado: “Desafíos virales”.

En este cuadro de situación, la alteración social ha llegado a extremos insospechados, uno de ellos el cierre de colegios tras la serie de amenazas de convertir sus aulas en campos de batalla.

Según los informes oficiales se está hablando de más de 600 escuelas y colegios secundarios, distribuidos en todo el país, que han tenido que dar participación a la Justicia Juvenil, con intervención del área penal, ante un alerta que indica que los efectos nocivos deben ser coartados de inmediato, logrando individualizar a los generadores de estos mensajes.

Una rara mezcla de episodios que están señalando diferentes alteraciones sociales, que van de la mano de un mal entendido progreso y cambio. Si es la política, todo se reduce al poder y liderazgo. Ya no importan demasiado las consecuencias, sino que priman los objetivos que les permiten a quienes prohijan estos escenarios, obtener las ventajas de estrategias donde el que primero golpea es el que gana o logra tener nuevas oportunidades.

Lo dijo el líder republicano Donald Trump: “Vengo por segunda vez a la presidencia de los EEUU para convertir al pueblo norteamericano en el más poderoso del mundo”. 

Algo así, tal vez dicho con otras verbalizaciones, lo hizo Javier Milei, presidente libertario, generador, junto a su “alter ego” Karina Milei, de una nueva Argentina.

Se siente un destructor y para ello esgrime la motosierra y su objetivo es destruir, romper y eliminar lo existente para lograr el gran cambio y concretar el proyecto de país, a efecto que en un término que ha considerado será en etapas -15, 20 y 30 años- será uno de los poderosos del primer mundo, dejando de lado su condición de emergente. 

Este es el contexto en el cual se están desenvolviendo las sociedades del mundo. Unas alteradas por estar en la línea de fuego de los países beligerantes: EEUU, Israel, Irán y países del Medio Oriente, sobre Asia el posicionamiento de Rusia, la envergadura de China y el poder creciente de la India. Esto sin dejar de tener en cuenta el frente constituido por la UE y Reino Unido.

Alguien comentaba que es un mundo “alterado”, que confronta en procura de establecer un “nuevo orden mundial”, atento los cambios que se producen por efecto de un exacerbado egocentrismo que limita a quien detenta el poder razonar con equidad y sano equilibrio.

Es evidente que orden mundial establecido tras 1945 está en plena etapa de transformación, dando paso a una era de incertidumbre y tensiones geopolíticas definida por la competencia entre grandes potencias (EEUU, China, Rusia) y el surgimiento de áreas de influencia.

La inestabilidad actual se caracteriza por la pérdida de peso del derecho internacional, el auge del proteccionismo económico y un neoimperialismo liderado por figuras autocráticas que reconfiguran las alianzas globales.

Fractura geopolítica y neoimperialismo: La soberanía de las fronteras se ha debilitado, con potencias buscando expandir sus áreas de influencia (ej. Ucrania, Taiwán). Se observa un “desorden mundial” donde la ley del más fuerte desplaza a las normas diplomáticas tradicionales.

Cambio de liderazgo y desconfianza institucional: Analistas identifican el año 2025 como un punto de inflexión con el regreso de líderes como Donald Trump, que introducen volatilidad, desconfianza en instituciones multilaterales (OTAN, UE) y acercamientos diplomáticos inusuales.

El factor China y la guerra comercial: La pugna hegemónica entre Estados Unidos y China por el dominio tecnológico y económico configura el nuevo eje comercial. El mundo enfrenta un posible giro hacia el proteccionismo y la relocalización de cadenas de suministro.

Surgimiento de nuevas alianzas y el “Sur Global”: Se profundiza la división Norte-Sur, y se espera un retorno a un sistema de pactos, donde potencias medias y bloques regionales deben redefinir su posición frente a las superpotencias.

Desinformación vs. Realidad: Aunque circulan teorías conspirativas sobre un “gobierno único mundial”, los expertos señalan que el “nuevo orden” real es un cambio estructural y de alianzas, más que una agenda conspirativa oculta. 
 

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