Parece una broma, pero es la realidad que se desprende de las mismas palabras que el presidente libertario Javier Milei dejó en la exposición realizada en el encuentro de AmCham Summit 2026, cuando le tocó explicar a los miles de empresarios y especialistas presentes qué estaba ocurriendo con la inflación.
Se lo sabe controvertido, difícil de entender dada su proyección mental a sentirse un “enviado” para salvar a
Un verdadero sincericidio expresar que: “El número inflacionario estaba arriba de lo esperado por las previsiones oficiales. El dato es malo. No nos gusta, ya que la inflación nos repugna”.
Si al presidente le provoca ese malestar, que hoy le achaca a los errores que están cometiendo con la política económica y las normativas reguladoras Caputo y Sturzenegger, qué cabe para la ciudadanía que está soportando un achicamiento de sus recursos, debiendo limitarse -cuando no a prohibirse definitivamente- a poder completar la canasta alimentaria, mantener los niveles educacionales de sus hijos y ser consciente de que su estado social actual esta en la línea de la pobreza.
Dada la característica personal que ha diferenciado al presidente actual de mandatarios anteriores, da que pensar que halla asumido los errores cometidos -aunque sea por otros-, pero siguiendo sus directivas y compartiendo ideologías y muchas mentiras.
Porque no pensar que fue una buena o discreta actuación, frente a empresarios, políticos y periodistas que estaban esperando que reconociera que el país está soportando una caída interna de gran volumen, situación que hasta ahora había negado sistemáticamente, acusando de todos los males al kirchnerismo-peronismo.
Sacó un libreto diferente, ya no el ganador ni el que ofrecía la esperanza de un mejor futuro. No dio el discurso que esperaban los asistentes. “Hoy lo que tenemos es incertidumbre sobre el nivel de consumo y el alza que hubo en los precios”, no parecían expresiones de un Milei que siempre se mostraba ganador y los inconvenientes que surgían eran parte de la aplicación de las regulaciones, la reformas y el reacomodamiento institucional del país.
Cuando, mostrando a un presidente calmo, que buscaba consensuar con los presentes dijo: “Habitualmente, los políticos cuando reciben un mal dato suelen fingir demencia o hablar de cualquier otra cosa. Nosotros tendríamos un montón de cosas buenas para hablar el día de hoy, pero como soy Milei y detesto la forma de hacer las cosas de la política tradicional, y como odio la inflación, y como el dato no me gustó y me repugna, voy a hablar de inflación”. Le falta cerrar esta frase con un “se la creyeron...”.
La caída de imagen del primer mandatario por efectos diversos, donde se mezclan los reveses de una economía que no cierra internamente y ha comenzado a desmoronarse en la macro, donde se visualiza la desconfianza de los mercados, se le suman los episodios de corruptela de funcionarios en los cuales ha depositado su confianza y hoy son “blanco de
Alguien, tal vez su “alter ego” Karina Milei, le corrió el velo al cuadro donde el presidente se reflejaba diariamente y al que le preguntaba -como en el cuento-: “Espejito, espejito, quién es el mejor presidente de la historia”. Es evidente que la respuesta, esta vez no resultó lo que esperaba.
La realidad está superando holgadamente el relato y eso queda demostrado en las diferentes encuestas que hoy son reflejadas por redes sociales y portales, donde la figura presidencial que avanzaba y que tras la victoria de las elecciones de medio término había logrado ganarse respaldo legislativo se comenzó a derrumbar, y fundamentalmente a perder la confianza de un electorado, que sin ser de
También aparecieron -nunca se fueron- analistas económicos, muchos de los cuales fueron colaboradores estrechos en el principio del armado mileista, a quienes el “verborrágico” presidente señaló como “econochantas” que hoy sostiene que: “Está todo muy lindo, muy divertido. Los mercados, la política. Todo lo que nos hace reír la realidad argentina para no llorar. Porque las cosas van muy mal económicamente. Y políticamente, ni hablemos”.
En una entrevista recogida por un medio porteño, el abogado, empresario y analista financiero Carlos Maslatón lanzó duras críticas al programa económico de Javier Milei y alertó que “el modelo puesto en marcha por el Presidente y el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, llega a su fin de forma inminente, al tiempo que trazó un paralelismo entre las medidas adoptadas por el equipo libertario y la dictadura y el gobierno de Mauricio Macri”.
Un horizonte tormentoso, social, económica y financieramente es el que enfrenta el presidente Javier Milei, al punto de tener que llegar a reconocer que las cosas “no andan bien”. Esa actitud marca claramente que el “triunfador” está perdiendo por un amplio margen de puntos.
A su favor, aún juega el hecho de que la sociedad, ese 67 por ciento que manifiesta que no lo votaría, todavía no tiene candidato. Los sectores opositores siguen en un panorama desconcertante, donde las internas por quedarse con el “trono” indica que siguen siendo los mismos a quienes una gran parte de la sociedad ya les dijo que no quiere repetir.
Hoy es una pelea donde Javier Milei está enfrentando a Javier Milei. El fracaso es uno de los resultados. Tuvo en sus manos la gran posibilidad, pero no supo aprovecharlo adecuadamente.
El cierre final podría ser que su mentor, y a quien Milei rinde pleitesía, no le alcancen los votos que lo respalden en las próximas elecciones intermedias en EEUU, que ya le está diciendo que no quiere volver a repetir.
Ese sería el final de la obra libertaria.



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