No es un tema nuevo ni tampoco causa sorpresas, siempre existieron los niveles de morosidad activos por diferentes circunstancias, siendo la esencial y fundamental que los recursos que ingresan son siempre menores a los compromisos que la vida diaria te hace adquirir.
Parece extremadamente ridículo intentar desviar las motivaciones que generan la “mora” de un importante segmento de la sociedad que se ve sometido a los avatares de acciones gubernamentales que conspiran con el equilibrio de sus recursos.
El tema fundamental no se basa en procurar justificantes y señalar responsables, sino en la necesidad de instrumentar medidas y acciones que permitan, a la parte social acuciada por este problema, resolver las diferencias que ya alcanzaron a limitarse en gastos en un intento por poder solventar alimentación, educación de sus hijos y salud.
Sobre la base de ese trípode se asientan los gastos
emergentes, mantener una vivienda que -si es propia- da cierta flexibilidad algo que se corta drásticamente cuando es alquilada, y estos montos están liberados y suben sin tener en cuenta que están por encima de los ingresos medios.
La novedad y el factor alterante social es el volumen que está alcanzando el estado deudor, cubriendo varios escenarios que comprometen la continuidad de utilización de los mecanismos instrumentados por entidades crediticias, y otras prestatarias, que están agotando los niveles aceptables de morosidad y se ha comenzado a hipotecar todo aquello que les permite darle continuidad al sistema.
Cuando el Estado sostiene, a través de las expresiones del presidente y del Ministro de Economía, que el tema pasa por la relación entre privados y que no es resorte del gobierno ocuparse de darle una solución, es cuando nos apercibimos que una gran parte de la ciudadanía está en un callejón sin salida cada vez más estrecho.
Dijo Javier Milei: “Nadie les puso un revolver en la cabeza”, intentando explicar la actitud de quienes deben apelar al recurso del préstamo, agravando su situación cuando tampoco pueden responder al compromiso adquirido.
Se supone una respuesta “facilista”, muy propia del libertario, quien no deja de expresar su escasa empatía hacia los sectores más necesitados de
El gran interrogante es qué provocó esa situación. Sin lugar a dudas, las Desregulaciones y
El tema es que para lograr el Superávit Fiscal y alcanzar el Déficit cero hubo que sumir en la miseria a gran parte de la clase media, a los jubilados, poner en riesgo la ciencia, la educación universitaria, la asistencia que está acortando la labor de instituciones que se proyectaban en procura de apuntalar la producción, los sistema de salud; sacarle recursos a las provincias afectando su desarrollo y crecimiento y desconocer la responsabilidad que le cabe al gobierno nacional en el mantenimiento de rutas a las que ha descuidado al punto de convertirlas en “trampas mortales” para quienes se ven obligados a circular por ellas.
Si a estas problemáticas se le suma el intento presidencial de constituirse en líder de un liberalismo sudamericano, tras haber entregado los valores que como Nación tiene Argentina a los EEUU, estamos en graves problemas, muchos de los cuales se agravarán en los tiempos futuros, dado que habrá cuestiones relacionadas con la campaña y el proceso electoral que generarán nuevamente las “prebendas” que compran votos. “Pan para hoy, hambre para mañana”.
Pero lo cuestionable es hoy: hay hambre en la calle, desocupación que se intenta encubrir, sectores empresarios y productivos que cierran o buscan diversificar sus estructuras tomando medidas que tiendan a enfrentar una competencia con el sector importador que, por lo visto, no alcanzan...
Se reclama a instituciones de crédito, bancos, y otras vías de sistemas de comercialización que transformen sus mecanismos, a los efectos de lograr enfrentar que el grueso de morosos siga siendo un problema indisoluble.
Hay dudas de los inversores por la elección de 2027 y se ha hecho conocer la preocupación ante la morosidad, que podría constituir un obstáculo para reactivar el consumo, que sigue cayendo en todos los rubros.
Se movilizan los actores políticos y las encuestas muestran un debilitamiento del gobierno, que procura una reacción intentando acercarse al PRO. Por otra parte, el peronismo se reagrupa.
Hay un crecimiento oculto de las tasas de interés, que conspiran contra la reactivación. El gobierno amplía el uso crediticio del dólar y aumenta la desconfianza externa.
En síntesis: la caída social se amplía y profundiza cada vez más. El gobierno de Milei, hasta ahora, no sabe cómo resolver el problema sin que se altere el Superávit Fiscal y se mantenga el Déficit cero.



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