El país convertido en un gran circo, bajo cuya carpa ocurre de todo y se materializa un presente incierto, con muchas dudas, donde se aprecian los farandulescos, los interesados y egoístas que solo quieren salvarse, sin importar los daños que esto provoque y en las “tribunas” se amontonan los que están a la espera de soluciones.
Hay quienes aplauden y celebran “cosas”. No se sabe demasiado bien qué, pero se presentan para ovacionar a un presidente que tiene tiempo, recursos nuestros que utiliza a destajo para disfrutar paseos, dar clases magistrales de un futuro económico que solo él percibe y -como se siente como un rockstar- se sube a un escenario a cantar con quien fuera, en su momento, su pareja.
Canta, lanza amenazas a ideologías que están en las antípodas del liberalismo que dice practicar al modo libertario y seguimos sin entender demasiado.
Reconocemos nuestra supina ignorancia, porque una nutrida concurrencia lo celebra y victorea como si hubiera sido el “campeón del año”, cuando la realidad indica lo contrario.
Se lo sabe extraño, con un pensamiento por momentos difuso, confundido, buscando en algunas apreciaciones irónicas mostrarse como el “supremo” que las sabe todas.
Definitivamente no es para nosotros procurar entender esos comportamientos erráticos y controversiales, que confunde a sus queridos perros con hijos, y que se construye una cabaña al lado de los caniles para que noche a noche los canes se turnen a acompañar sus sueños de grandeza.
Todo raro, difícil de comprender y cuando leemos para “desasnarnos” reflexiones de especialistas en materia del comportamiento humano, análisis de sociólogos, psicólogos, psiquiatras, observamos que ni entre ellos se ponen de acuerdo para definir al presidente que hoy vive en una cabaña que se hizo construir en su residencia de Olivos y desarrolla tareas en la Casa Rosada, epicentro del eje gubernamental nacional.
Un presidente libertario con prácticas anarcocapitalistas -que lleva el récord de viajes al exterior, con agenda y sin agenda, con gastos super millonarios y que pagan los argentinos- y que aún no cumplió con la obligación de concurrir a las provincias que han sido afectadas gravemente por los incendios.
Allí viven argentinos, tal vez muchos de los cuales pusieron su voto a Milei pensando en beneficiarse con el cambio y la actualización generacional, pero es evidente que para el primer magistrado de la Nación los incendios no son su problema. Es un factor climático que ocurre casi todos los años y los dañados que se las rebusquen como puedan.
A esta actitud discriminatoria han respondido los gobernadores de la patagonia que, en conjunto, reclaman se restablezcan los recursos que con la aplicación del plan de desregulación y transformación del Estado les sacó a los Estados Federales porque consideraba que eran innecesarios.
El drama que se genera por los efectos que provoca el fuego es devastador. Los principales afectados no cuentan con fondos para responder a las necesidades que resultan imprescindibles para los miles de ciudadanos que han sufrido pérdidas de viviendas y los sectores productivos que ante el siniestro ven coartadas sus posibilidades de recomponer sus economías.
Según se aprecia, nada de esto parece conmover al presidente Javier Milei y su entorno. Sí reaccionan con vehemencia cuando deben mostrar su obediencia y sumisión a quien les brindó la posibilidad de ser gobierno, el presidente norteamericano Donald Trump, quien obra como si la Argentina fuera parte del mundo estadounidense.
Mientras estos escenarios se van montando, algunos como cortinas de humo entre la realidad y aquello que verdaderamente está sucediendo, Javier Milei sigue pensando en cómo lograr consensuar gobernadores y sectores políticos legislativos para obtener el voto positivo en dos o tres proyectos de leyes que hoy están siendo analizados en el marco del Congreso Nacional y que serán tratados a lo largo del mes de febrero, fecha de la segunda etapa de extraordinarias.
Sus apariciones tienen un enorme contenido farandulesco, sintiéndose una “estrella” que deslumbra porque puede subirse a un escenario y cantar -bueno, eso que intenta hacer- favorecido por la presencia de una verdadera figura de las tablas como Fátima Flores.
No encontramos antecedentes que nos permitieran comparar estas apariciones histriónicas que buscan, por un lugar inexplorado en política, ganar consenso popular.
Se recuerda las tristes y lamentables apariciones del presidente Fernando de la Rúa, en programas que menoscabaron su figura presidencial y lo hicieron objeto de burlas destruyendo la imagen institucional que representa un mandatario.
Javier Milei viene de ese mundo ficticio, donde todos actúan, donde lo genuino no existe, porque todo está guionado y solo persigue el objetivo de ganar rating. De ese “circo” con una montura de economista, salió el presidente argentino que hoy quiere volver a las tablas o por lo menos compartir su mandato con el espectáculo.
Por eso reiteramos: una broma no fue, tomarlo en serio sería desvirtuar la imagen del primer mandatario argentino. Fue simplemente Javier Milei, un personaje diferente.



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