Las acciones que ha emprendido el presidente norteamericano Donald Trump, junto a su grupo selecto que lo asesora: Marco Rubio, Scott Bessent y ocho miembros más de su gabinete, están centradas en estrategias del miedo, el apriete económico y con incursiones armadas cuando entienden que es necesario imponer condiciones.
El Foro Económico Mundial de Davos puso de relieve que las pretensiones de un liderazgo absoluto, que le brinde la oportunidad de generar “un nuevo orden institucional mundial” es un proyecto que está llevando a cabo y que ya preocupa al primer mundo, a la comunidad europea y están sintiendo los efectos los países de oriente medio.
El alerta se ha generalizado tras las exposiciones escuchadas en Davos, siendo una de las más contundentes la del primer ministro de Canadá, Mark Carney, quien advirtió sobre los peligros del trumpismo y el fin del orden mundial.
Un llamado de alerta contra el aislacionismo y defendiendo la cooperación internacional y las alianzas frente a potencias que actúan por ley del más fuerte, como respuesta a la imprevisibilidad del gobierno de Trump y la creciente fricción comercial, resonando con preocupaciones de que la integración económica se usa como arma y la democracia corre peligro bajo una posible vuelta de Trump al poder.
Es indudable que las expresiones de primer ministro canadiense reflejaron claramente la enorme preocupación que se desprende de un accionar dotado de gran prepotencia y amenazas de avanzar armadamente si hay resistencia en las decisiones que el gobierno estadounidense pretende imponer en el resto del mundo.
Según el mismo presidente republicano, “primero vamos por las negociaciones y si no hay resultados EEUU mostrará porqué es el país más poderoso”.
El armado del nuevo orden es el reemplazo de los cuerpos internacionales que representan a todos o a la mayoría de los países y resuelve sobre bases de negociación, entendimientos, acuerdos comerciales, económicos y fundamentalmente pregona principios elementales para la paz mundial.
Varios colaboradores cercanos a la figura presidencial norteamericana sostienen que las actuales organizaciones han acompañado el crecimiento que se ha logrado mundialmente, con la incorporación de la ciencia y tecnología.
Un nuevo sistema de comercialización que habla de la modernización del mercado, entre otros aspectos, como el que hace a la seguridad de los países emergentes, hoy apuntadas por las grandes potencias por sus riquezas naturales, aún no explotadas integralmente.
Esta falta de aggiornamiento facilita el ambicioso plan de Donald Trump de convertirse en un líder con el máximo poder y a los EEUU como el país que orienta al resto del orbe.
Las amenazas vertidas por Trump en su proyecto de anexar a Groenlandia por la “buenas o por las malas”, tuvo éxito y trascendió en las últimas horas el haber llegado a un acuerdo preliminar con la OTAN sobre Groenlandia y la región del Ártico. Volvió a darle resultados el juego del bueno y el malo.
El mandatario estadounidense indicó que, gracias a este entendimiento, suspenderá la aplicación de los aranceles que estaban previstos para entrar en vigor el 1 de febrero y que afectarían a los aliados europeos. Se supone que no esperará aplausos un forzamiento de esta magnitud.
La apretada volvió a darle óptimos resultados y la comunidad dirigencial europea prefirió negociar ante la inminencia de una acción beligerante. Se desconoce, tras esta información, qué actitud asumirán los groenlandeses, que por primera vez en su historia, con temperaturas bajo cero, hicieron una marcha de repudio al anexamiento con los norteamericanos, dado que ellos sostienen son un país autónomo con relación directa con Dinamarca, de quien se sienten parte.
Es notorio el avance del poder norteamericano sobre el resto del planeta, aplicable más a unos que a otros, según se desarrolle el plan trazado por los cuerpos pensantes que rodean al presidente Trump. Su política agresiva y el apriete, principalmente económico, le abren las puertas para una negociación en donde siempre logra los objetivos propuestos. Esta proyección faraónica en la que quiere convertir a los EEUU se presupone no tendrá vigencia eterna.
Aprovechó Davos para lograr presentar el Consejo de Paz: “Todos quieren ser parte y trabajamos con las Naciones Unidas”, expresó el presidente americano. El comité ejecutivo fundador está integrado por figuras clave como el secretario de Estado Marco Rubio, Jared Kushner, el enviado especial Steve Witkoff y el ex primer ministro británico Tony Blair.
El objetivo claro es establecer un nuevo orden que fue presentado como una iniciativa para “asegurar una paz duradera en áreas amenazadas por conflictos, reafirmando el liderazgo global de Estados Unidos fuera de las estructuras internacionales tradicionales”.
Acciones arriesgadas que, hasta ahora, le han venido dando buenos dividendos al presidente Trump. Genera expectativas expresiones controversiales que ponen en evidencia que no estarían dispuestos a aceptar ser parte del reinado trumpista.
El reacomodamiento al cual se han anexado incondicionalmente varios países, entre ellos Argentina, con una entrega total, siguiendo las directivas que marcan rumbos económicos, comerciales y productivos, conforman el nuevo mapa geopolitico que está delineando una nueva conformación de carácter universal.
Los resultados, una enorme incógnita, porque de alguna manera están sujeto a la permanencia en la presidencia de los EEUU de Donald Trump, que hoy enfrenta internamente un descontento que puede poner en riesgo toda su planificación.
Habrá que ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Los primeros seis meses de este 2026 serán decisivos para marcar el futuro.



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