El estado alterado de conciencia en quienes ejercen la política suele describirse en la psicología y la psiquiatría como la embriaguez de poder o, formalmente, el Síndrome de Hubris.
“Es un cambio transitorio de la personalidad provocado por el acceso a posiciones de gran autoridad. En este estado, los gobernantes pierden la perspectiva básica de su gestión, alejándose de la realidad”.
Basta recordar las explicaciones y reflexiones que en diversas oportunidades realizó el neurólogo-periodista Nelson Castro, cuando procuraba identificar adecuadamente el comportamiento que mostraba la entonces presidenta de los argentinos Cristina Fernández de Kirchner.
Señalaba que estaba “fuera de la realidad que vivía gran parte de la sociedad”, entre otros aspectos como la materialización del “Vamos por todo”, que significaba una clara señal de pretender ejercer un poder omnímodo.
Las situaciones que vamos observando surgen de las discrepancias que se perciben cuando el presidente Javier Milei procura explicar porqué, según su criterio, el de su vocero y equipo económico: “Estamos cada vez mejor”. Allí se plantean algunos de los aspectos que se consideran estar ante el Síndrome de Hubris. Una desconexión de la realidad: “El líder confunde sus propios deseos con las necesidades reales del pueblo de forma sistemática”.
Se establece un discurso mesiánico: “El lenguaje se vuelve exaltado, utilizando con frecuencia el ‘nosotros’ real y presentándose como un ‘salvador’. Hay una materialización de la omnipotencia en las acciones donde se diluye el limite entre el poder real y el control absoluto, actuando de forma impulsiva o imprudente”.
Hay -y eso lo registran el presidente y sus adláteres- un desprecio por la crítica: “Cualquier juicio u opinión contraria se interpreta como una ofensa o una traición, ignorando los consejos prácticos”. También se observa una obsesión por la imagen: “Se prioriza de manera desproporcionada la autoglorificación y la proyección superior. El político cree que solo debe rendir cuentas ante una corte superior, como Dios o la Historia”.
Todos estos aspectos nos brindan una pauta a lo que se enfrenta una gran parte de argentinos que creyeron, confiaron, tuvieron una esperanza en un cambio que no se ha producido, por el contrario, a nivel social se ha generado un deterioro que no se sabe cuándo concluirá.
Los que disienten con el relato oficial son enemigos que solo buscan destruir, cuando se están planteando necesidades primarias como poder comer, atender adecuadamente la salud y educar con proyección de futuro a sus hijos.
El presidente Milei sostiene que no ha constituido un error una asociación incondicional al poder de los EEUU, hoy en manos del republicano Donald Trump.
Todos los indicadores señalan que el empresario, que va y viene con sus decisiones según le convengan al programa norteamericano, tiene en cuenta a los países alineados cuando los requiere, ignorándolos cuando de disponer estructuras económico-sociales-financieras requiere el país del norte.
Ahora, el “amigo” afín, dispuso la aplicación de aranceles a más de 60 países, entre ellos Argentina. Si bien hizo diferencias con los más obedientes y en vez del 12,5 % será del 10 %, no deja de ser una carga para los que exporten, con exclusión específica del acero y aluminio.
La alianza estratégica que han coordinado Trump y Milei contempla que La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) fijó el 10 por ciento de arancel para la mayoría de las exportaciones argentinas.
En el marco de estos acuerdos que no han sido refrendados por el Poder Legislativo, en su totalidad plantea un nuevo intento de abrir las puertas a las inversiones extranjeras sin condicionamiento alguno, una de las pretensiones que desde hace años procuran inversores norteamericanos.
La legislación sobre la extranjerización de tierras rurales en Argentina se rige por la Ley 26.737, la cual fija topes estrictos a la titularidad y posesión de campos por parte de personas o empresas extranjeras. Actualmente se debate en el Congreso un proyecto oficialista para modificar o eliminar dichos límites.obre tierras consideradas especiales. A gusto del deseo trumpista.
Las últimas encuestas que se hallan en circulación, y que han sido recogidas por distintos medios de comunicación y redes sociales, remarcan que Javier Milei está siendo condicionado socialmente y se comienza a deteriorar su intento de poder llegar con claridad a un segundo mandato.
Si a este cuadro de situación se le suma que su nuevo vocero, economista él y con el cual comparte ideológicamente el posicionamiento liberal-libertario, ha salido a mostrarse intentando ganar presencia y no deja de tener desaciertos, se está ante un escenario poco favorable a los objetivos de Karina Milei, Santiago Caputo y el mismo presidente.
De una manera u otra todos los que integran el círculo más cercano al presidente Javier Milei están contagiándose de este síndrome que viene como adicional del ejercicio del poder. El presente no ofrece futuro, por el contrario, retrocedemos y nos colonizamos.
Como siempre decimos: La solución la tiene la sociedad.



Escriba su comentario