De acuerdo a ciertas actitudes que trascienden el marco de la diplomacia, de alguna manera permiten establecer cuáles son los aspectos de coincidencias que unen a los países, y quiénes son políticamente influyentes.
Mucho tiene que ver lo ideológico, pero ante las características que perfilan el nuevo orden mundial que ha iniciado Donald Trump, secundado por sus aliados incondicionales, por caso Argentina, y que encuentra similar intencionalidad en el gigante asiático -hoy el país que muestra un mayor ordenamiento social- y Rusia, que hace un tiempo emprendió el proyecto de consolidar el poder territorial y político, hay señales que indican que en ese reacomodamiento muchos van a quedar afuera.
La figura de Javier Milei, presidente libertario que procura asociación mediante con los EEUU, se “vende” de varias maneras. Muchas veces, producto de esas visitas que realiza para mostrarse como un líder del liberalismo.
La imagen internacional de Javier Milei se perfila profundamente polarizada y se encuentra en una etapa de desgaste. Para unos es un disruptivo reformador que desafía el statu quo económico, mientras que para otros representa un riesgo institucional y un síntoma de retroceso democrático acompañado de tensiones financieras y de gestión.
Algunos aspectos que han trascendido en este nuevo periplo libertario realizado, con epicentro en España, ante las puertas de un proceso eleccionario donde se juega el liderazgo de Pedro Sánchez, o la irrupción en el poder gubernamental de la extrema derecha, ha dejado muchas dudas respecto a la construcción de saber qué intenta el presidente Milei.
Abundan las dudas y se notan las estrategias de mantener distancias entre entre la extrema derecha de Vox y el presidente libertario, atento que las actitudes agresivas e insultos que Milei dirige hacia quienes están en la vereda opuesta a sus convicciones políticas, pueden resultar un bumerang que conspire con los objetivos de llegar al poder en la contienda electoral que se espera para noviembre.
Paseó en diversos lugares españoles, dio algunas charlas y conferencias, se peleó con periodistas por preguntas que no le agradaron y mostró claramente que su agenda estaba vacía de contenido oficial, dejando ver que responde exclusivamente a su intento de ser reconocido como líder de un liberalismo que pareciera ser el síntoma que se vivencia en el primer mundo; la mayoría de los poderosos de la Unión Europea y, en ese terreno, Javier Milei, un emergente, que insulta, denosta , agrede y en muchos casos para los operadores políticos resta más que sumar.
La derecha global percibe al mandatario argentino como: Un aliado ideológico y un ícono de la “nueva derecha” o el libertarismo antisistema, con afinidades explícitas hacia figuras como Donald Trump o movimientos conservadores globales. Pero mantienen una actitud de observadores para ver los resultados.
Las consideraciones positivas que de ninguna manera lo erigen en un “mesías” o enviado con poderes por sobre el resto del aparato político mundial, encuentran una barrera concreta en publicaciones como The Economist y Financial Times, que han advertido que Milei, “atraviesa ‘serios problemas’ debido al estancamiento o fragilidad económica, el impacto social del ajuste y denuncias o escándalos políticos que afectan su reputación”.
Otros aspectos que no aportan sino que señala fallas, son los señalados por los Organismos de Derechos Humanos y libertad de expresión: “Instituciones y ONG (como Reporteros sin Fronteras o debates en la CIDH) han documentado una agudización de la retórica agresiva contra periodistas y un cambio drástico en la diplomacia argentina en foros multilaterales”.
Pese al posicionamiento que Milei pretende el pueblo argentino vea, su alineamiento automático con Israel y Estados Unidos y su duro posicionamiento frente a líderes de la región (como Brasil, Colombia o México) con los cuales ha tenido duros roces verbales, han motivado un aislamiento parcial de la Argentina con los consensos tradicionales de América Latina.
Existen diversos aspectos que pueden señalarse como “aciertos” del presidente Milei que le han valido un reconocimiento interno y externo. El sostener principalmente el equilibrio fiscal, el respaldo de sectores aliados en el Congreso y un núcleo duro de apoyo social. Por otro lado, enfrenta el desgaste por el ajuste económico, la pérdida de popularidad en sectores de clase media y los riesgos de una economía que busca reactivarse sin descuidar las cuentas públicas, con un profundo daño social.
Estos escenarios, que se han ido conformando en casi tres años de gobierno, marcaron avances y retrocesos que no le han permitido consolidarse en ningún entorno. Sus relaciones internacionales y sus numerosos viajes para lograr consensos han comenzado a mostrar recelosos “amigos ideológicos” que piensan que un disruptivo como el presidente argentino daña más que favorece.
España, en la contingencia de una futura elección es uno de los claros ejemplos. Los “popes” del liberalismo tenían agendas que los colocaban lejos de los lugares en donde estaría el presidente argentino, que había viajado para “ayudarlos” en la campaña, y los estrategas de Vox entendieron que era perjudicial.
Desde el ámbito diplomático se dijo, no lo sabemos con certeza, que el presidente Milei pretendió mantener una reunión con el rey Felipe VI, pero Zarzuela le recordó que debía incluir una cita con Pedro Sánchez. La Casa Real aplica ese criterio en las visitas de jefes de Estado extranjeros.
La realidad y la distancia de los sucesos marcan la falsedad de un relato. El viaje fue para hacerle la campaña a los liberales españoles que eligieron no mostrarse y para poner en evidencia que Javier Milei no es más que un subalterno de Donald Trump y su peso político no deja de ser el de un emergente.



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