DOMINGO 03 de Mayo de 2026
 
 
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¿Guerra o sobreactuación..?

Se estaba observando la notoria molestia que evidenciaba el oficialismo, fundamentalmente el presidente Javier Milei y el “triángulo del poder”, ante la continuidad -ya lleva más de 45 días- en los distintos medios, canales informativos y redes sociales del tema que involucra a funcionarios del Estado Nacional en sucesos que han sido denunciados como actos de corrupción.

Las reacciones han ido en aumento y el entorno más adicto a Javier Milei tiene continuos choques y plantea divergencias con quienes se atreven a sostener que en el gobierno se registran actos de corruptela económica y que se ignoran obligaciones administrativas que tienen los funcionarios y que no están cumpliendo.

Los últimos datos, que emergen de diversas encuestadoras, señalan una fuerte caída de la imagen del presidente libertario y ahora esta proyección a la baja se extiende al ámbito de la política, que se aplica evidenciando la disconformidad con los resultados surgidos del empleo de normativas que tienden a restaurar el quebranto de una economía que sigue desmoronándose.

Es sorprendente el efecto causado por el caso Manuel Adorni, ex vocero presidencial y hoy Jefe de Gabinete. En ámbitos del entorno presidencial se han producido hechos, como el caso de José Luis Espert, que están siendo objeto de una acción judicial o como el tema de $Libra, la criptomoneda. Si bien estos hechos fueron utilizados para producir un desgaste en el gobierno libertario, se fueron diluyendo y perdiendo peso en la consideración ciudadana.

En cambio, el caso Adorni cambió la lectura de parte de la sociedad ocasionado una reacción generalizada que unió la disconformidad de un sector de la comunidad afectada, que se mostraba resignada a los vaivenes que imponía una acción del gobierno munido de motosierra, desregulación progresiva y transformación del Estado.

En forma lenta pero aumentando en intensidad se ha comenzado a manifestar disconformidad ante un gobierno que pregona la moral, la decencia; que sostiene que “No son iguales a los que estuvieron” y en realidad están haciendo lo mismo. En algunos casos tan desembozadamente que denigra a una gran parte del tejido social.

Difícil es saber el por qué, aunque ya han comenzado a circular “versiones” que intentan explicar los motivos de una cerrada defensa hacia un funcionario que, de acuerdo a lo estimado judicialmente hasta ahora, aparece haciendo un uso desmedido de fondos cuya procedencia no se conoce y no se ha explicado.

El clima que se vive en la Casa Rosada es realmente conflictivo, de un lado los que se encolumnan tras las espaldas de Karina Milei, “El Jefe” y Secretaria General de Presidencia, con muy alto poder y, en el otro rincón, los seguidores del asesor presidencial, Santiago Caputo, desarrollándose una interna que, sin lugar a dudas, tiene un perjudicado directo, Javier Milei.

Estos procesos -y no los únicos- han generado un clima de recelo interno en donde todos desconfían de todos y se ven enemigos en cada rincón.

Este estado emocional alterado, ha provocado la acción del gobierno, se supone contando con la anuencia del presidente, de impedir el acceso a la prensa acreditada a la Casa de Gobierno.

Con un muy corto comunicado se dio por terminada la prórroga de las acreditaciones de todos los periodistas que diariamente desarrollan actividades en la Casa Rosada.

Un suceso histórico. Nunca se había producido, ni concretado una medida de esta naturaleza, ni siquiera en la etapa del gobierno de facto. Dicha medida, la de impedir la entrada de los periodistas fue aplicada bajo el argumento de una filmación subrepticia con Ray-Ban en los pasillos de la Rosada, suceso que habría generado una denuncia penal por “espionaje”, promovida por la Casa Militar. Una sobreactuación que deslegitima el sentido de la Democracia.

El hecho se ha constituido en el escándalo del día y ha movilizado a toda la prensa del país, a través de sus organismos representativos, por ser la primera vez que la Casa Rosada y toda su actividad han quedado vedadas al conocimiento de la sociedad.

Una disposición inédita que pretende ponerle cerrojo a la prensa para que solo informe aquello que el gobierno le permite. Un suceso que profundiza la caída de Milei y su staff. Desinformar no es la metodología más acertada que puede instrumentar un gobierno que se dice abierto y liberal, en donde todo tiene que saberse.

Esta acción es la antítesis de los contenidos de su sentir ideológico, ya que el liberalismo consiste en una doctrina filosófica, política y económica que sitúa a la libertad individual como el valor supremo y eje central de la sociedad; defiende la limitación del poder del Estado, la propiedad privada, la igualdad ante la ley, la tolerancia religiosa y el libre mercado.

En parte proclaman sostener esos principios y en la realidad están imponiendo el oscurantismo, a través de las limitaciones informativas.

La ignorancia es la práctica deliberada de oponerse a la difusión de la cultura, el conocimiento y el progreso científico, promoviendo el atraso y la desinformación. Se caracteriza por la censura, la imposición de ideas irracionales o dogmáticas y el bloqueo de información para mantener el control. Esto es lo ejecutado hoy por el gobierno de Javier Milei.

El periodismo informa, mal o bien, se puede o no compartir, pero es una herramienta necesaria e indispensable para que las sociedades progresen. No se puede crecer y desarrollarse en el atraso o la ausencia de recursos para saber qué sucede.

Un nuevo extremismo libertario, ejercido por Javier Milei, como una manera de ir armando escenarios que sirvan como nubes de humo creadas, exprofeso, para dejar atrás episodios que perjudican al gobierno.

Creemos que no es el camino adecuado. Eso vivieron los argentinos en una etapa donde se pretendió encerrar a la sociedad en una cápsula para que ignorara qué estaba sucediendo.

El presidente, ¿Pretende lo mismo?

Es un grueso error conceptual en el cual está cayendo el gobierno de Javier Milei.

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