MIÉRCOLES 16 de Septiembre de 2026
 
 
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Nos peleamos con todos...

No es una novedad ni puede significar sorpresa que cuando confrontan “pesos pesados” con “peso mosquito” nunca se puede esperar una lucha pareja, es francamente un “homicidio” consentido.

 

Parece rara la terminología, pero es el panorama que ofrece Argentina a través de la lucha que mantiene el presidente argentino Javier Milei, enarbolando un poderío inexistente frente a los poderosos del primer mundo, siendo un emergente, sin desarrollo pleno.

La “pelea” es tremendamente desigual y solo es comprensible si existe un sometimiento esclavizante con alguno de los “grandes” contendientes, pensando que eso le puede brindar oportunidades de enrolarse como uno de ellos.

El presidente libertario, mostrando un cuadro desbordante y agresivo, ha salido a dar conferencias, charlas y exposiciones periodísticas variadas, en las que está mostrando un desorden interno, al que el libertario ha denominado “salir a jugarse contra él mismo”, para lograr respaldo social por un nuevo mandato.

Esgrime, casi en forma permanente, que cuenta con el apoyo incondicional de los EEUU e Israel, a los cuales ha entregado voluntariamente la “independencia nacional”, acción que ha concretado sin contar con el apoyo legislativo correspondiente. Es su decisión y voluntad llevarse puestos a 47 millones de argentinos, muchos de los cuales no coinciden con esa postura.

Se ha concretado un alineamiento que el gobierno actual de Javier Milei define como su política exterior. Esto lo traduce en una alianza que el presidente expresó desde su campaña y conforma la decisión de un bloque firme con Estados Unidos e Israel.

Las bases que el libertario-anarcocapitalista esgrime se apoyan en un acuerdo comercial: En el plano económico, este vínculo se formalizó con la firma del Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos para reducir barreras arancelarias.

Se registró un proceso a medias, dado que los favores han sido explicitados pero la realidad indicó que se ejecutaron sin terminarlos o aún está en la mesa de las consideraciones futuras o de las decisiones que Trump le imparta a Scott Bessent o Marco Rubio. Con Israel, hasta la fecha se han convenido acuerdos todos aparentemente favorables a la relación que mantiene con Netanyahu, pero hay demasiada letra chica y mucho de confidencialidad que la comunidad desconoce.

Ha provocado cierto asombro en propios y ajenos la “belicosidad” que surge de cada presentación presidencial. Abundan los insultos, los agravios, achacándoles responsabilidades a una parte de la prensa que se atreve a cumplir su cometido de informar, y en muchos casos de opinar, situación que ha generado enconos, profunda animadversión, derramando un odio que está contagiando a sectores sociales que pertenecen al núcleo duro de LLA.

En este escenario de mucha conflictividad se ha comenzado a tener roces de carácter diplomático con China, España, disparidad de criterios para manejar en Mercosur con Paraguay y el no reparado daño que produjeron las exposiciones que el presidente argentino hizo en Brasil, en apoyo del candidato que enfrentará al actual presidente Lula da Silva, Flavio Bolsonaro, oportunidad donde no solo insultó al primer mandatario carioca sino lo acusó de ladrón y otras “lindeces” que se le ocurrieron.

La realidad es que el gobierno argentino está enfrentando todo aquello que se le cruza y piensa ideológicamente diferente. Es una cruzada libertaria para alcanzar un liderazgo con el cual “sueña y se enferma” el primer mandatario.

Ahora está en pleno desarrollo el tema de Malvinas, en razón de la posición que asumió el presidente Donald Trump, quien demostró su enojo por la actitud del Reino Unido de no aceptar colocar controles en el paso de Ormuz y la reticencia del primer Ministro británico de aceptar los condicionamientos del presidente norteamericano en relación a la OTAN.

Trump, dada su acostumbrada acción de generar situaciones a las que nunca define pero condicionan al oponente, hizo lo mismo amte la disparidad de criterios que Argentina mantiene con el Reino Unido por los derechos hacia Malvinas, tema en los que el gobierno americano había mantenido una actitud neutral y que hoy -según el estadounidense- podría rever si no se acuerda posiciones entre los grandes.

En ese “entente” donde se juegan escenarios de orden económico, político y de trato diplomático, Argentina, versión Milei, entendió que se avanzaba en ciertas “negociaciones” inexistentes, a excepción de las explotaciones petroleras que están en danza y a las cuales “Argentina”, según ha trascendido, buscaría mecanismos sancionatorios para aquellas empresas que se asienten sin contar con la aprobación de este país.

El tema no se supone claro, faltan precisiones legales y las formas que se podrían adoptar, especialmente cuando una de las empresas que ya están instalando equipos pertenece a Israel y la otra a los EEUU. Todo muy raro, difícil de comprender y de ver hasta dónde Javier Milei podrá imponer condicionamientos.

Ese estado de incomprensión que anida en una gran parte de los argentinos se realimenta con imprecisiones que señalan que: “Algo no esta bien”.

En su reciente exposición en el Foro de Madrid que se celebró en Santiago de Chile, el presidente reivindicó al dictador Augusto Pinochet y tuvo un acto fallido que sorprendió a propios y ajenos al expresar que: “Si analizamos con un mínimo grado de honestidad y nos comparamos con los gobiernos anteriores, está claro que nunca nuestro modelo funcionó”.

A confesión de parte relevo de pruebas, dice la jurisprudencia.

Esto viene enredado, confuso, con muchas contradicciones que desorientan a gran parte de la sociedad que, hoy, es simplemente un espectador de la contienda política que se realiza entre los sectores con aspiraciones al 2027.

 

 

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