DOMINGO 03 de Mayo de 2026
 
 
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Milei: ¿Se está cayendo o es solo estrategia?...

Esa pregunta ya está presente en los círculos que, por su poder económico y su manejo de las estructuras políticas, están ante una figura que les sirvió para revertir un proceso que no quieren repetir y hoy ven que ha comenzado a desmoronarse porque se lo “comió” el personaje.

Esta situación venía perfilándose, y si bien no se había materializado antes, era por efectos de contención de quienes, aún, no tienen uno o dos nombres que puedan utilizar para el reemplazo.

Aparecieron algunos posibles candidatos, pero más allá de las negativas personales de algunos de ellos para salir al campo de juego y disputar, gran parte de la sociedad está con otros problemas y salvo los “duros”, que son un grupete, el resto está preocupado por su futuro y el de su familia.

Hoy los que denotan preocupación y han comenzado a reunirse con motivaciones diversas, son los “grandes empresarios argentinos”, preocupados por una extraña polarización: libertarios-kirchneristas, con la cual no coinciden, por el contrario, la consideran un profundo error político.

En ese marco de los que entre bambalinas digitan gran parte del poder, apareció el ex presidente Mauricio Macri, quien es parte de ese grupo selecto por su posicionamiento económico y comparte el rechazo a regresar al pasado, que en este caso sería facilitar el empoderamiento del actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, a quien consideran la continuidad de un proceso que pretenden nunca más se reinstale.

Están convencidos que la etapa de Javier Milei se está terminando y eso les preocupa, dado que persisten en mantener los lineamientos del capitalismo como la fórmula que, desarrollada, permitirá reencontrarse con un país creciendo y buscando el desarrollo integral de todos los sectores de la sociedad.

Apoyaron y respaldaron a un emergente economista desconocido, que mostraba una orientacíón ideológica que tenía coincidencias operativas en la búsqueda de volver a imponer el libre mercado, conjugar el pleno derecho a la propiedad y facilitar los mecanismos de la libre operabilidad de, en este caso, Pymes, para que recuperaran su poder y alcanzaran los niveles no solo de productividad sino de competencia con un mercado que pretende abrirse al primer mundo.

Creyeron que el personaje elegido morigeraría sus desbordes emocionales y respondería a los lineamientos que ameritan la prudencia, el respeto, la consideración por el otro y se encontraron con un “autodidacta” que constituye su familia con “cuatro perros”, a los que llama sus hijos, que se siente empoderado mundialmente y se entrega sin condicionamientos a un grande y poderoso como Donald Trump, presidente de una de las potencias más grandes del primer mundo y se vuelca decididamente al sionismo como su meta religiosa.

Nada de lo previsto; alguien muy conocido en el ambiente de los “grandes” diría “salió el tiro por la culata”. En realidad, destruir para intentar luego desde la nada, volver a levantar un país no estaba en los planes de quienes apostaron a salir decididamente de la centro izquierda y comenzar a transitar una tendencia mundial del ejercicio de la derecha, encasillada en el liberalismo-conservadorismo que hoy tiene poderosos representantes.

Es factible creer que nadie del grupo de los más grandes, conocidos por ser parte del “Círculo rojo”, habían considerado factible estos desvíos de conducta del desconocido que ofrecía como capital tener en cuenta su formación como economista liberal-anarcocapitalista.

La figura del expresidente Mauricio Macri aportó su gente, con la cual había experimentado un mandato gubernamental que finalmente resultó un fracaso, por el grueso error de subestimar al elegir el rival a quien enfrentar y por operativas económicas inadecuadas para un país -pseudo- emergente.

Pero dejó en ese acuerdo incondicional, -que ya sonó como un nuevo error, generado en el apresuramiernto que entendieron era necesario ante la figura de un oponente que venía respaldado por las fuerzas de la continuidad política y si le dejaban margen podría ser el nuevo presidente, Sergio Massa, un político salido de las entrañas del kirchnerismo- la pauta que los errores en la política de una manera u otra se pagan.

Pero volvió a repetirse el axioma que para ganar siempre hay que “pegar justo y en el momento oportuno”, sino es derrota asegurada. Y así lo fue, en una mesa chica, Macri entregó a un genio de la mimetización política como Patricia Bullrich, y parte de los que habían sido su equipo, y puso a la disposición de un ególatra una estructura política.

A los pocos meses de comenzar a construirse el espacio libertario, se produjeron los roces, que se transformaron en grietas cada vez más profundas y terminaron por la generación de un poder diferente, que no respetaba tejido social, que imponía conductas y había recreado el juego amigo-enemigo.

Se registraron votos de confianza en varias oportunidades, pero el ego, la soberbia, el ejercicio de un poder ilimitado, fueron mostrando que se habían equivocado y hoy enfrentaban a un libertario empoderado que tampoco los respetaba y pretendía convertirlos en sumisos súbditos.

La experiencia tiene un costo y la Argentina lo está pagando; los integrantes del “Circulo rojo” lo saben y ven la necesidad de un cambio para evitar que el tsunami que se percibe los arrastre.

La pérdida de imagen, el descreimiento de un gobierno que operaba para buscar reacomodar los niveles sociales, es evidente que son un fracaso y una economía que no logra sustento ni equilibrio, están marcando que el presidente Javier Milei se está hundiendo sin que aparezcan soluciones milagrosas, a excepción de la mano de su mentor norteamericano que -hoy- está preocupado por mantenerse en el poder de los EEUU.

Este proceso lo advirtieron muchos observadores, consultores políticos que al señalarlo fueron considerados enemigos.

Pero la realidad tiene cada de hereje, aunque Javier Milei se obstine en no verlo. 

La pregunta sigue sin repuesta: ¿Se cae, o es una estrategia?
 

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