Es la nueva escuela política, la del cambio que propicia el presidente libertario Javier Milei. Un marco incierto en donde se plantea una increíble disputa por ganar posicionamientos en la escala del poder mileista. Donde se ha elaborado un “vademécum” que contiene odios personales, envidia, exacerbados egocentrismos, celos, elementos que impone el presidente para tener “esclavos” que le respondan y no funcionarios capaces que cumplan el cometido que les corresponde en la función pública
Hoy reina el terror en las filas de los staff gubernamentales “violetas” de todo el país. Cuando alguien se perfila con más afinidad con alguno de los integrantes del
“triángulo del poder”, comienza a tallar y busca obedientes colaboradores, sacando del medio a quienes llegaron porque no había otro.
Así se van dando los recambios funcionales, sin miedo a equivocarnos, durante dos años del gobierno del anarcocapitalista Javier Milei se ha producido una “purga” de
funcionarios que habían dejado de funcionar y como material inservible son echados sin ninguna consideración.
Podrán, y en realidad lo hacen, disimular esa actitud dictatorial que se da en todos los ámbitos del gobierno y elogian y agradecen los “servicios prestados”, pero los echan
para acomodar a amigos, o recomendados, que pueden ser buenos, nadie puede abrir juicio a priori, pero el mecanismo es deplorable.
Es la operatoria de un gobierno que no repara en el ser humano, sino en qué beneficios le puede brindar y cuando estos comienzan a limitarse por razones morales,
de dignidad personal de quienes cumplen funciones, encuentran el camino para el reemplazo.
Abunda la obsecuencia desmesurada y es común encontrar quienes defienden situaciones de naturaleza diversa, buscando palabras y tonos altos y hasta agresivos
cuando su propia incapacidad y desconocimiento los pasa por arriba.
La constante de un internismo que está ubicado entre la hermana del presidente, Secretaria General de Presidencia, Karina Milei, y el asesor privado presidencial
Santiago Caputo, cuyos efectos derrama sobre el resto del staff, conformándose dos grupos que viven provocándose, buscando conformar a sus jefes.
Ese organigrama es producto de la elaboración que ha hecho Javier Milei, para desde su “sitial” poder tener la última palabra, cumpliendo al pié de la letra las
condiciones del “unicato” gubernamental.
Ahora no saben cómo sacar del fuego al Jefe de Gabinete, que siguiendo la premisa del “haz lo que digo, no lo que hago”, transgredió un principio paradigmático
que el presidente enarbola como la bandera de su gobierno: “No ser como la casta corrupta que gobernó al país”; “Respetar principios morales en todo aquello que hace a
la función pública”; “Terminar con los abusos y la utilización de bienes del Estado, en beneficio del funcionario y o familiares y amigos”.
Manuel Adorni los transgredió a todos.
Hay más consideraciones, pero con estos enunciados Javier Milei pretende que la sociedad vea un cambio en el manejo del gobierno. No hay prerrogativas y se
terminaron las prebendas. Es acá donde surge el interrogante: ¿Qué hará con Manuel Adorni?.
Con su soberbia habitual y con esa frase de “Yo de mi vida privada no hablo”, olvidó que cuando se asumen funciones públicas, desaparece el ámbito privado y todo
está expuesto a la consideración de quienes le pagan el salario y los beneficios que logra y esa es la ciudadanía en general.
La vida pública del Jefe de Gabinete está en decadencia y cuando se vaya el “humo” es muy posible que Javier Milei le encuentre otra “peguita” en algún lugar del
Estado, para que siga viviendo con la nuestra. Y como el dice el refrán: “muerto el perro se acabó la rabia”.
Pero no se terminan las provocaciones ni concluye el internismo libertario. La vicepresidenta, con una expresión poco habitual en su manera correcta de expresarse,
marcó la cancha y puso en evidencia que los escenarios están cada vez más definidos y Milei no solo tendrá que ganar afuera, sino adentro de su propio gobierno, la
continuidad del mandato.
Ahora en estos cruces virulentos aparecieron los que piden se rindan cuentas. Si pregonás decencia, honestidad, corrección, moral política, tendrás que explicar qué pasa
con $Libra y hasta dónde están comprometidas las figuras presidencial y su hermana.
Dejar de pasear por el mundo buscando bases para un liderazgo, que solo existe porque está Trump de respaldo, y ponerse decididamente a trabajar en procura de
alcanzar a frenar la caída del sistema productivo nacional.
No basta pelearse con empresarios a los que, ahora, llama corruptos y prebendarios, vinculados con la política de los chorros, porque mientras pierde tiempo
en esa diatriba que solo hace que Milei sea Milei, se siguen cerrando empresas, comercios, industrias, que no pueden enfrentar la oleada importadora por la desigualdad
de competencia que se ha originado.
Los intercambios provocadores y las internas están generando malestar en una gran parte de la sociedad, que no ve resultados positivos en la economía nacional.
Como surge del refrán: “tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”. Hay sabiduría popular en el dicho y plantea que los tiempos de bonanza y compostura
tienen un límite, en Argentina está fijado por desempleos masivos, pobreza creciente y mucho malestar social.
Ya no hay otra oportunidad. La que cedió la sociedad está agotándose a pasos agigantados.
Lo estarán viendo: Javier Milei y su staff gubernamental.



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