Más allá de los detractores de la vicepresidenta y titular del Senado de la Nación Victoria Villarruel, sumado a las denostaciones que pretendían bajarle el “precio político”, todo indica que el intento es frustrante para los libertarios y que operó contrariamente a lo buscado.
Los primeros gestos que mostraban el desagrado que les producía la presencia y las observaciones de Villarruel, fueron las manifestaciones del “dúo” presidencial Javier y Karina, quienes en un mismo sentido tendieron a gastarla y desconocerle el poder que ellos mismos le otorgaron cuando convinieron que fuera parte de la fórmula presidencial en el 2023.
Desde el principio, en las primera exposiciones realizadas por Milei-Villarruel en actos oficiales, se comenzó a notar la incomodidad, fundamentalmente materializada en los gestos realizados por el controvertido presidente libertario.
Villarruel, por el contrario, jugaba con inteligencia y silencios oportunos, esas acciones que dieron inicio a un fortalecimiento personal que, para una gran mayoría, era inexistente.
La realidad fue indicando que llegó a consolidar un cargo de esa magnitud por tener representatividad dentro de los cuadros militaristas, dada su procedencia, hija y nieta de altos mandos militares.
Llega a constituir un ámbito político, el Partido Demócrata, en el distrito de la Provincia de Buenos Aires, del cual ejerció la presidencia hasta el año 2022, a partir de allí se asoció a La Libertad Avanza.
De profesión abogada, recibida en la Universidad de Buenos Aires, siempre mantuvo una inclinación hacia los contenidos de la política hasta que se integró al Partido Demócrata, desde donde llegó a ser diputada nacional.
La postura de convertir a los que piensan diferente en enemigos irreconciliables -y que hace extensiva a todos los señalados como opositores- le ha valido al presidente Javier Milei enfrentarse con muchos aliados que lo acompañaron para llegar a sentarse en el “Sillón de Rivadavia”. Esa actitud la puso en evidencia cuando comenzó a disentir con la vicepresidenta y presidenta del Senado de la Nación, que sostenía opiniones divergentes con el Poder Ejecutivo en muchos de los actos realizados y fundamentalmente en los proyectos de ley enviados para su aprobación a los cuerpos legislativos.
El presidente de la Nación, Javier Milei, llamó “traidora” a su vicepresidenta Victoria Villarruel luego de que se aprobaran en el Senado dos proyectos previsionales que él ya había anunciado que vetaría.
La denostación pública comenzó durante la participación del Tedeum del 25 de Mayo del 2025, cuando el presidente no saludó ni entabló diálogo con Villarruel ni con el el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri. Además, la vice -a diferencia del año pasado- no estuvo en la habitual caminata que los funcionarios hacen desde la Casa Rosada a la Catedral Metropolitana para asistir al oficio religioso.
Los funcionarios del staff gubernamental tomaron esta acción como un gesto pasajero, que sería subsanado con algún encuentro posterior donde pudieran poner las cosas en el lugar institucional que corresponde a cada uno de los integrantes de la dupla presidencial. Suceso que nunca ocurrió, sino que se agudizó con el correr de los hechos políticos donde Villarruel mostró tener pensamiento propio y no compartirlo con el presidente.
Pero los ataques han continuado y están llegando a límites extremos que ponen en riesgo la institucionalización del país. El Gobierno relativiza los ataques a Villarruel, pero reconoce un impacto electoral “potencialmente riesgoso”. En el staff gubernamental procuran bajarle el tono a los pedidos de renuncia contra la vicepresidenta: “No fue algo literal”, dicen. En peligro de competir con otros dirigentes de derecha o centro.
De todas formas, y según las normas impuestas por el presidente libertario-anarcocapitalista, nadie hace nada que él no haya aprobado y mucho menos si tiene relación con situaciones internas. Esto hace poco creíble que tanto el jefe de Gabinete, Diego Santilli, como el canciller, Pablo Quirno, y la referente del bloque violeta en la Cámara Alta, Patricia Bullrich, coincidieran en que Villarruel tendría que dar un paso al costado, sin tener la venia presidencial para hacerlo.
Las desavenencias de la cúpula política se reiteran desde hace varios mandatos gubernamentales, fueron Menem vs. Duhalde; Menem vs. Ruckauf; De la Rúa vs. Álvarez; Kirchner vs. Scioli; Kirchner vs. Cobos y Fernández vs. Kirchner; en todos los casos esas diferencias generaron erráticas decisiones con dos únicos perjudicados: la ciudadanía y el país.
Hoy el tema se agudiza y todo señala que no hay posibilidades de negociar diferencias, por el contrario, se pone en evidencia que Victoria Villarruel se perfila como uno de los bastiones opositores que plantarán batalla para el 2027.
El tiempo va perfilando nuevos candidatos.



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