Claroscuro (del italiano chiaroscuro -pronunciación en italiano: /kja-ro-SKU-ro/-) es una técnica que consiste en el uso de contrastes fuertes entre volúmenes, unos iluminados y otros ensombrecidos, para destacar más efectivamente algunos elementos.
Esta definición llevada al terreno de la política determina que “la expresión ‘claroscuros de la política’ se refiere a la mezcla de aspectos positivos (claros/luces) y negativos (oscuros/sombras) que caracterizan el ejercicio del poder, la gestión pública o la actuación de los actores políticos”.
Es una metáfora que destaca la complejidad y la falta de transparencia total en la política, donde conviven logros y virtudes con corrupción, simulación o errores.
De alguna manera está definiendo “que una gestión, líder o situación no es totalmente buena ni totalmente mala. Representa la coexistencia de zonas de transparencia/éxito con zonas de opacidad/corrupción”.
En resumen, “claroscuros de la política” sugiere evaluar las acciones políticas de manera crítica, reconociendo tanto sus aciertos y avances (como la creación de valor o protección de derechos) como sus fallas y limitaciones (como la corrupción o la falta de ética).
Ese es el escenario en cual pretendemos movernos en esta entrega. Las cuestiones de internismos “salvajes” han desvirtuado la convivencia de una ciudadanía y puesto en tela de juicio si cuando les tocó elegir lo hicieron o no acertadamente..
Para un gran porcentaje de ciudadanos es prematuro, a esta altura del mandato de
El oficialismo, según expresiones no siempre manifestadas como un deseo sino en el marco de una imposición a la sociedad, tiene in mente del presidente Javier Milei repetir un nuevo mandato, pero para ejecutar esta opción debe subsanar y ordenar la competencia desatada en el seno de su staff gubernamental para posicionarse en el podio del poder donde, naturalmente, ya hay dos lugares ocupados por la hermandad Milei.
Es indudable que, factores que han tomado estado público y hablan de un hito de corrupción de funcionarios del gobierno mileista, van en claro perjuicio de los paradigmas que sostiene Javier Milei para su gobierno: un cambio, donde rija la moral política, económica y social, se están cumpliendo.
Ninguno de estos factores serían hoy baluartes de
Enfrente está comenzado a jugar, con hábil estrategia de esconder intenciones futuras, el segmento político que está debajo del paraguas del ex presidente Mauricio Macri.
Ya son varios ex PRO, y ex Juntos por el Cambio, que están buscando la forma de acercarse y han comenzado a tratar de despintarse del “violetismo rabioso”, para ver si pueden continuar usufructuando las mieles del poder político, ante la posibilidad de un cambio.
En otro escenario confuso, donde las peleas son a la luz del día, el operativo Kicillof versus Cristina está en pleno apogeo.
Núcleo duro cristinista-kirchnerista, enfrentando sin tapujos los intentos por posicionarse del hoy gobernador de la provincia de Buenos Aires, que en maniobras de diferente repercusión está intentando “jubilar” a quien hoy purga una condena y lleva acuestas una inhibición a perpetuidad para desempeñar cargos públicos.
Esfuerzos varios que, según quien los transmita, tienen éxito o son inútiles, dado que se está muy lejos de conformar un nuevo partido político manteniendo el mismo piso eleccionario, pero sin relación de continuidad con el gobierno anterior.
Estos son -por ahora- los escenarios que tienen proyección y sirven para la información. Toda una nebulosa que no aclara, por el contrario, cada vez se enrarece y complica más, atento a estrategias que están confundiendo, o ignorando, aquello que ha comenzado a pensar más del 60 por ciento de la sociedad.
Nadie piensa que los verdaderos “enemigos” están adentro y que son el factor que destruye las buenas intenciones. Si es que existen... La realidad nos indica que se abalanzaron en pos de alcanzar liderazgo anticipadamente. Se realiza muy precozmente y eso no siempre es positivo.
En política nunca se juega antes ni después, sino en el momento justo, y estos tiempos no están reflejados en ser el mejor momento.



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