Un fenómeno social no sabe medir el alcance de la euforia y se anticipa a los resultados. Naturalmente, no se puede involucrar a toda la sociedad, pero sí a gran parte que se deja llevar por los “mensajeros” condicionados ideológicamente y ven victorias anticipadas.
La expresión popular sobre comer la liebre sin cazarla refleja el escenario político tras el balotaje presidencial en Brasil, donde Luiz Inácio Lula da Silva concretó una remontada histórica frente a Flávio Bolsonaro, señala el problema de los anticipos que obedecen más a las cercanías ideológicas o compromisos políticos que a la realidad.
El veredicto de las urnas demostró que los mercados financieros y el campamento de la derecha celebraron un triunfo anticipado que finalmente no se concretó de la forma proyectada.
Eufórico y con la voz ronca, Luiz Inácio Lula da Silva celebró su inesperado triunfo electoral ante Flávio Bolsonaro como “una derrota de la mentira y el negacionismo”. Lula remontó la desventaja de la primera vuelta ante la ultraderecha y ganó un cuarto mandato con el 52% de los votos.
Consigue un cuarto mandato y se convierte en una figura histórica. Tras superar los malos pronósticos logra una recuperación fidedigna, el líder del Partido de los Trabajadores se impuso por más de cuatro millones de votos a Bolsonaro y vuelve a los 87 años a mantener la hegemonía del poder en el país más poderoso de Sudamérica.
Fue sorpresa para muchos que celebraron con demasiada antelación, sin reparar que las decisiones finales corren por cuenta de la ciudadanía -en este caso la brasileña. Y pone de relieve que “los de afuera son de palo” cuando se tratan intereses del bolsillo y futuro de la sociedad o de parte de ella.
Nadie reparó en los daños colaterales que podrían provocar la intervención de representaciones políticas ajenas a los intereses brasileños. La pretendida influencia de Donald Trump que jugó -como es su habitual estrategia: a dos bandas y la presencia irrespetuosa del presidente Javier Milei- rompiendo todos los códigos diplomáticos al meterse en una campaña que involucró a muchos argentinos que erróneamente tomaron partido. Estas circunstancias son parte de los aspectos que conspiraron para frustrar el intento de Flávio Bolsonaro.
Esta victoria debe ser tomada con cautela. La ciudadanía se expresó, pero marcó un antes y después, dada que la victoria se materializó, dejando expresado que existe un porcentaje que bascula entre un 47 por ciento de la sociedad que pretende un cambio y vio en el voto a Bolsonaro una posibilidad de diferenciarse de la metodología tradicional.
Es una realidad innegable que existe una transformación en la forma de pensar y naturalmente de votar de las diferentes sociedades que han tenido pruebas electorales.
No creemos que una figura disruptiva que pretende erigirse en el líder del cono sur, respaldado por el primer mandatario de los EEUU Donald Trump, haya sido motorizador de un cambio ideológico que llevaba años en el poder.
Las ciudadanías venían reclamando cambios, sentirse respaldados y lograr tener crecimiento y futuro. El tradicionalismo político, que llevaba décadas en el poder y como el caso manifestado por la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner, la próxima etapa era “Ir por todo”.
La frasecita que parecía inocente, alertó a un importante segmento de la sociedad, fundamentalmente de los más jóvenes en plena efervescencia de la rebeldía juvenil que no aceptaron esos acondicionamientos y se prendieron a quien ofició de vocero farandulesco y captó, con inteligencia y desparpajo, mostrando no tener límites sociales a quienes pensaban como él manifestaba debería ser el futuro gobierno: “Con un mini Estado, abriendo las puertas al gran mercado, sin importar quién caía y abrir la libre competencia”.
Lula es el primer candidato en la historia de Brasil que logra dar vuelta una elección y ganar el balotaje tras haber sido superado en la primera vuelta. Con casi 81 años, se asegura un cuarto mandato no consecutivo, que mantiene otras definiciones para su proyecto de gobierno que comienza en el mes de enero del 2027.
La experiencia recogida a lo largo de sus 81, como obrero, posteriormente como dirigente gremial purgando una condena y lograr un hito histórico en la vida política brasileña, será difícil de fracturar; por contrario existe una tendencia que ampliará su respaldo ciudadano y le dará las herramientas para seguir siendo el país más poderoso de Sudamérica.
La victoria se construyó mediante la apelación a las clases populares a través del adelanto de pagos del programa Bolsa Familia y la reducción de la semana laboral de seis a cinco días. También influyó una fuerte movilización ciudadana y digital de último momento que logró reducir la abstención.
El triunfo se dio en un clima de extrema polarización y ante las denuncias de su rival, Flávio Bolsonaro, quien no reconoció inicialmente el resultado y amagó con pedir la anulación del proceso ante la justicia electoral.
Esta victoria interrumpe una racha de siete elecciones consecutivas ganadas por la derecha en la región y devuelve un fuerte impulso anímico a la izquierda latinoamericana.
El impacto en Argentina: el resultado altera el equilibrio político del Cono Sur. Significa un fuerte golpe discursivo para el presidente argentino Javier Milei, quien intervino activamente en la campaña en favor del bolsonarismo. El triunfo de Lula aísla a Milei regionalmente tras el reconocimiento de la victoria por parte de otros mandatarios de derecha de la zona (como Santiago Peña en Paraguay) y pone a prueba la relación comercial y cambiaria en el Mercosur.
Ahora es cuestión de tiempo para ver los efectos. El error fue almorzar antes de tiempo.



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