JUEVES 30 de Abril de 2026
 
 
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Envejecer en el siglo XXI: 

El desafío de cuidar a quienes más lo necesitan

Un fenómeno sin precedentes transforma a las sociedades: las personas viven casi 20 años más que décadas atrás. Argentina enfrenta el reto de crear sistemas de cuidado dignos para una población que envejece aceleradamente.

 

 

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Por primera vez en la historia de la humanidad, vivir más de 80 años dejó de ser una excepción para convertirse en una expectativa real. En Argentina, uno de los países más envejecidos de América Latina, más de 7,2 millones de personas superan los 60 años, lo que representa el 15,7% de la población total. Una revolución demográfica silenciosa que plantea preguntas urgentes: ¿quién cuida a las personas mayores? ¿Cómo se forman quienes se dedican a esta tarea? ¿Qué rol debe asumir el Estado?

 

 

Una revolución demográfica sin manual de instrucciones

 

Las cifras son contundentes: según la ONU, la esperanza de vida alcanza los 79 años para mujeres y 72 para varones a nivel mundial. En América Latina y el Caribe, la expectativa de vida aumentó casi 20 años en las últimas décadas. Este fenómeno, definido por expertos como una de las cuatro “megatendencias” que caracterizan a la población mundial, dejó de ser un tema de unos pocos para convertirse en una realidad que atraviesa familias, instituciones y políticas públicas.

“El envejecimiento demográfico es un tema social, no individual”, advierten las especialistas en gerontología María Victoria Álvarez y Silvana Beatriz Pons. Y agregan: “Asistimos a un proceso único que pone a prueba a las instituciones, familias y comunidades, representando un enorme desafío para las sociedades actuales”.

En 2017, Argentina ratificó la Convención Interamericana sobre Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, comprometiéndose a promover “el pleno goce y ejercicio de todos los derechos humanos” de este sector. Sin embargo, la brecha entre la legislación y la realidad cotidiana sigue siendo significativa.

 

El viejismo: una discriminación invisible

 

Toda cultura construye expectativas y prejuicios sobre cada etapa de la vida. En el caso de las personas mayores, estos estereotipos han cristalizado en lo que se conoce como “viejismo”: la discriminación por edad que se manifiesta en cómo pensamos, sentimos y actuamos hacia quienes envejecen.

“Se trata de una violencia estructural que desvaloriza a las personas mayores”, explican las autoras. Esta discriminación no solo afecta la autoestima y la calidad de vida de los mayores, sino que impide ver sus potencialidades: la experiencia, la innovación y el tejido social de saberes que aportan a todas las generaciones.

Superar estos prejuicios implica considerar a la persona mayor como sujeto activo, capaz de intervenir en la mejora de su propia calidad de vida, y no como un objeto pasivo de cuidado.

 

La crisis del cuidado: un trabajo invisible y feminizado

 

Desde siempre, cuidar ha sido una tarea esencial para el sostenimiento de la vida: cuidar la infancia, proveer alimentos, atender la salud, mantener los espacios comunes. Sin embargo, estas tareas han sido históricamente invisibilizadas y precarizadas, recayendo de manera desproporcionada sobre las mujeres.

Un dato que alarma: según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), las mujeres dedican tres veces más tiempo que los varones a las tareas de cuidado en América Latina y el Caribe. Esta situación coloca a este sector poblacional en condiciones de sobredemanda que afectan gravemente su calidad de vida.

Actualmente, asistimos a lo que los expertos llaman ‘crisis del cuidado‘: una marcada tendencia al individualismo que desdibuja el rol colectivo en la protección y el acompañamiento.

 

Crecer: una propuesta de formación integral

 

Ante este panorama, surge la necesidad de jerarquizar y profesionalizar las tareas de cuidado. El programa Crecer se presenta como una respuesta concreta: un dispositivo de formación continua dirigido tanto a personal profesional como no profesional que se dedica al cuidado de personas mayores, ya sea en instituciones o en domicilios.

La propuesta de Crecer se basa en tres pilares fundamentales:

1. Perspectiva de derechos: Colocar a la persona mayor como sujeto central de las prácticas, no como objeto pasivo.

2. Contenidos accesibles: Brindar conocimientos teóricos y herramientas prácticas de manera clara y confiable.

3. Autocuidado: Atender también las necesidades de quienes cuidan, para optimizar intervenciones y aliviar subjetividades.

 

Un desafío colectivo

 

La planificación de estrategias para el cuidado de personas mayores requiere considerar la manera dinámica en que intervienen todas las instituciones, incluida la familia.

“Ese es nuestro desafío”, concluyen las especialistas.

 

Por: Silvana Beatriz Pons y María Victoria Álvarez.

(Especial para La Reforma)

 

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