MIÉRCOLES 26 de Agosto de 2026
 
 
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Hoy están naciendo los outsiders...

En el ámbito político, un outsider es un candidato o figura pública que no viene de los partidos tradicionales ni de la carrera política habitual y eso es lo que procura una gran parte de la sociedad desilusionada ante el presente que vive.

La nueva categoría procede de un origen externo, gana fama o prestigio en otros sectores como los negocios, el deporte, los medios de comunicación o las artes. Mantiene un discurso anti-establishment, presentándose como una alternativa fresca que va contra “la política de siempre” o contra las élites y, fundamentalmente, su forma sencilla de actuar y su actividad le brinda apoyo popular. Esto es, esencialmente, lo que atrae a votantes descontentos con los partidos tradicionales y que desean un cambio profundo.

Una interesante conjugación ideológica que pone sobre el escenario de la política nacional las opciones que se plantearán, apuntando a las elecciones presidenciales y a las correspondientes provinciales, para iniciar un nuevo período: el 2027/31.

Se están considerando todos los lineamientos que podrían tener lugar en una disputa a la que le puso punto de partida, con un excesivo gesto autoritario, el presidente libertario Javier Milei.

Es a partir de ese “continente” social, que arrancó con el respaldo de un target de 17 a los 35 años, que se ponen en juego alternativas muy controvertidas dado que la estrategia elaborada por el mileismo-caputismo-karinismo fue romper todo aquello que significara el marco opositor.

Con su actitud de inusual violencia, críticas salvajes, insultos y denostaciones, Javier Milei -en su momento- logró romper estructuras de pensamiento diferenciadas, atomizarlas para luego tenderles un “salvavidas de plomo” al procurar que solo había una salida: “Pasarse al mileismo y pintarse de violeta, se piense como se piense”.

Los sectores opositores extremos no aceptaron condicionamiento alguno y salieron a recuperar posiciones en un ámbito social que les había señalado, con el voto de casi el 57 por ciento del electorado, la firme decisión de no repetir anteriores gobiernos entregando, para ello, una “carta de confianza” al desconocido apolítico economista que prometía recuperar el crecimiento, el desarrollo y brindar futuro para las nuevas generaciones.

Las pasiones, en reiteradas oportunidades, se imponen a la racionalidad y algo de estos factores parecen estar conspirando con el armado y sustentación real del sector que se identificaba como peronista-kirchnerista y que hoy es un conjunto multipartidario donde todos pretenden quedarse con el poder.

Sorprende que quienes buscan ser opciones frente a La Libertad Avanza ignoren la decisión social de encaminarse por el cambio. Tal vez, y esto podría ser una explicación, las encuestas realizadas en los dos últimos meses han marcado un deterioro del mileismo y la desconfianza de que se pueda revertir la caída económica interna, que ha provocado la baja del consumo y el aumento de la pobreza social.

El mecanismo económico, sustentando el Superávit Fiscal y Déficit cero, podría ser parte de una estructura adecuada para un país en crecimiento, que haya superado los niveles de emergente y apunte a sumarse al gran movimiento económico-empresarial del mundo en desarrollo.

Pese a la marcada euforia, que persisten en manifestar desde el presidente para abajo en el segmento libertario al sostener Superávit Fiscal y Déficit cero, el país está soportando los recortes, ajustes, reacomodamientos empresariales, desindustrialización masiva, desempleo, pobreza e indigencia más graves de su historia.

Ya es una masa amorfa e incomprensible pensar en qué marco ideológico puede salvar al país del desastre que se avizora... 

Si a este controversial escenario le sumamos las “veleidades” presidenciales, de sentirse un “mesías” que tiene el influjo positivo de las “Fuerzas del Cielo” -aspecto que lo señala como el “líder” de esta parte de sudamérica-, vamos por el camino equivocado, dado que para lograr este cometido la mejor forma que encontró Javier Milei fue someter a la Argentina a los mandatos de Donald Trump, presidente de los EEUU, asociándose incondicionalmente y, según aspectos que se perciben, accediendo a ser gobernados y ordenados desde el país del norte.

Ya no estamos en condiciones de sentirnos de derecha, del centro o de izquierda. La realidad nos indica que hay que conformar un partido argentino, que contemple a todos y procure salir de la caída al vacío en la que se encuentra gran parte de la ciudadanía hoy.

Deberíamos aprovechar lo bueno y eficiente de anteriores gobiernos y, desde una conformación central, lograr que todos concurran sin egoísmos personales, dejando de lado la soberbia, para pensar en función de país sin ponerle nombres propios.

La tarea hoy estaría centralizada en la nueva categoría de dirigentes a los que se denominan “outsiders”. Es decir, aquellos que están por afuera de las políticas tradicionales y de la que se está desarrollando actualmente.

La idea que muchos observan con marcado interés es bucear en los nuevos contenidos de quienes aparecen en escena, sin definirse aún, pero mostrando que todo puede ser si se dan las condiciones sociales para generar un nuevo esquema en el que nadie quede afuera.

¿Será un outsider, o se repetirán errores? Este es el interrogante del presente argentino.

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