DOMINGO 01 de Noviembre de 2026
 
 
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Realidad y relato...

Dos aspectos del decir y expresarse sobre diferentes situaciones políticas, sociales, económicas, comerciales, que han planteado escenarios divergentes que, de alguna manera, han fracturado la sociedad y que balancean la verdad concreta de la verdad deformada, acomodada a las necesidades de la denominada “post verdad” que sostenía la escritora Beatriz Sarlo.

 

Se ha planteado una difícil tensión entre realidad (los hechos medibles, los datos y la evidencia concreta) y relato (la interpretación, el discurso político o la narrativa mediática construida sobre esos hechos). Es un tema central del análisis contemporáneo sobre comunicación, política y derecho.

Estos dos factores han generado grietas sociales, dada la interpretación que cada uno pretende hacer prevalecer para exponer sus razones sobre determinadas situaciones que afectan a la ciudadanía o gran parte de ella.

Hay, según los eruditos en la materia, conceptos claves que exponen y procuran fundamentar la realidad: “Como el conjunto de sucesos verificables, estadísticas, documentos y situaciones materiales que ocurren independientemente de lo que se diga de ellos”.

En lo relacionado al relato sería: “La forma en que se seleccionan, ordenan y jerarquizan ciertos hechos -a menudo dejando otros fuera- para construir una versión útil, persuasiva o conveniente para un grupo, partido o medio de comunicación”.

En el difícil mecanismo de la interpretación, juegan aspectos que hacen a la credibilidad del destinatario del mensaje o contenidos que se pretende tenga visos de realidad sostenible. Es allí cuando se pone en riesgo el predominio del relato y se establece la sustitución de datos, ya sea políticos o mediáticos y se eligen únicamente los casos o las cifras que lo desconectan de la “realidad”.

Existe en este manejo -hoy utilizado por los distintos sectores políticos para hacer valer sus razonamientos y decisiones- un fuerte impacto social, atento a que lo normativo es tomado exclusivamente bajo la lógica de una “buena historia” y resolver con éxito un problema mediático, pero generan efectos adversos y silenciosos en miles de ciudadanos que no tienen voz en esa narrativa, pero que han sido los destinatarios silenciosos que actúan -en muchas oportunidades- de acuerdo a la incidencia o reflejos de lo “prometido o anunciado”, sin que se haya concretado.

En la escena político-mediática de Argentina, el concepto de “el relato” cobró una centralidad indiscutible a partir de la primera década del siglo XXI, siendo analizado en profundidad desde editoriales, columnas de opinión y la teoría social, que encontraron las falencias que se presentaban cuando se realizaban los anuncios.

Buceando en el contenido profundo del tema, nos encontramos que: “Desde el punto de vista filosófico, las principales tribunas editoriales de la Argentina (como las columnas ensayísticas de Beatriz Sarlo en el diario La Nación) han realizado diferentes abordajes del relato bajo la óptica de la posverdad”.

Según la teoría populista de Laclau, “la política no se dirime en la pura gestión técnica o fáctica, sino en la capacidad de construir una frontera antagónica (pueblo vs. oligarquía, o ‘la gente’ vs. ‘la casta’). Los hechos materiales se subordinan a un significante vacío que unifica demandas sociales dispersas”.

Sobre este particular, liberales-libertarios como Javier Milei y republicanos como el presidente norteamericano Donald Trump sostienen que: “Este enfoque degrada la verdad factual (Hannah Arendt) y debilita las instituciones democráticas, ya que el relato tiende a canonizar una sola interpretación histórica y moral de la realidad, cancelando el disenso”.

En los aspectos conceptuales de los contenidos de la ciencia política, existen dos parámetros claros y precisos que hablan de: polarización y hegemonía discursiva. En Argentina, ambos conceptos como la polarización se basan en las estrategias de “amigo-enemigo”. Axioma de la política de Javier Milei.

El relato es una herramienta de cohesión interna. Las editoriales políticas reflejan que tanto el kirchnerismo, en su momento, como el gobierno de Javier Milei han utilizado narrativas épicas de bandos contrapuestos para justificar reformas radicales. Los parecidos en los procedimientos superan la realidad.

Sobre estas bases se ha generado un divisionismo social interno que está superando todos los niveles de la compresión racional. Cansados y frustrados por “las castas” tradicionales que hicieron de la política una manera de vivir mejor a expensas del “descastado”, dijeron busquemos el cambio. Saltaron al vacío, lleno de relatos y promesas de un mejor futuro y hoy se dan cuenta que volvieron a fracasar. Están peor que antes.

La realidad los saca del tradicional relato y los convirtió en “ningunistas” que están a la espera de que surja el “salvador” y logre recuperar los niveles de empleo, pobreza, indigencia y se inicie el tránsito hacia el futuro, sin tener que depender de un marcado colonialismo al que nos ha llevado el actual oficialismo.

No falta tanto para que la fuerza del voto decida. La ausencia de definiciones genera preocupación en todos los sectores de la vida nacional.

Lo fundamental es que hoy la sociedad sabe distinguir entre realidad y relato, siendo lo más importante que, frente a las urnas, el “mango de la sartén” está en poder del pueblo.

 

 

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