El gobierno nacional, a través de diferentes áreas, fundamentalmente en los encuentros que el vocero presidencial se cruza con los periodistas acreditados en La Rosada, deja en evidencia que están intentando desvirtuar realidades e imponer un relato siempre basado en la mentira.
El reemplazante de Manuel Adorni sigue haciendo “agua” por todos lados, mostrando una enorme incapacidad para afrontar con argumentos sólidos responder a los cuestionamientos o interrogantes que plantean los profesionales presentes.
Ravier sigue “patinando” ante consultas o requerimientos para los cuales debe tener respuestas basadas en hechos concretos y, fundamentalmente, reales.
No es la primera vez que, el hoy vocero, deja ver su escasa preparación para responder a cuestionamientos generales del funcionamiento y operabilidad del presidente y staff ministerial.
En este segundo enfrentamiento con el periodismo, tras dudar de sus afirmaciones anteriores, relacionadas con los desplazamientos de la prensa acreditada por los ámbitos públicos de la Casa Rosada, en un intento por mostrarse conocedor del funcionamiento de la prensa en distintas partes del mundo “pifió feo” al sostener que las prohibiciones también existen en la Casa Blanca, citando que el periodismo está afuera del edificio central.
El desmentido no tardó en llegar con afirmaciones concretas: “Eso no es cierto”, dijo una periodista que ante el intento de Ravier de ratificar lo dicho agregó: ‘‘No existe eso”, lo cortó la periodista. “¿No existe? Bueno, entiendo que sí”, trató de salir del mal momento el vocero.
Adrián Ravier reconoció que no es “experto en la materia”, pero intentó desmentir a la prensa presente que sostenía lo contrario a lo manifestado diciendo: “Internacionalmente no es tan habitual, como sí lo fue en Argentina, que el periodismo circule con libertad por los pasillos”.
Otra vez intentando tapar el sol con las manos, titubeante, mostrando un tremendo desconocimiento del tema que es una cuestión a dilucidar con el periodismo, que sigue sosteniendo que: “... no pueden cumplir su tarea si mantienen el cerrojo que impuso la gestión de Adorni”.
En las redes sociales, el periodista Mariano Obarrio se encargó de ridiculizar al vocero presidencial, detallando con minuciosidad cómo funciona el área de prensa de la Casa Blanca, sosteniendo, en parte de su explicación, que: “La sala de periodistas de la Casa Blanca, conocida como la sala James S. Brady Press Briefing Room, está ubicada dentro del Ala Oeste (West Wing) de la Casa Blanca”. Agregando que: “Debería saberlo Santiago Caputo que es fan de la serie West Wing y toma frases para Milei. Aprendió política en Netflix y con las trampas digitales de Cambridge Analítica. Se le escapan los detalles”. Toda una lección que la “mentira tiene patas cortas”.
Finalmente, expresó el citado profesional que: “Se encuentra la sala muy cerca del Despacho Oval, lo que permite un acceso rápido de los voceros presidenciales y de otros funcionarios a las conferencias de prensa. Son impresentables. No saben nada ni de sus principales aliados”.
Como dijera el humorista cordobés Jorge “el Negro” Álvarez: “¿Querés más?”.
Este suceso es la reiteración de errores conceptuales, desconocimiento, tergiversaciones, de la realidad para hacer ver que dominan el tema y que ellos siempre están diciendo la verdad.
Pero estos aspectos hay que sumarlos a las situaciones de quebranto económico interno que no logran equilibrar, más el creciente aumento de empresas que están optando por reconvertir su funcionamiento, dejando de lado la industrialización y fabricación local, para pasar a ser ámbitos de venta de producciones importadas, contra la cuales no están en condiciones de competir.
De esta manera van mostrando un país que -pese a lo que sostiene el presidente Javier Milei y su staff - se está rompiendo y aquello que se escucha de “ahora viene lo mejor” es una promesa que -hasta ahora- no se ha visto reflejada en el tejido social más deteriorado de la Argentina.
Julio será un mes diferente, sumergido en la marea del mundial de fútbol se van elaborando contingencias políticas y se intenta aprovechar para reacomodar las estructuras políticas de los sectores en pugna.
Más allá de los esfuerzos que se hagan, la realidad está presente cada vez que salimos a la calle, vamos al supermercado y evaluamos si una compra determinada es indispensable, porque ese recurso es necesario en otra área familiar.
No hay presidente locuaz, zarpado, que insulte y denoste a diestra y siniestra, ni un “principiante” vocero que puedan “tapar el sol con las manos”.
La Argentina está indecisa y zozobrando, la esperanza es que se materialice la estabilidad y el equilibrio que hoy están faltando



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