Es un síntoma que el oficialismo insiste en negar. La realidad se impone a todos los argentinos “de bien”, como le gusta decir al presidente libertario. Para los “violetas” quienes intentamos ver un poco más allá y tenemos consideraciones diferenciales con el éxito que pregonan, “no somos de bien”.
Una interesante manera de menoscabar a los que munidos de hechos concretos se animan a decir que el país retrocede, se achica y pierde posibilidades de recuperar mano de obra que ha quedado en la calle.
Cuando mencionan las estadísticas, los analistas del libre comercio e internacionales, los especialistas en recursos empresariales, está claramente evidenciado que no cierran 22 mil empresas en un país que crece y se desarrolla.
Por el contrario, marca una tendencia al achique y la pobreza, generada en el concierto de medidas gubernamentales que hablan de libre comercio e imperio del mandato privado por sobre las obligaciones que constitucionalmente tiene el Estado y que, según Milei-Sturzenegger y sus recetas mágicas, deben desaparecer para dar lugar a que la libre competencia permita un desarrollo que -según ellos- hasta ahora ha estado vedado por políticas prebendarias, excesiva asistencia social y un manejo corrupto de las cajas del Estado.
Manifiesta el oficialismo que los índices indican que se recupera el empleo y que hay menos pobreza e indigencia.
Los números que ellos ven e intentan transmitir están contrariando la realidad efectiva. En qué ámbitos se ubicaron los desempleados de las 22 mil empresas cerradas...
De dónde salen los recursos familiares si no hay quienes tengan trabajo... la mayoría son “changas” que muestran claramente que muchos millones de argentinos, hoy, no tienen para comer y naturalmente para asistir a sus hijos y mandarlos a que se eduquen y preparen para enfrentar el futuro que en la actualidad no existe.
Parece una oleada imparable que el gobierno de Milei intenta desvirtuar y hacer ver como un problema centrado en la actitud egoísta y en el supuesto carácter delincuencial de algunos empresarios.
Sturzenegger explica que la aparición de una competencia más barata permitirá que los argentinos tengan dinero disponible para demandar otros bienes y así se crearán nuevas empresas y habrá más trabajo. Un pensamiento ilusorio que pretende negar la realidad que hoy vive la Argentina y hacerla aparecer como el escalón necesario para crecer, desarrollarse y alcanzar un mejor futuro.
Este proceso vertiginoso se comenzó a evidenciar a fines del 2025 y fue rápidamente disimulado con medidas que, en ningún caso, sirvieron para restablecer el funcionamiento y el orden económico-financiero de quienes anunciaron sus cierres.
Comenzó a vislumbrarse el derrumbe con la apertura irrestricta de la importación. Fueron fabricantes de productos alimenticios como Oreo, Terrabusi o Milka.
La “purga” se hizo notoria en los días previos, cuando se habían multiplicado episodios de despidos, suspensiones, cierres, retiradas de emprendimientos internacionales que eran adquiridos por empresarios argentinos o reconversión de fábricas en importadoras.
De esta manera, la sangría empresarial avanzaba pese a las negativas del gobierno libertario. Marcas clásicas como Essen, Frávega, SKF, Granja Tres Arroyos, Carrefour, Vea, Caromar, Yagyar, Georgalos, Verónica, Dana, Panpack, atraviesan algunos de esos procesos, o todos ellos juntos.
La suma de los empresarios, industriales y comerciantes “malvados” sigue engrosando la lista donde se anotan frigoríficos, supermercados que han comenzado a disminuir sucursales y proceden a prescindir de personal, por caso Chango Más y La Anónima, aunque otros han procedido a achicar sus gastos para establecer, dentro del marco de posibilidades, equilibrar ingresos con egresos.
La grave y malvada enfermedad que el gobierno intenta desvirtuar es la merma del consumo, que cae a pasos agigantados, y eso resquebraja el sistema empresario-comercial y económico.
Este suceso, que se registra en todo el país, obedece a la aparición en el mercado interno de la competencia importada.
El gobierno no lo ignora, pero intenta convencer que para ganar primero hay que perder, sin contemplar que esas pérdidas pertenecen a una generación que está quedando fuera de cualquier circuito de recuperación.
La crisis está y todo parece indicar que -por ahora- llegó para quedarse.



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