Es un espíritu “rabioso”, “temerario”, “agresivo”, así lo definen y justifican sus obedientes servidores, que por supuesto no son degenerados, ni traidores, un poco ladrones, tal vez, pero eso se disimula, cuando les realizan consultas sobre las reacciones del presidente Javier Milei.
El sueño mesiánico del libertario está colocando a
La pelea es contra todos, asumiendo el titular del ejecutivo nacional que puede emular o que posee las espaldas de su “mentor”, el presidente estadounidense Donald Trump.
Pero la realidad es el síntoma que nos vuelve al presente y admite que razonemos en un marco de equilibrio mental que nos permita apreciar que no somos del primer mundo, ni siquiera del mediano, apenas un territorio emergente que no puede valerse por sí mismo y que debe apelar al auxilio de los poderosos.
¿Hasta dónde resulta un beneficio tener un presidente que sin los atributos de poder necesarios se quiere llevar a todo el mundo por delante?
Realmente no logramos una explicación coherente, dado que Javier Milei se ve como “un nuevo David que enfrenta a Goliat”, dejando a los argentinos al borde de situaciones realmente litigiosas que pueden derivar en serios inconvenientes de orden económico.
Ya no solo vive en “Narnia” y disfruta del “paraíso” sino que ahora se ve como el guerrero invencible al mando de un ejército integrado por casi 47 millones de personas, donde casi el 50 por ciento la está pasando muy mal y ya ni con las dificultades que le ofrecen escenarios de desempleo, pobreza, indigencia, cierre de empresas, desregulaciones que dejan mucha gente en la calle, puede enfrentarlos, mucho menos si nos peleamos con nuestros vecinos.
La desopilante pelea con el presidente de Brasil -uno de los Estados comercialmente más poderosos a nivel mundial, Luis Lula da Silva-, donde el libertario Javier Milei se mostró como uno de los mejores exponentes de las corrientes liberales extremas y no tuvo mejor decisión que meterse en la política electoral del país vecino, apoyando a Flavio Bolsonaro, hijo de quien fuera presidente y hoy cumple prisión por intento de golpe de Estado, Jair Bolsonaro.
No bastó con ratificar su apoyo ideológico al liberalismo brasilero, sino que se mostró iracundo, con insultos varios y denostaciones inapropiadas hacia el presidente de otra Nación en la cual estaba como presidente visitante.
El suceso se suponía tendría derivaciones diplomáticas, siendo el temor que las hubiera en el terreno de los acuerdos comerciales ya establecidos y algunos a renovarse.
La primera movida que sacudió la estructura de la diplomacia argentina fue el retiro del canciller brasilero hasta nuevo aviso, y rebajó el status diplomático al nivel del secretario de comercio, que será -hoy- el encargado de todo lo atinente a los entendimientos existentes y algunos que están en proceso.
Un gesto similar ya tuvimos con España cuando enfrentó al actual presidente Pedro Sánchez, no solo afectando el trato existente entre ambos países sino opinando sobre episodios que son objeto de investigación de
También estamos distanciados de Putin y con países de medio oriente, al tomar partido en el primer caso por Ucrania y manifestándose un sionista en su apoyo irrestricto a Israel.
En esta parte del continente la pregunta sería: ¿Contra quién no nos hemos peleado o disentido en malos términos?.
El tema para analizar en profundidad es encontrarle una explicación a la guerra emprendida por Javier Milei, para lograr su objetivo de convertirse en líder y la expresión genuina del liberalismo en latinoamérica.
Por ahora los resultados no han sido extremadamente negativos, porque está respaldándonos quien está manejando a través de sus instituciones financieras a
El gran interrogante, que ya se hacen muchos analistas y consultores internacionales ante el debilitamiento interno que está sufriendo Donald Trump es: ¿Qué pasaría si perdiera en las próximas elecciones y ganara el Partido Demócrata?.
Estaríamos en las puertas de quedar expuestos a la “revancha” y eso tendría nefastas consecuencias para la economía interna y externa de Argentina.
La guerra emprendida por egos y soberbias personales no tiene buen fin. A Javier Milei puede no importarle, pero acá viven 47 millones de habitantes y una parte confió en que sería el gestor del cambio y la esperanza de tener un país en pleno crecimiento.
Hoy hay más dudas que certezas sobre nuestro futuro.



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