MARTES 28 de Julio de 2026
 
 
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Todo tiene que ver con todo...

Los últimos informes generados por consultores y especialistas en analizar y verificar numéricamente los niveles del consumo interno familiar de los argentinos, han detectado que mes a mes baja, sin tocar el piso que pueda limitarlo y ordenar sus finanzas y recursos.

 

El tema es preocupante y ha generado que las instituciones bancarias, de préstamos personales, comiencen a tomar recaudos a los efectos de lograr un equilibrio que les permita seguir operando.

Según los datos dados a conocer, el incremento de deudores morosos ha subido en los dos últimos meses un 20%, fundamentalmente los que realizan asistencia para sus gastos a través de las tarjetas y otro segmento que tiene necesidad de apelar a casas de préstamos personales donde, más allá que el índice de los intereses complejiza las operaciones, se dificulta el cumplimiento por el incremento que sufren cuando se producen los vencimientos.

La situación, que en alguna medida no es nueva, se viene recrudeciendo en razón de los factores que se desprenden de una microeconomía que no arranca. No existe un solo motivo, es la conjunción de situaciones generadas y que se motorizan unas a otras.

Se realizan notorios esfuerzos desde varios ángulos de los sectores que se sienten severamente afectados pero, hasta ahora planes, plazos, programas de compras con descuentos, morigeren en parte los compromisos de sectores cuyos ingresos se mantienen y les permiten, previo recortes y ajustes hacer frente a los gastos esenciales, tienen un alcance limitado.

Cuando expresamos que “todo tiene que ver con todo”, estamos refiriéndonos a los mecanismos de una economía que gubernamentalmente se procura estabilizar y para ello apela a generar un achicamiento, reajustar y reordenar los recursos para alcanzar dos aspectos que el gobierno de Javier Milei sostiene como banderas irrenunciables: Superávit Fiscal y Déficit cero.

No obstante cada acción que surge de la aplicación de las normas emergentes del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado replica en el tejido social, especialmente en aquellos sectores que, a consecuencias de los efectos que se producen, lo ven reflejados en sus ingresos.

Paulatinamente fue desapareciendo la fortaleza de la denominada “clase media argentina” un factor que alcanzaba profunda significación en el desarrollo y crecimiento interno.

Se acentuaron los perfiles de los que pueden mantener sus economías personales y familiares, saltando directamente a los que luchan por mantener la diaria, a los pobres y, sin escalas, pasan a los sumergidos, cuyas posibilidades están totalmente fuera de la contemplación en el programa de un liberalismo extremo, con bases en fundamentos surgidos del anarcocapitalismo.

Todo un paquete que resultó nuevo para una gran parte de la sociedad argentina. Los objetivos presidenciales -según sus propios conceptos- son reubicar al país entre los más florecientes del planeta, fenómeno que entiende se produciría en períodos de 10, 15 y 30 años para alcanzar a ser primer mundo.

El relato, más allá que esté fundado y sustentado en posicionamientos de otras ideologías, podría tener aplicación en países fortalecidos y no en ámbitos emergentes, que aún no han alcanzado un grado de desarrollo que les permita acceder a una igualdad con el resto de los considerados grandes.

Está claro que el ritmo de ajuste, achique del Estado y entidades descentralizadas que basan sus estructuras en recursos que suministra el poder gubernamental, van a repercutir en la conformación de una nueva sociedad, con muchos más ricos, otros medianamente que defienden sus magras economías con privaciones y restricciones, y, en otro plano, los que están fuera del circuito y son generaciones que eran pobres o lo son mucho más y los que ya quedaron en el camino.

Todo tiene relación con todo. Las sociedades están en un profundo cambio que aún no se ha percibido cabalmente. La economía tiende a diferenciarse con el costo que la Argentina está soportando. La transformación social es un suceso irreversible y la Argentina del futuro tiende a ser otra si se continúa avanzando por los carriles actuales.

Pero la cruda realidad es que: “Todo tiene que ver con todo”.

 

 

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