DOMINGO 01 de Noviembre de 2026
 
 
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“Il sorpasso”

Sorprendió a propios y ajenos el resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas. Algunos presumían paridad, pero siempre con el presidente Lula adelante.

 

Ninguno de los ámbitos encuestados, a excepción de aquellos que hicieron una regionalización del voto, se acercaron a la realidad de un acto eleccionario donde, desde hace varios días atrás, no se cuestionaba la posible victoria del actual presidente de Brasil, Luis Lula da Silva, sobre su oponente Flavio Bolsonaro.

Se ponían sobre un gran escenario de casi 165 millones de votantes las conjeturas que, producto de la creatividad de los analistas, volcaban para un lado u otro un resultado electoral.

Se jugaban dos opciones claramente definidas, desde el punto de vista ideológico: la izquierda -centrista- gobernante y la derecha extrema que desafía en gran parte de América del Sur un lineamiento político del gran cambio.

El propio Lula reconoce su sorpresa por un resultado que lo da como perdedor y lo expone en un balotaje donde lo que se debe sumar tiene profundas connotaciones derechistas y a las que deberán convencer de mantener los lineamientos actuales del gobierno.

Algo está claro y es un sesgo definido en casi todo el territorio de Sudamérica, el ciudadano ha comenzado a valorar y darle contenido a su voto y muestra una tendencia hacia el cambio y no a la eternización de un mandato ideológico determinado.

Ya no existe el sentido político, sino que se ponen en consideración otros factores que hacen a las formas de vida, presente y futuro de las nuevas generaciones, aspectos que van configurando un nuevo mapa de la política internacional, siguiendo las acciones de los tres poderosos del primer mundo: EEUU, China y Rusia.

Lo han denominado el “nuevo orden mundial” y obedece a un profundo cambio, donde se ha generado una transformación en la consideración de los valores a tener en cuenta para lograr crecimiento, desarrollo, bienestar familiar y armar el futuro de sus hijos.

Es el advenimiento de las nuevas generaciones que están reformulando su presente basadas en los respaldos del avance tecnológico que ha superado el voluntarismo y la ideología de los que ostentan el mando.

El nuevo orden mundial es una expresión usada en la geopolítica para describir un cambio drástico en el equilibrio de poder y las ideologías políticas a nivel global.

La globalización o mundialización es un proceso político, económico, tecnológico, social, cultural y religioso a escala mundial que se funda en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo.

Estos factores son los que comenzaron a desarrollar, con diferentes técnicas, China: usando la expansión comercial como ariete que le permite comenzar a formar parte de ese mundo dependiente que procura basar en la economía y el crecimiento interno, generar acuerdos geopolíticos que le den injerencia en sistemas productivos de países emergentes.

Rusia, buscando en la expansión territorial, el poder que pergeña Vladimir Putin y que lo ha llevado a mantener un estado beligerante en los últimos años, prácticamente destruyendo al país que quiere someter: Ucrania y sus alrededores.

Y aparece Donald Trump, el candidato republicano que opera como un gran empresario, donde para triunfar, crecer y desarrollarse, se hace omisión de los daños colaterales y solo tiene valor aquello que subsiste.

Controversial, obstinado, mostrando dureza previa a la negociación, sacó a uno de los países del primer mundo, Estados Unidos, de la quietud negociadora a la que la llevó el gobierno Demócrata a imponer condiciones a cualquier costo.

Lo sucedido en Brasil no es una revelación que sorprenda, constituye la realidad de un segmento electoral que se ha percatado que el poder lo tienen ellos y que no depende de cargos políticos, intermediarios, prebendas u otros mecanismos que utiliza la política tradicional, sino exclusivamente de aquello que decida frente a la urna, equivocado o no, pero haciendo lo que prefiere o entiende es lo mejor para su futuro.

Argentina tuvo un proceso similar y pareciera que estamos observando una película que nos refleja claramente. Salir del manejo discriminatorio, autoritario y de la prebenda era un proceso que se veía venir.

La aparición de un apolítico, diferente, raro, con un cariz disruptivo, convirtiendo al oponente en enemigo, fue el camino elegido por casi el 56 por ciento de la sociedad que se inclinó por un “nombre”, que fue identificado como La Libertad Avanza, pero que pese a los esfuerzos por construir un poder, sigue siendo un nombre: Javier Milei.

Hoy, merced a esos apoyos interesados de sectores que se sienten necesitados y explotan esa contingencia, Javier Milei está en plena campaña para alcanzar un segundo mandato que le de continuidad a su emprendimiento libertario.

Difícil es predecir si tendrá respuesta positiva. Más del 60 por ciento de la ciudadanía -muchos fueron sus votantes- hoy dicen que no repetirán y que quieren probar alguno diferente. Ni lo presente, ni aquello que se puede considerar el pasado.

Esto forma parte del “sorpasso” que sacude a Sudamérica, hoy considerado un territorio geopolítico imprescindible para los países del primer mundo que están empeñados en concretar el “nuevo orden mundial”: EEUU y China.

No comprenderlo es producto de seguir atado a los principios de lo tradicional, hoy parte de una vieja historia que las sociedades no quieren repetir.

 

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