Las decisiones que en estos dos años y meses de mandato ha tomado el presidente libertario Javier Milei han convertido un país soberano en un obediente lugarteniente de los Estados Unidos de América al “juramentarse” el mandatario argentino como un incondicional de todo aquello que haga el gobierno republicano del norte.
Siempre hemos pensado que hay buenas y malas imitaciones, ambas no dejan de constituir una forma de ocultar cuestiones que se producen en la psiquis humana y con las cuales resulta improductivo luchar o combatirlas.
De ninguna manera desconocemos las virtudes de quienes adquieren la capacidad de poder convertirse en otros personajes. Son los artistas que dedican parte de su vida para analizar y reproducir los gestos de personajes que pretenden ridiculizar.
Lo triste y lamentable es cuando alguien voluntariamente se somete al poder y llega a extremos de comprometer la voluntad y la forma de pensar de todo un país para demostrar una obsecuencia que denomina, elegantemente, adhesión incondicional.
No es agradable, y muchos menos responde a medidas satisfactorias que cuando Trump estornuda, Milei corre presuroso a llevarle un pañuelo y le limpia la nariz; eso psicológicamente se define como “dependencia emocional”.
Ocurre cuando “alguien delega su poder de decisión y supedita sus necesidades para complacer al otro, a menudo por miedo al conflicto o al abandono”.
Un presidente poderoso -que está interviniendo en gran parte del mundo- que plantea algún tipo de conflicto -porque esa actitud le vale para concretar su ambicioso plan de convertir a los EEUU en el país más poderoso del mundo- está haciendo hincar de rodillas a varios países, a los que el controvertido republicano considera “estratégicos”, para su plan de convenir con otros poderosos la liga de los que se reparten el mundo actual.
Ponerse contentos y celebrar, como lo están haciendo el canciller Pablo Quirno y el Ministro de Salud Mario Lugones, porque imitando y respondiendo a las directivas norteamericanas, Argentina ha renunciado a ser miembro de
El tema es realmente delicado, y a nadie escapa que debería haber merecido un tratamiento interno de las organizaciones legislativas y organismos de salud de diversos niveles para establecer la conveniencia o no de apartarnos de una organización que responde a principios del cuidado de la salud mundial, siendo el resorte indicado en casos de pandemias y a la necesidad que puede entrañar la cooperación internacional sanitaria ante eventuales apariciones de enfermedades infecto contagiosas que requieren de la cooperación sanitaria internacional.
El titular de Salud de Argentina, Mario Lugones, justificó la determinación bajo el argumento de que el país “recupera soberanía sanitaria”, en una decisión que alinea la política exterior nacional con la administración estadounidense de Donald Trump.
La decisión ha despertado innumerables cuestionamientos de distintos sectores formados en cuestiones médicas nacionales e internacionales, entendiendo que se provoca un fuerte deterioro del sistema sanitario público, y fundamentalmente nos aleja del mundo en general.
Javier Milei y su comportamiento interno y externo están colocando al país en una situación de enorme incomodidad institucional que conspira con las relaciones con el resto del mundo.
El poder hay que saberlo administrar para que los excesos no se conviertan en una acción que frustre cualquier intento por generar el cambio que proclama.
Los errores que se están materializando juegan en perjuicio de los objetivos que persigue el presidente libertario Javier Milei.
Trump está jugando sus cartas y a eso obedecen las reuniones con Xi Jinping, y próximamente con Putin. El mundo será una cuadrícula donde se ubicarán los que hoy muestran constituir el primer mundo, el resto solo será como Argentina -un emergente que procura desarrollarse.



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