Si bien el titular de LLA se siente ganador, el cristal a través del que percibe su futuro está sufriendo un desgaste que impide se puedan apreciar las transformaciones sociales que -en diversos planos- se está vislumbrando en la ciudadanía.
Siempre hubo nombres rondando y esperando indicadores que les abrieran una posibilidad que, hasta hace dos o tres meses atrás, parecía estaban sepultados por una sociedad que a priori había decidido continuar probando.
Mucho relato y argumentaciones que, parecieran ser reales, dibujaron un gran escenario cuya centralidad era ocupada por el presidente argentino Milei y nadie más se perfilaba como una posible opción de quienes no compartían ideológicamente el mismo ámbito.
Las actitudes del libertario, sumado a los desplantes, agresiones, insultos, desconocimiento de la realidad que vive gran parte de la sociedad argentina, sumida en la pobreza e indigencia y el crecimiento del desempleo acompañado del cierre de Pymes y empresas comerciales de menor rango que no alcanzar a cubrir sus gastos, fueron elementos que comenzaron a jugar desfavorablemente a las pretensiones del mileismo.
Dejaron de ser los virtuosos para convertirse en una amenaza que más del 50 ciento de la ciudadanía no quiere volver a enfrentar, tras cuatro años de una oportunidad desaprovechada.
Tampoco está dentro del pensamiento de esa generalidad social volver para atrás, con nombres y encuadres ideológicos que solo sumaron fracasos, que no quieren repetir nuevamente.
Ese juego, Javier Milei, su hermana Karina, la mesa política y algunos colaboradores-consejeros y asesores, no lo vieron o no lo quieren ver. Se sienten seguros ganadores y ninguno realiza un ejercicio de memoria para establecer similitudes con la llega de Milei al poder. Nadie la vio venir y fueron derrotados por un candidato surgido de la farándula, energúmeno, de espacios televisivos en los cuales comenzó a ganar adeptos al diferenciarse de la “casta política tradicional”.
Sin lugar a especulaciones, la aparición de “tapados” políticos de cara a las elecciones de 2027 es un fenómeno que genera intensos debates sobre la salud democrática, las estrategias electorales y la psicología del votante. Un “tapado” es aquel candidato que surge de manera inesperada, muchas veces fuera del radar de los analistas tradicionales o guardado estratégicamente por su partido hasta el momento oportuno.
Es estrategia elaborada con el método de la prudencia y la búsqueda constante del “mejor momento” para aparecer y sondear una sociedad que está desconfiando de todo aquello que se le presenta, sin darle ciertas seguridades a su futuro.
Existe un síntoma de hartazgo y es notoria la crisis de representación, que va generando la posible irrupción de una figura inesperada, aspecto que suele ser la característica de una sociedad cansada de las caras habituales y de las frustraciones que vienen soportando.
Cuando los partidos -tradicionales y de los otros- sufren de desgaste y no logran resolver los problemas estructurales, el electorado tiende a buscar un “salvador” o una alternativa radicalmente distinta. El “tapado” se beneficia de no tener un historial político desgastado, presentándose como una hoja en blanco donde los ciudadanos pueden proyectar sus deseos de cambio.
Hay dos figuras que se están moviendo en un terreno de plena especulación y están esperando señales que son propias de un marco social que, en algún momento, comenzará a pensar en ver cómo comienzan a remontar sus situaciones personales y familiares. Patricia Bullrich, senadora nacional y colaboradora directa del oficialismo, abrió un escenario en el que se mueve con la posibilidad de reemplazar a Milei, manteniendo los mismos lineamientos ideológicos. La otra figura, con una amplia y exitosa trayectoria en el mundo de la información, es Daniel Hadad, quien sin manifestarse abiertamente quiere el respaldo que podría otorgarle ser candidato ganador en las PASO y desde ese trampolín disputar el “Sillón de Rivadavia”.
En la política moderna, adelantar una candidatura demasiado pronto suele equivaler a exponerla a una “guerra de desgaste” prematura. Los rivales tienen más tiempo para investigar su pasado, atacar sus debilidades y minar su credibilidad. Mantener a un candidato como “tapado” hasta el año 2027 permite controlar la narrativa y entrar en la escena pública con un mensaje fresco y un impacto mediático inmediato.
La tecnología es una herramienta que está en pleno auge y de ese ámbito se genera el “Outsider” digital. Para 2027, el peso de las redes sociales y la inteligencia artificial en las campañas será aún más determinante. Un “tapado”, en la actualidad, ya no surge solo de los secretos de un comité partidario, sino que puede nacer en el ecosistema digital: empresarios, creadores de contenido, académicos o figuras de la sociedad civil con una fuerte marca personal. La ventaja de estos perfiles es su capacidad para conectar directamente con las audiencias sin necesidad de las estructuras territoriales clásicas.
Ya se está desarrollando la campaña y manifestándose las novedosas formas de hacer política de la nueva. Muchos lo entendieron y buscan soportes que les permitan competir con posibilidades ciertas.
La certeza y los resultados están no en los nombres que vayan surgiendo, sino en el valor que la ciudadanía le otorgue a su voto. Ella es la que decide.



Escriba su comentario