El mundo se está movilizando y en una gran medida, no para bien. Cuando los mecanismos de la economía mundial muestran un escenario controvertido con avances y retrocesos que hacen presuponer que el manejo de los “poderosos” está incidiendo notablemente en todo el planeta.
La confrontación establecida entre los países más poderosos del primer mundo se está llevando “puestas” las mini economías de países que, sin estar descolocados internamente, han comenzado a ser “presas” elegibles para alcanzar determinados objetivos. Son los denominados: “Puntos geoestratégicos”.
Es un proceso “distributivo” del mundo que está enmarcado en los planes que están elaborando y poniendo en práctica EEUU, Rusia y China, con mediciones de la Unión Europea.
Discuten, simulan amenazas y, bajo cuerda, negocian para ver cómo se realiza la distribución.
Rusia comenzó su “epopeya” avanzando sobre Ucrania, nación sometida a los avatares de una guerra que está viendo cómo puede sostener un margen de independencia.
China, el gigante asiático, juega aplicando la sabiduría oriental de generar espacios de poder basados en la construcción de un país industrializado, con expansión científica creciente, siempre manteniendo el poder centralizado en un gobierno autoritario.
EEUU, merced a la dinámica de su presidente Donald Trump, que posee una actitud avasallante manejando los tiempos y las oportunidades, va ganando un posicionamiento que consolida con el éxito y/o las negociaciones a las que arriba.
Rodeado de un equipo formado por especialistas en el manejo de las estrategias del poder, opera en todo los ámbitos donde se están produciendo situaciones difíciles. Irrumpió en el litigio Israel-Palestina y la formación armada Hamas y logrando -tras asociarse con el primer ministro Netanyahu-, avanzar y ponerle barreras a la continuidad de una guerra que costó innumerables vidas y daños territoriales que hoy tratan de recomponer.
Pudo encontrar la forma de ingresar en Sudamérica, merced a la entrega incondicional y la entrega económica a través del FMI y a los condicionamientos a los que se sometió el presidente argentino, Javier Milei, para alcanzar respaldo en su gestión de liderazgo libertario en el cono sur, y comenzó con el desplazamiento del asentamiento del gobierno Chino en diversas partes del país, fundamentalmente en la Patagonia, donde previa instalación de una base denominada científica planificaban una extensión territorial al Atlántico Sur, que les permitiría el acceso a la Antártida.
Esos manejos de los poderosos que avanzan sobre territorios que consideran propicios por sus recursos naturales, significó el avance de las negociaciones que hábilmente generó Trump y su círculo del poder, donde juegan un papel preponderante Marco Rubio, Scott Bessent y muy pocos más que responden a una planificación que los entendidos han denominado la vigencia de un nuevo orden mundial.
Todos estos nuevos mecanismos, enfrentamientos y negociaciones, son movilizantes de cuestiones económicas, donde imperan los mercados que responden al manejo de los poderosos inversores que van marcando los lugares que les brindan mayor rentabilidad y, de ser factible y existir seguridad jurídica, ingresar en el terreno de la energía, la tecnología y el petróleo.
Estos vaivenes de la política internacional motorizan un desorden económico que está conspirando con el crecimiento y desarrollo de muchos países, fundamentalmente los considerados en “estado emergente”, que tienen recursos naturales pero están impedidos de poder explotarlos y ser parte del “gran mercado mundial”.
Argentina no es ajena a los desequilibrios que se producen, encontrándose en una situación de crisis interna que conspira con los proyectos libertarios de una macro economía que hoy está paralizada y no derrama sus efectos sobre una micro inexistente, por lo menos por ahora.
La expresión “patas arriba” significa que algo está en total desorden, revuelto, invertido o fuera de su estado normal. Cuando se utiliza en contextos formales como la economía, la política o los negocios, los analistas y expertos suelen definir una situación de esta naturaleza mediante conceptos técnicos específicos que describen la pérdida de control y la inestabilidad.
Y finalmente se produce una situación donde las reglas del juego cambian por completo, rompiendo las cadenas de suministro, los modelos de negocio tradicionales o las estructuras institucionales.
Este es el gran escenario que han montado los poderosos del primer mundo, que procuran establecer cambios profundos en el equilibrio de poder geopolítico global.
Argentina enfrenta el “Gran cambio”. ¿Podrá sobrellevarlo?.



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