JUEVES 19 de Marzo de 2026
 
 
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Lo que viene, ¿será mejor, o peor que lo vivido?...

Esta es una pregunta que se realiza una gran parte de la sociedad, fundamentalmente aquella que, aún habiendo votado a Javier Milei para darle una nueva oportunidad, ve que su proyecto de vida lentamente se esfuma.

Aquellos que ciegamente dicen que es necesario afrontar el cambio que promete el controvertido presidente libertario -anarcocapitalista- Javier Milei, dudan cuando deben responder sobre el futuro del país en el que viven -junto a padres, hermanos, esposas e hijos- de concretarse todas las normas regulatorias y la transformación integral del Estado.
Se pueden escuchar argumentaciones bien elaboradas que emite un sector del periodismo -que tiene su ideología- y se siente consustanciado con las políticas del extremo liberalismo por el “abrazo del oso” que materializa EEUU. En un afán de encontrarle explicaciones a todo, fundamentalmente haciéndolo en un plano comparativo con anteriores opciones gubernamentales que resultaron verdaderos fracasos y cuyos errores han sido desencadenantes del deterioro y la decadencia de Argentina.
La euforia presidencial y de gran parte de su elenco no satisface la incertidumbre de la comunidad, al ver cómo se caen empleos, se deterioran y cierran emprendimientos industriales, Pymes y comercios que fueron protagonistas esenciales para el crecimiento nacional durante muchas décadas.
Fueron períodos durante los cuales afrontaron vicisitudes referidas a la alternancia de sucesos buenos y malos, o a los cambios y dificultades de la vida, y siempre miraron hacia adelante: Hoy miran el futuro con temor.
Nada de esto está sucediendo en la actualidad. Hace dos años atrás el libertario-economista, surgido de la farándula, Javier Milei, prometía a sus seguidores un target rebelde, de 16 a 35 años y algunos mayores siempre disconformes, que iba a “eliminar la casta corrupta”, que acabaría con los “intermediarios prebendarios” que se quedaban con la plata de los más necesitados... Y eso entusiasmó.
Impondría la vigencia del libre mercadismo, la libre empresa, la más absoluta libertad y de alguna manera el derecho al “libre albedrío”, achicar el Estado y que el resto de la Nación funcionara bajo la premisa de crecer bajo los efectos de su propio esfuerzo y salir a competir con el mundo que nos rodea.
Un buen plan liberal, que mostró a un personaje disruptivo, insultador, agresivo, desafiante, que impuso en vez de convenir y tornó a un gobierno constitucional en una disfrazada democracia, en la que creyeron muchos que decidieron seguir a alguien que les hablaba en un idioma que comprendían.
Así, a grandes rasgos, aparecieron los “trolls” equipos de “pseudo -tecnólogos” que manejaban redes sociales, la AI y otros mecanismos que comenzó a ofrecer el modernismo y fueron copando un segmento de la sociedad y desde allí bombardeaban todo aquello que pretendía decirle a los argentinos -o a parte de ellos- que el rumbo estaba equivocado. Tal vez, no las políticas aplicadas, sí las formas y el objetivo final que se perseguía.
Achicaron la inflación, pero la sociedad no lo noto. Acotaron erogaciones que el Estado protector hacía para mantener con legitimidad ingresos de jubilados, atendía la Salud Pública, establecía los parámetros adecuados para fortalecer las Universidades -que generan profesionales formados que deberán ser los futuros conductores de un país que está despertando generacionalmente-, acometieron contra los institutos de ciencia, investigación y el país se comenzó a desmantelar y sus mejores profesionales, especialistas, investigadores y reconocidos hombres de ciencia decidieron abandonar Argentina en busca de futuro.
Y estamos acá, pensando: ¿qué nos espera?. Un proceso gubernamental de dos años para cumplir un mandato, durante cuyo lapso se reconstruyó una nueva “lacra política” que habla y acciona diferente, pero tiene los mismos vicios, aunque mejor elaborados.
La pregunta podría ser: ¿Se vive mejor?. Un gran porcentaje de la ciudadanía podría responder con justificados argumentos que no. Hay desempleo, una pobreza diferente, las calles de las grandes ciudades lo muestran. Una indigencia que preocupa dado que plantea la ausencia de una solución para mejorar su forma de vida.
Discapacitados que no son atendidos. Servicios de salud deficientes por la ausencia de respaldos. Organismos autárquicos que, de acuerdo a sus espectros científicos, atendían necesidades de sectores agropecuarios y explotaciones agro-ganaderas. En síntesis, la lista sigue y todo señala que o estamos estancados o retrocedemos.
Las encuestas están arrojando datos, que nadie puede asegurar sean certezas, pero muestran una tendencia que hasta ahora no se materializaba: Javier Milei, tras empoderarse en las elecciones de medio término, ha comenzado a caer, en algunos sectores pronunciadamente.
La realidad aparece cuando no están en juego las opciones de elegir, sino que se profundiza sobre las situaciones personales y/o familiares, es allí, en ese punto, que gran parte de la sociedad -casi un 55 por ciento- siente que está mal y que no ve luz al final del túnel, sino más decadencia y caída.
Frigoríficos que se cierran y preanuncian más desempleo. La promesa de los EEUU de aumentar la cuota de carne de 20 mil a 80 mil toneladas, solo es -por ahora- en un anuncio que sirvió para que Milei pudiera ganar en las elecciones intermedias.
El Poder Legislastivo se apresta a dar -si es que consigue los votos- salida al Presupuesto y a la Reforma Laboral, ambas son cuestionadas y pronostican alteraciones sociales de magnitud.

Gobernadores que se reúnen ante la alternativa de que continúen bajando los índices coparticipables y con ello poniendo en riesgo la gobernabilidad de sus provincias. Los sectores del trabajo que pretenden mantener privilegios y no perder status, cuando en verdad el sistema laboral esta destruyéndose.
Estas dificultades dan respuesta a los temores ciudadanos: El país no mejorará, por el contrario seguirá retrayéndose y poniendo en riesgo el futuro.

 

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