El presidente Javier Milei ha realizado más de 40 viajes internacionales desde el inicio de su gestión en diciembre de 2023, concentrando gran parte de su agenda en el exterior. Estados Unidos es su destino más visitado (con alrededor de 15 viajes). Recientemente estuvo en Washington D.C., donde recibió el premio “Campeón global de la libre empresa” otorgado por la Cámara de Comercio de ese país y participó en foros.
Ahora el destino es España, para quien pretende hegemonizar el poder liberal en esta parte del planeta, erigiéndose en un líder y orientador de las políticas que promueve en el marco del libertarismo-anarcocapitalista, una tendencia, que se está generalizando el mundo en procura de salir de los modelos tradicionales y recuperar los efectos positivos del cambio permanente, en el marco de las libertades individuales y libre mercado.
La balanza entre la gestión interna y la proyección internacional de un mandatario es una de las tensiones clásicas de la ciencia política. Cuando un presidente opera con mayor intensidad en el exterior que en su propio país, se genera un debate complejo entre la ganancia de relevancia global y el riesgo de desconexión doméstica.
Tomando como marco conceptual las consideraciones que se realizan en torno a la obsesiva decisión de viajar al exterior, especialmente a los países que están movilizando sus sociedades, ante las marcadas diferencias que se plantean entre las políticas tradicionales y las que el presidente de los EEUU, Donald Trump, está procurando se instauren, son parte de la consigna de un nuevo orden mundial. Es cuando aparecen lineamientos que operan bajo la nueva ciencia política que distingue dos funciones principales en los sistemas presidenciales o semi presidenciales.
Se establece primero el rol del Jefe de Estado: desempeño representativo y diplomático del mandatario. Personifica a la nación ante la comunidad internacional, asiste a cumbres, firma tratados y busca alianzas estratégicas, pero ha logrado establecer en su país fortaleza interna, que le permite manejar el poder ejecutivo y legislativo con respuestas positivas para sus proyectos. Situación que hoy no se da en Argentina, por el contrario es notorio un debilitamiento que está generado en la lucha interna partidaria por ocupar lugares de poder actuales y a futuro.
En el caso del presidente Javier Milei se da que: “Hay un presidente que ‘opera más en el exterior’ y es claramente una evidencia que está priorizando sus atribuciones como Jefe de Estado sobre sus responsabilidades del día a día como Jefe de Gobierno”.
En análisis político, esto “suele denominarse hiperpresidencialismo cosmopolita o diplomacia presidencialista intensiva”.
Hay diversos factores que permiten evaluar lo positivo y lo negativo que significa tener un primer mandatario que esté más preocupado por su proyección internacional, delegando en un familiar -su hermana Karina Milei- la estructura política y descanse en lo económico en la acción de dos ministros: uno el de economía y el otro de Desregulación y Transformación del Estado, que le permite ejecutar un plan económico disruptivo, regresivo, que agita el tejido social y preanuncia reacciones que pongan en riesgo la Democracia. El resultado es totalmente negativo.
Existen elementos que avalan que, con el fin de mantener la institucionalidad del país, se logren construir instituciones fuertes y un gabinete de ministros altamente autónomo y eficiente. No es el caso de Argentina.
El otro tema preocupante es que este territorio mantiene un fuerte arraigo presidencialista y la falta de esa autoridad genera una parálisis del Estado, atento a que se elaboran acciones, pero recién son confirmadas cuando el primer mandatario está de regreso.
Buscándole explicaciones y coherencia a los viajes del presidente Milei, cabe consignar que “No es lo mismo viajar para cerrar acuerdos comerciales bilaterales tangibles que hacerlo para participar en congresos ideológicos o partidarios de carácter privado, los cuales alimentan la marca personal del político, pero no los intereses del Estado”.
Por otra parte, estos viajes del presidente Javier Milei se dan en circunstancias durante las cuales se encuentran en discusión lineamientos políticos de trascendencia, que corresponde los decida el Poder Legislativo.
Lo real y concreto es que viaja, que lleva comitivas más o menos numerosas, eligiendo países del primer mundo que, casualmente, están confrontados con su mentor -el republicano Donald Trump- como el que ejecuta en esta oportunidad: a España; para sostener un posicionamiento que responda al apoyo de la derecha que enfrentará a Pedro Sánchez en las próximas elecciones.
Tendrá reuniones con Santiago Abascal, el líder de Vox, y presumiblemente -dado que su agenda no se conoce- con algunos sectores empresarios. La realidad es que va a hacer campaña política española, donde la derecha procurará asumir el poder.
En definitiva, un país sumido en crisis no puede ser gestionado a control remoto. Multiplicar los viajes oficiales mientras la realidad local se deteriora evidencia una desconexión alarmante entre las prioridades del Ejecutivo y las necesidades de la gente.
Ningún éxito diplomático ni aplauso en foros internacionales pueden compensar el vacío de liderazgo que se deja en casa. Un mandatario debe recordar que fue elegido para gobernar un país real, no para habitar una eterna gira internacional.



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