Tras las controversiales opiniones que fueron escenarios posteriores a la apertura de sesiones ordinarias donde el presidente, Javier Milei, con contados anuncios y mucho enfrentamiento directo abrió las puertas de más conflictos.
A la clara demostración de la ruptura existente, entre los integrantes de la fórmula presidencial, se sumaron otros aspectos que señalan próximos meses muy difíciles. Se enfrenta el presidente, empoderado y lanzado a la pelea, con una oposición desválida, sin conducción, que marcha a la deriva, sufriendo el abandono de muchos partidarios que eligen perder dignidad política para ganar posicionamientos que les aseguren un futuro, no importa de que color se pinte.
Mientras esto ocurre en Argentina, el mundo se sacude ante la “guerra” desatada en Medio Oriente, donde la sociedad de EEUU e Israel, cosechando países afines, procuran hacer desaparecer el poder de Irán y comenzar a disponer de la cuenca petrolera más importante del mundo.
Argentina, definida su asociación incondicional con Donald Trump y su acercamiento ideológico-religioso con Israel, a muchos miles de kilómetros del escenario bélico, ha comenzado a tomar medidas precautorias ante las amenazas de los grupos terroristas nacidos del pueblo iraní, de combatir en todos los frentes. Y nuestro país ya fue blanco de esas reacciones subversivas con ataques a la Amia y la Embajada israelita.
Hay un clima poco saludable que parece haber contagiado al mundo y ya han comenzado a mostrarse los que están de un lado, del otro, o que permanecerán- por ahora- expectantes ante el desarrollo de los acontecimientos. Por caso: Rusia, China, India, Alemania, y otros países que no quieren adelantarse a los acontecimientos que pergeñó el presidente norteamericano.
En el territorio nacional, el contagio bélico parece estar enfermando a gran parte de la sociedad. Se muestran los “dientes” el presidente Milei y la vice Villarruel. Se ha iniciado una confrontación directa, agresiva, denostante, vulgar -con insultos mediante- que marca un severo deterioro en la convivencia social pero fundamentalmente en la institucionalidad.
Nada indica que esto tienda a mejorar, por el contrario, se percibe una avanzada sin límites del gobierno libertario que intentará consolidar su fortaleza partidaria-política, destruyendo todo aquello que constituya oposición.
La realidad y experiencias pasadas han demostrado que un gobierno sin un marco opositor, se constituye en lo que se ha denominado: “formas de las nuevas dictaduras”.
No constituyen formalmente aquello que se ha visto y se conoce como patrones dictatoriales, pero es una nueva forma de barrer con todo aquello que puede significar un escollo en los objetivos fijados.
El presidente Milei adelantó que tienen preparadas, para incorporar a las sesiones legislativas ordinarias, 90 leyes transformadoras de normativas vigentes, que tenderán a generar un nuevo país volcado decididamente al libre comercio, al imperio de lo privado por sobre lo estatal y a la reformulación de los principios económicos y financieros que le permitan a la Argentina participar del nuevo mundo que se está construyendo basado en lo ideológico extremo.
Hay una excesiva euforia ganadora en el oficialismo y difícil es saber si todos, pero una gran mayoría libertaria, está subestimando al opositor y eso constituye un grueso error en la evaluación del plano político.
Sería prudente un análisis retroactivo para establecer los reales parámetros que estuvieron en juego cuando apareció un personaje que se decía apolítico, que odiaba a la “casta política tradicional” a la que llamaba corrupta. De fácil insulto, con una excesiva vulgaridad que lo llevó a penetrar en un tejido social olvidado y que hizo de lo farandulesco su carta de presentación.
Nadie de los ámbitos políticos tradicionales le prestaba demasiada atención y no vacilaban en restarle posibilidades.
Hoy se les puede decir de política social: nada muchachos. Fijense quien es el presidente hoy. Ganó espacio -chico en un principio- y con hábiles estrategias y pocos escrúpulos llegó a sentarse en el “Sillón de Rivadavia”.
Prometió y cumplió en la medida que le convenía, desechó estrechos colaboradores de un inicio y rompió con la gran mayoría de los profesionales en economía que habían trabajado junto a él para reformar el país.
En realidad, son pocos los que no se equivocaron. Hoy a dos años de una elección presidencial que ganó en un balotaje, al que aportaron sustancialmente las fuerzas necesarias para llegar, el libertario, soñador de un liderazgo latinoamericano, se entregó incondicionalmente a las políticas republicanas norteamericanas que propicia Donald Trump, y hoy destruida gran parte de la oposición trabaja para un segundo mandato.
Podría decirse que es un “buen piloto de tormentas difíciles”. Personaje raro, sin duda alguna, que elige tener un tridente de poder y usó un staff gubernamental desechable, si no responde a sus fines.
Nadie puede asegurar que no pueda formarse la “tormenta perfecta” y que constituya el revés que Javier Milei cree que ya no tendrá.
Muchas tensiones. Excesivos puntos de conflicto, luchas internas y un marco opositor que no logra estabilidad señalan meses muy agitados.
¿Podrá Javier Milei sortearlos? Ese es, por ahora , un gran interrogante.



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