Cuando el Estado y los sectores que son parte integrante de la movilidad social nacional le dan continuidad a un proceso de deterioro interno estamos ante un grave cuadro de una caída hacia un estado de bajeza, pérdida de honor, o falta de respeto y de la dignidad preocupante socialmente.
Los factores que son utilizados conforman estrategias que se manejan, bajo cualquier condición moral, para denigrar, denostar y lograr el repudio generalizado del opositor y de esta manera consolidar en un escenario deshonesto, mentiroso un respaldo social que no repara que son usados para lograr determinados propósitos.
Produce vergüenza ajena y da demasiada lástima cuando funcionarios de alto rango, que fueron elegidos por más del 50 por ciento de la ciudadanía, enfrentados por ganar espacios de poder, procuran deteriorar a cualquier precio a quienes en un momento se consideraban compañeros con un mismo sentido ideológico y en procura de alcanzar objetivos consensuados.
Llama poderosamente la atención que la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, decidida a constituirse en el reemplazo constitucional del presidente, no limita sus expresiones respecto al estado mental de la primera magistratura del país.
Hace mención a tener una “genuina preocupación” por el estado del presidente y habla de “persecuciones imaginarias”. En otro párrafo de los mensajes en X, la titular del Senado de la Nación, señala que debería preocupar a todos los sectores el “desequilibio demostrado por el presidente, los exabruptos y la falta de coherencia en muchas de las situaciones que plantea”.
Estas declaraciones generaron una reacción inmediata, siendo la más contundente las del Jefe de Gabinete Diego Santilli, que entrevistado por un periodista de A24, dedicado al análisis de la política con un profundo sesgo oficialista, le remarca que la vicepresidenta Victoria Villarruel “dé un paso al costado” si no está de acuerdo con la gestión libertaria.
El alto funcionario nacional calificó de “barbaridad” y “disparate” los últimos mensajes publicados por Villarruel en X, en los que la vicepresidenta expresó una “genuina preocupación” por el estado del presidente y habló de “persecuciones imaginarias”.
Agregando, ante la consulta periodística que son “agravios impropios de una persona que acompañó al presidente en la fórmula” y, al ser consultado si Villarruel debería renunciar, fue directo: “Que dé un paso al costado. Si cree que es así, que dé un paso al costado, que arme su proceso y que compita”, afirmó. Cerrando con: “En vez de apoyar al Gobierno, en vez de ayudar a sacar el país adelante, siempre pone palos en la rueda; un disparate”.
Si el objetivo de la vicepresidenta era desestabilizar pudo lograrlo y dejar en evidencia tanto a Santilli como a la legisladora Lilia Lemoine, hoy convertida en una “vocera” sin cargo que vive atacando y denostando la figura de la integrante de la fórmula presidencial que eligió parte de la ciudadanía.
Este es uno de los tantos episodios que están señalando el gran marco de desconcierto y de lucha interna que está “implosionando” al oficialismo.
Es un reacomodamiento donde primarán los que tengan más espaldas para soportar los embates que se producen en procura de alcanzar niveles de poder que les permitan decidir, a nivel de Karina Milei y Santiago Caputo.
Esto se produjo en momentos en los cuales el presidente, en brevísima conferencia nacional, expuso los argumentos que dan lugar a las reformas elaboradas para la conversión funcional del Banco Central.
Lo expuesto recibió por partes iguales elogios como conceptos en contrario que, al analizar los contenidos de lo poco adelantado, marcan claramente que no “cierra el Banco Central”, pero lo cercó de una manera que pasa a ser una herramienta que manejara el Ejecutivo a “piaccere”.
Sobre el denominado “grillete fiscal” se introduciría la figura del shutdown o cierre parcial del Estado ante un déficit fiscal prolongado, el titular de la Cámara de Diputados señaló que: “Se trata de una ley complementaria a la reforma del BCRA, aunque aclaró que aún no hay fecha definida para su presentación. Según el esquema anunciado, si el resultado fiscal permanece en desequilibrio durante varios meses consecutivos y el Congreso no lo corrige, se paralizarían las actividades no esenciales del Estado y los miembros del Poder Ejecutivo y el Legislativo dejarían de percibir sus salarios. Una oferta peligrosa que debe ser analizada con extremo cuidado.
Todo indica que el país acumula escenarios de enorme conflictividad, que son parte del mecanismo estratégico, donde prima aprovechar las debilidades de los cuerpos opositores, que hoy no logran reunir socialmente un respaldo, manteniéndose el registro encuestado que no repetirían a Milei, pero de ninguna manera volverían a políticos anteriores.
La realidad indica que falta tiempo, pero la sociedad -o parte de ella- sostiene que no quiere más Milei, tampoco a Cristina Kirchner ni nada kirchnerista o peronista afín.
Están esperando la sorpresa. Así como vino sin que nadie lo viera venir a Milei, hoy manifiestan esperar el recambio con nombres nuevos.
El viento suena fuerte y diferente. Los políticos deberían comenzar a escuchar con más atención.



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