MIÉRCOLES 16 de Septiembre de 2026
 
 
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Las motos: armas cargadas...

No es la primera vez que esta columna hace expresa referencia a la situación que se vive en las calles y accesos a General Pico con la presencia incontrolable de las motocicletas.

El notable incremento del vehículo de dos ruedas obedece a las posibilidades económicas que se ofrecen a la venta de los mismos, en cuotas a largo plazo y otros planes que facilitan en la adquisición y se convierten en vehículo elegido por gran parte de la comunidad piquense. 

Ese aumento, también está en consonancia directa con el costo en alza del precio del combustible que llevó a muchos vecinos a decidirse y adoptar el rodado más pequeño que consume menos, tiene menos valor y es de fácil desplazamiento. 

Pero en los últimos meses se han producido un acrecentamiento notable de accidentes donde el protagonismo principal está a cargo de los que conducen motos.  

Los incidentes se repiten a diario y, dado el alto número de ellos circulando por las diferentes calles de la ciudad, sin demasiado acatamiento por las normas establecidas de circulación, ha generado un crecimiento en los indicadores accidentológicos. 

Tres o cuatro, que trascienden, son los siniestros callejeros, acompañados de un comportamiento errático e inconsciente de muchos conductores, en  especial los menores que circulan a exceso de velocidad, no respetan las reglas del tránsito vehicular, se transforman en agresivos conductores que insultan, agreden, amenazan cuando otros conductores, en especial automovilistas, pretenden que se ajusten a pasarlos como corresponde, a respetar la derecha, cuando corresponde en los cruces, a evitar las velocidades máximas y, entre otras maniobras peligrosas que realizan, asumiendo que ellos son los dueños de la calle. 

Lo lamentable de estas circunstancias, que obedecen a la ausencia de una formación educativa, es la gravedad de los últimos sucesos. Choques que se están produciendo a diario, que terminan, tras recibir los primeros auxilios médicos, en alguna sala del Hospital Centeno o en terapia intensiva.  

Al tema, que naturalmente no es una novedad, amerita darle tratamiento, dado que es un severo llamado de atención para toda la sociedad que debería tener muy en cuenta.  

Los servicios de control callejero, generados por la estructura de inspectores municipales y policiales, son continuos y hay que reconocerles que trabajan a destajo. Cubren todo el ámbito urbano, ingresos y circunvalación, con operativos que se perciben a diario y que, de alguna manera, brindan confianza a quienes por diferentes razones circulan en diferentes formas de transporte de las calles de la ciudad. 

Un detalle que agrega un nuevo elemento a la siniestralidad que venimos remarcando: chocan y abandonan a uno de los ocupantes de la moto, supuestamente el acompañante, y dejan la escena antes que arriben el servicio de emergencia médica y la policía.  

Todo hace presumir que existe una anomalía en el vehículo de dos ruedas que pretenden no afrontar. Son menores de edad que conducen a excesiva velocidad, no tienen papeles que los habilite a circular y, por supuesto, lo hacen sin carnet habilitante y eso los convierte en transgresores seriales, a quienes poco les importa el respeto y la convivencia ciudadana. 

Otro fenómeno que se habría vuelto a producir son las famosas “picadas” clandestinas en algunos sectores libre de controles. Con asistencia de los “fanáticos” y acompañantes se pueblan las banquinas desde donde alientan a sus pilotos predilectos y a los más arriesgados.  

En algún momento se había mencionado que las autoridades manejaban la posibilidad de un ámbito específico que pudiera ser debidamente controlado y que permitiera, si es que son viables, este tipo de pruebas de destreza sobre las dos ruedas.  

Estas son alternativas que se van produciendo y que generan proyectos que morigeren el número de accidentes, teniendo en cuenta el crecimiento del parque automotor motociclístico, del cual no poseemos cifras, pero dada la circulación masiva, hace presuponer que va en aumento. 

El tema es preocupante y las autoridades están abocadas a encontrar las mejores formas de controlar lo que se presupone un desborde de jóvenes que sienten el desafío que plantea subirse a una moto y circular por la ciudad desafiando, claramente, las normas en vigencia, poniendo en riesgo sus vidas y las ajenas. 

Según expresaba un funcionario, están analizando la realización de charlas en establecimientos educacionales a los efectos de crear conciencia y que asuman responsabilidades cuando, porque la edad se los permite, acceden al manejo de una motocicleta, bicicleta, patines y monopatines motorizados. 

Debemos ir incorporando formas adecuadas de entender que debemos respetar para ser respetados.  

Los tristes sucesos de los últimos días así lo imponen.

 

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