MIÉRCOLES 16 de Septiembre de 2026
 
 
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El internismo político es un escenario implacable...

La violencia es contagiosa y cuando se produce en los altos niveles gubernamentales, se derrama sobre el resto de los estamentos oficiales e impacta en una gran parte de la sociedad que no puede encarrilar su “metro” cuadrado de vida personal y muchos menos la familiar.

 

El presidente Javier Milei sigue siendo el promotor de esos enfrentamientos, que solo producen rupturas y grietas que, según experiencias anteriores, demoran mucho en cerrarse y no permiten recomponer el tejido social.

Esta situación se da tanto en Nación como en los Estados provinciales. La lucha por el poder y la continuidad ideológica de los gobiernos actuales plantea ámbitos irreconciliables, dados los objetivos que persigue cada fuerza en pugna.

El presidente libertario se siente complacido con ese planteo que está deformando la convivencia argentina. Amigo-enemigo, parece ser la consigna a respetar a rajatabla, más allá de los daños que se puedan ocasionar en uno u otro sentido.

En el estamento nacional hay un clima extraño, que podría determinarse como prudencia en las acciones, en los dichos y posicionamientos que se asuman ante las controversiales actitudes que va mostrando el titular del Poder Ejecutivo y los componentes del “triángulo de hierro”, en especial Karina Milei que sigue ganando terreno y erigiéndose en la que tiene el “bastón de mando” y operando para distanciar a quienes considera operan erróneamente y perjudican a su hermano, hoy proyectando su futuro para un segundo mandato.

Milei salió del “ostracismo” político y hasta funcional que se prolongó por casi 24 días, dando lugar a que se manejaran diferentes situaciones que fueron desde un estado de salud preocupante del presidente hasta que estaba recluido terminando de darle forma a su último libro, relacionado con la “Ética y la moral en la política”.

Pasado ese impasse “motivador de disímiles comentarios y análisis políticos y profesionales”, Milei reapareció “recargado”, ahora presidiendo reuniones de gabinete, una por semana y desarrollando una nutrida agenda de presentaciones en instituciones y viajes al exterior que se desarrollarían durante el mes de septiembre.

Por otro andarivel, Karina Milei reúne a la mesa política y programan salidas al interior del país y reuniones con gobernadores afines, con el propósito de ir conformando acuerdos “frentistas” para los próximos procesos electorales que se avecinan, sin dejar de lado negociar votos legislativos para las leyes que ya están y las que enviarán al Congreso de la Nación durante el mes que se inició.

En las provincias también se registran convulsiones que hablan de la lucha por un posicionamiento a futuro de quienes pretenden darle continuidad a sus mandatos. Córdoba, Santa Fe, La Rioja, Salta, San Juan, son parte del mapa político donde se están jugando los lugares más preponderantes para el 2027.

La Pampa no es ajena a estos ajetreos internos, donde los sectores alientan esperanzas de llegar a competir con posibilidades ciertas de ganar.

El oficialismo pampeano se ha caracterizado durante las últimas décadas en mantener la hegemonía del peronismo, con holgura a veces y otras ajustadamente, pero imponiéndose cuando llegó el momento de las definiciones.

Hoy ese panorama no pareciera ser fácil. Sigue imperando el oficialismo, aunque mostrando aristas competitivas que siempre existieron, pero hoy han percibido “debilidades” internas que hace factible elaborar estrategias para obtener una victoria que no estaba en los papeles.

Alguien que dice saber mucho de la “gesta peronista” sostenía que siempre hubo gritos y amenazas separatistas, pero conformaban parte de esa famosa frase atribuida al General Domingo Perón: “Los peronistas somos como los gatos: cuando parece que nos estamos peleando, en realidad nos estamos reproduciendo”.

Cierto o no, en más de una oportunidad parecían a punto de ser derrotados y cuando se volcaban las urnas aparecía un peronismo unificado, que reordenó su poder en lugar de romperse.

Hoy, con la aparición de La Libertad Avanza, con un mileísmo que logró acumular fuerzas con el voto de los desencantados, todo pareciera tener otro color. El radicalismo, dividido internamente entre los que pretenden el frente ganador, entregando dignidad política, y los que se apegan a las raíces y aceptan el negocio pero no entregan la cabeza.

En el oficialismo, donde impera la fortaleza de la Línea Plural, que lidera y maneja con destreza política el ex gobernador Carlos Verna, y el segmento que responde al gobernador Sergio Ziliotto, están observando el escenario planteado, adentro y afuera del peronismo. Hay silencio, prudencia que marca el “tiempismo” que siempre ha sido una característica que los ha distinguido.

Los próximos meses irán despejando el camino y mostrarán a quiénes están condicionados para las PASO; si se hacen, ya que sería una manera de saber quién tiene los votos, o una interna que convoque a los partidarios para ver quién tiene el poder y, a partir de allí, unificar fuerzas para las finales del 2027.

Hay que esperar, aún hay tiempo y la sociedad está mirando otra película.

 

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