Una serie de situaciones, que se han puesto de manifiesto en diferentes circunstancias, han mostrado un escenario conflictivo, adecuado para la interpretación de psicólogos, psiquiatras, especialistas en el comportamiento humano dada la ausencia de convivencia y relación con el otro.
Se percibe en la calle, la escuela, en el trato cotidiano, donde por nimias situaciones se plantean enojos y enfrentamientos que llegan a la confrontación verbal y física.
Cuando se analizan las motivaciones nos encontramos con que estamos “desbordados”, abrumados y eso nos conduce a un grado de irascibilidad constante. Situación que nos provoca abandonar el diálogo sensato, criterioso, más allá de las diferencias que puedan existir.
Aquello que vemos cotidianamente en la calle es interpretado por especialistas en psicología como: “la pérdida de control, la incapacidad de regular impulsos y conductas ante emociones abrumadoras, o la dificultad para manejar sentimientos y pensamientos”.
Los factores que llevan a este nivel de desequilibrio, no percibido por quien está atravesando un momento difícil que lo saca de su cordura habitual, es motivo de controversias. Muchas veces, de manera inexplicable, arrebatos de violencia desmedida brotan ante cualquier inconveniente, al que todos estamos expuestos en los distintos ámbitos donde actuamos diariamente.
Juega un papel importante en esos desmanejos de la conducta un poder determinado que, al no ser adecuadamente internalizado, se convierte en un arma de constante uso ante la necesidad de mostrar que estamos por encima, sin darnos cuenta de que la realidad indica que, justamente por ese factor, la humildad, el buen trato y el respeto, deben ser esenciales.
Esto, se nos presentó palmariamente en un entredicho que tomó estado público porque se produjo en un conocido programa de información del canal capitalino A24. El hecho, protagonizado por el periodista Eduardo Feinmann y dos dirigentes, a la vez profesionales, pertenecientes al Hospital Garraham, invitados para que expusieran en relación al aumento concedido por el gobierno del 61%, en diferentes escalas al personal que se desempeña en el mencionado establecimiento. Ambos fueron duramente cuestionados y acusados por el conocido periodista.
No es el objetivo hacer periodismo de periodistas, pero nos sirvió para un análisis que nos involucra: cuestionarnos hasta dónde utilizamos el poder del medio para imponernos al otro y si en ese cruce tenemos la capacidad de respetar los espacios que corresponden a quienes piensan diferente sin intentar hacer valer nuestro criterio. Evidentemente no.
Mientras que el presidente de la Argentina abandona la denostación, el agravio, el insulto, como herramientas para señalar al opositor y adopta un tono más adecuado a su investidura, sin dejar de lado las críticas y las observaciones que entiende corresponden, parte del elenco que aplaude su gestión ha incorporado al tratamiento periodístico todo aquello que molestaba y era criticable de la primera magistratura del país.
Es evidente que se puede establecer un diálogo donde no existan coincidencias con diferentes procederes, pero es indudable que hay “formas y formas”.
Cuando se concreta el ataque, se efectúa la denostación y se acusa no permitiendo a sus entrevistados explicar, aunque disienta con los argumentos que esgriman, señala que se está en una etapa crucial, desestabilizante del profesionalismo que debería imperar, especialmente cuando las actitudes de manifesta agresividad se establecen como dueño de casa.
Una desigualdad de posibilidades es la que está patentizada en un suceso que ha generado disímiles comentarios, en su mayoría, por no decir todos, objetando lo sucedido y entendiendo que en un momento en donde el país transita enormes dificultades en lo social, económico y político, esto no ayuda sino que desestabiliza.
Las personas que padecen un problema de autocontrol no resisten la tentación, impulso o deseo de imponerse. También se aprecia una tendencia a la búsqueda de gratificación inmediata a expensas de las metas a largo plazo; es decir, esa persona no piensa en las consecuencias de sus actos más allá del presente.
Este desajuste emocional y psíquico no es solamente aplicable a un episodio, dado que se vienen produciendo generalizadamente en muchos ámbitos a los cuales ingresamos llevados por una nueva forma de interpretar la realidad del otro.
Hubo cambios sustanciales en las formas de hacer política y la Argentina, en su conjunto, debe ajustarse a los reacomodamientos que se van gestando en la nueva sociedad que se construye basada en la imperancia de las nuevas generaciones, disruptivas de lo tradicional vivido hasta ahora.
Todo señala un nuevo escenario para el cual se está preparando la ciudadanía. Lo importante sería poder asimilarlo positivamente, reformulando la manera de conectarnos con el otro, respetando y siendo respetados.



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