Editoriales | Democracia Federal | grieta

Poner las barbas a remojar

Como enseña el antiguo refrán, "cuando veas las barbas de otro cortar, pon las tuyas a remojar". 

Sabio consejo, nada desdeñable. Saber ver y saber escuchar es una cualidad fundamental de un buen estadista y en tiempos como los que corren, en los que muchos países vecinos y no tan cercanos, se sacuden con manifestaciones de distinta índole, observar y entender qué está pasando, puede ser crucial para anticipar y evitar situaciones similares en nuestro territorio.

Está claro que las manifestaciones en las calles de los últimos días en distintas naciones obedecen a motivos diferentes, pero todos tienen una raíz común: el clamor popular exige reivindicaciones, son ciudadanos que salen al espacio público en busca de mejores oportunidades para vivir y desarrollarse.

No se trata de izquierdas o de derechas, se trata de exigir a los gobiernos que trabajen por el país, se trata de pedir democracias más transparentes y creíbles, de reclamar democracias incluyentes y participativas.

El factor universal de lo que está ocurriendo tiene su base en la precariedad de nuestras democracias, un déficit que sólo podremos superar construyendo y garantizando una institucionalidad seria. Ignorar este llamado de atención y creer que el clamor popular es incapaz de cruzar fronteras, sería una torpeza.

Tal vez estemos ante uno de esos momentos históricos que hacen de bisagra, no es casual la sucesión de demostraciones populares en distintos puntos de nuestro continente, incluso en países que han sido referentes democráticos de toda América, como el caso de Chile. La disolución del Congreso en Perú, las manifestaciones en Ecuador, los reclamos en Chile y las elecciones caóticas en Bolivia son demostraciones de que necesitamos un cambio hacia democracias más sólidas, más reflexivas y más desarrolladas.

El desafío de nuestro continente implica hoy no sólo cuidar y mantener lo que tanto nos costó lograr, sino bregar por abrir los canales de diálogo criterioso que nos lleven a más institucionalidad.

No hay fórmulas mágicas, no hay brujos ni hechiceros, hay que trabajar en pos de la pluralidad democrática, lo que está sucediendo en Latinoamérica debe hacernos reflexionar qué sociedad queremos y también en qué hemos fracasado.

En nuestro caso implica también tener amplitud para comprender que no estamos exentos de vivir momentos de zozobra como los que vemos reflejados en los últimos días, que los más desprotegidos económicamente, aquellos que llevan años subsistiendo sin advertir mejorías palpables a sus situaciones, alguna vez se cansan y deciden expresar su malestar de la manera que pueden, y cuando eso sucede, siempre es demasiado tarde.

Hay que llegar antes y hay que tener claro que de promesas no se vive, de promesas no se come, de promesas no se educa, de promesas no se cura.

Y antes que los agoreros se permitan interpretaciones inexactas, no estamos diciendo que nuestra democracia está en crisis. Estaría en riesgo en otras circunstancias que no son las descriptas en estas líneas.

Lo que expresamos es que hay que estar atentos al contexto internacional y que va siendo hora que, en Argentina, además de expresarnos libremente en las urnas, podamos superar el círculo político vicioso que gira en torno a ataques personales, generación de miedos infundados, histeriqueos de pacotilla y grietas; va siendo hora que en Argentina empecemos a empujar propuestas y proyectos que realmente definan un futuro mejor para los argentinos.

Nosotros estamos ante el inicio de un nuevo período gubernamental, poner las barbas en remojo implica, en vez de profundizar las brechas que nos han dividido durante la última década y media, priorizar las alternativas que nos permitan recuperar la confianza en las instituciones, generar espacios para que los ciudadanos participen en los asuntos públicos de manera informada y sobre todo, poner en marcha los mecanismos para empezar a revertir la situación acuciante de tantos ciudadanos.

Mirar las barbas de los otros, el clamor popular expresado en el espacio público en reclamo de derechos, no debe pasar desapercibido para quienes de ahora en adelante conduzcan los destinos de nuestro país, a quienes les tocará poner sus barbas a remojar.

Dejá tu comentario