En una Provincia donde el agua no siempre está a la vista y en la que muchas comunidades dependen exclusivamente del subsuelo, la perforadora de la Administración Provincial del Agua (APA) se ha convertido en una pieza clave para sostener la vida cotidiana y el desarrollo productivo.
La perforadora de la APA no es solo una máquina: es un servicio público que recorre más de 80 localidades y realiza alrededor de 60 perforaciones por año, respondiendo a una demanda que crece al ritmo de las necesidades sociales. Cada intervención de la Administración comienza mucho antes de que la torre se eleve y el cabezal toque el suelo. Los equipos técnicos realizan estudios hidrogeológicos, sondeos eléctricos verticales y análisis de calidad para determinar dónde perforar y qué tipo de pozo necesita cada comunidad. La precisión es fundamental: en zonas medanosas o de bajo rendimiento hídrico, un error puede significar meses de espera para un pueblo que depende de ese recurso. Localidades como Carro Quemado, Caleufú, Quehué o Telén han sido parte de este recorrido reciente, donde la perforadora no solo abre pozos, sino también oportunidades.
Una demanda que nace en los pueblos
“Los trabajos son solicitados por municipios, cooperativas y también por particulares”, explica Maximiliano Rosignolo, perforista de APA, a la Agencia Provincial de Noticias. La frase sintetiza el carácter social del servicio: la perforadora llega donde la comunidad lo necesita, ya sea para garantizar agua potable, mejorar el abastecimiento existente o habilitar proyectos productivos que requieren riego.
En muchos casos, el agua subterránea es la única fuente disponible. Por eso, cada perforación es una respuesta concreta a un derecho básico.
Dos cuadrillas, una Provincia entera
APA cuenta con maquinaria especializada, personal capacitado y una logística que permite operar en simultáneo en distintos puntos del territorio. Son dos cuadrillas que se desplazan constantemente, atendiendo pedidos que van desde pozos exploratorios hasta perforaciones definitivas que pueden alcanzar entre 70 y 100 metros de profundidad.
Mientras tanto, el laboratorio del organismo analiza muestras y certifica si el agua es apta para consumo humano o solo para riego. Esa información es decisiva para planificar obras, habilitar conexiones y garantizar seguridad sanitaria. “Estuvimos en Telén: en el campo hicimos un pozo de exploración y en la plaza uno para riego. Recorremos toda la Provincia”, cuenta Rosignolo, dejando entrever el ritmo itinerante del trabajo.
Un servicio que sostiene equidad territorial
La perforadora de APA no solo resuelve problemas técnicos: reduce desigualdades. En una Provincia extensa, con localidades pequeñas y dispersas, la presencia del Estado en territorio marca la diferencia entre tener agua segura o depender de camiones cisterna, entre producir o abandonar un proyecto, entre quedarse o migrar. Cada perforación es una intervención social. Cada pozo habilitado es una mejora en la calidad de vida. Y cada viaje de la perforadora reafirma una idea simple pero esencial: el acceso al agua no puede depender de la geografía, sino de una política pública sostenida.
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