Ahora no es una simple presunción o pretender adivinar el futuro. Donald Trump materializó junto al primer ministro de Israel, Netanyahu, un ataque “de gran envergadura” contra Irán, que provocó explosiones en Teherán y otras ciudades tras semanas de advertencias sobre una posible intervención militar.
Se veía venir que el desbordado egocentrismo del presidente republicano junto a sus ocasionales aliados -fundamentalmente el gobierno de Israel- alertaban sobre las acciones que iniciarían contra los marcados opositores mundiales que, bajo el tutelaje del régimen iraní, no aceptaban las imposiciones militares que procuraban EEUU y los líderes de Medio Oriente.
Iban y venían las amenazas y todo indicaba que, dada la característica del presidente republicano -al no arrodillar a sus marcados opositores, políticos, ideológicos y armamentistas-, accionaría, en franca connivencia con países del Medio Oriente que están sacudidos por las reacciones de las fuerzas guerrilleras, fundamentalmente de Irán, cuya Guardia Revolucionaria había tenido gestos que preanunciaban una reacción armada si se intentaba atacar al pueblo iraní.
Faltaba prender la mecha para que las pasiones llegaran a un alto grado de confrontación y Trump lograra su objetivo de demostrarle al mundo porque los EEUU es uno de los países más poderosos del orbe.
No obstante. remarca en cada oportunidad que se le presenta que llevará al pueblo norteamericano al sitial de liderazgo, debilitado en los últimos años. Demuestra un sobrevaluado poderío que no pretende compartir, procurando negociar bajo sus condicionamientos, que tanto China, Rusia, Reino Unido y gran parte de la UE no están decididos a aceptar, comprometiendo sólidas bases comerciales, económicas y financieras que hoy les dan bases competitivas.
El intempestivo ataque a Irán, en una acción armada con fuerzas israelitas, tuvo respuesta inmediata afectando a gran parte del Medio Oriente, que hoy están reclamando por la terminación de la acción bélica iniciada, amenazando con poner en funcionamiento todo el aparato defensivo que tienen.
Es conocido lo cerrado que es el régimen iraní y sus posicionamientos ante el mundo que lo rodea.
El lanzamiento de misiles y drones en represalia, según confirmó la Guardia Revolucionaria, procuraba dejar sentado que están decididos a plantear un estado de guerra sin cuartel ante el avance del grupo que lideran los norteamericanos.
Las acciones emprendidas provocaron explosiones no solo en Jerusalén, sino también en Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Arabia Saudita y Bahréin, donde un ataque con misiles impactó una base estadounidense. Lamentablemente, este es solo el principio, atento a que el ayatollah Ali Khamenei y el presidente iraní Masoud Pezeshkian -objetivos de los ataques de EEUU e Israel- están decididos a mantener la actitud beligerante si estos mantienen sus ataques.
La gravedad del suceso ha conmovido al primer mundo y la UE a través de la alta representante del cuerpo internacional para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidenta de la UE, Kaja Kallas, calificó de “peligrosos” los recientes acontecimientos en Medio Oriente y pidió proteger a la población civil y respetar el derecho internacional.
En el presente, una acción como la emprendida por EEUU e Israel que provocó la reacción inmediata de gran parte de Medio Oriente, que fue afectado por la respuesta iraní, puede alcanzar un nivel impensable en un mundo que hoy funciona orgánicamente en función de las posibilidades reales que ofrecen acuerdos, negociaciones y pactos de libre comercio que unifican y tienden líneas de relación institucional.
Hoy ya nadie puede sentirse alejado por la acción y reacción armada que se produjo. Estamos en un mundo donde la gran amenaza es la “guerra nuclear”, y si bien muchos de los poderosos tienen armamentos acondicionados a este nivel, también son conscientes de que iniciada una acción belicista sobre estos canales no hay forma de retroceder y alguien tiende a desaparecer ante el cambio profundo del cual será objeto el mundo tal como lo conocemos.
Las actitudes controversiales que ha manifestado Donald Trump ante quienes se atreven a manifestarse disintiendo con sus políticas y deseos de consagrarse el líder absoluto generan incertidumbre y notoria inquietud en las sociedades del primer mundo y de los sectores emergentes, quienes hoy han optado por asociarse a los grandes para alcanzar mayor desarrollo y crecimiento.
La velada amenaza contra el gobierno cubano; fue un claro aviso que materializó acercando naves de guerra con fuerzas suficientes como para lograr doblegar un gobierno netamente opositor ideológicamente, al que está cercando económica y comercialmente, sometiendo a su población a sufrir necesidades esenciales para la supervivencia.
Es evidente que a esta altura del siglo XXI Donald Trump abrió la puerta para que la tercera guerra mundial este en el umbral.
La amenaza de un presente extremadamente condicionado está latente. Argentina lo está sufriendo tras el acuerdo de libre comercio con los EEUU y la fidelidad presidencialista al poder norteamericano que coloca a la sociedad latinoamericana en riesgo absoluto de ser partícipe de un quiebre institucional que ponga en riesgo las actuales democracias de cono sur de América.
La región más austral de Sudamérica que incluye a Chile al oeste y a Argentina, Paraguay y Uruguay al este. Estos países comparten similitudes en cuanto a composición poblacional, geografía, recursos y desarrollo económico y serían puntos geoestratégicos ya objeto de disputa entre EEUU y China.
La mecha fue encendida y no fue un mero aviso. El mundo está en estado de alerta. Es de esperar impere la sensatez.



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