Tras el resultado favorable del presidente Javier Milei, obtenido en las elecciones de medio término, que le brindó paridad legislativa además de un notable fortalecimiento, otorgado por el voto positivo, y una nueva oportunidad para reflejar el cambio prometido, el líder libertario manifestó que sus objetivos estaban más firmes que nunca y que no se registraría ninguna marcha atrás que pusiera en riesgo el superávit fiscal, el déficit cero, ni la apertura a los grandes mercados del primer mundo, acción alentada por la entrega sin condicionamientos al presidente republicano de los EEUU, Donald Trump.
Algo así como: “Ya gané , ahora aguanten”...
Este aspecto controversial y, fundamentalmente, escasamente político determinó que tuviera que valerse de recambios en su staff gubernamental y darle “peso y poder” a sus socios colaboradores procedentes del PRO.
Hoy, es evidente que la gestión de Javier Milei atraviesa una etapa de marcado desgaste en la percepción ciudadana. El prolongado bache recesivo de la economía y el impacto directo en los bolsillos han comenzado a erosionar el capital político que el mandatario construyó tras su llegada al poder.
Diversas mediciones de opinión pública reflejan este cambio de tendencia y plantean interrogantes sobre la gobernabilidad hacia los próximos años. A efecto de darle respaldo a este análisis, podemos sostener que el veredicto de los números que se conocen marca la imagen en retroceso.
Múltiples estudios de opinión pública coinciden en que la desaprobación supera hoy a los niveles de respaldo de la Casa Rosada. Según datos recientes de firmas como la Universidad de San Andrés (San Andrés) y AtlasIntel, el rechazo a la gestión presidencial se ubica en torno al 56% - 60%, mientras que la aprobación oscila entre el 36% y el 38%. Por su parte, la consultora Analogías reporta un 58% de imagen negativa. En el plano internacional, el informe Latam Pulse de CB Global Data sitúa al mandatario argentino en el puesto 14 de 18 presidentes de Latinoamérica en términos de imagen positiva.
El trasfondo que materializa esta tendencia es de índole económica: un 54.7% de los encuestados por Giacobbe afirma que la economía empeora y lo sufre directamente, frente a solo un 22% que experimenta mejoras en sus ingresos cotidianos. En estos casos la realidad se impone claramente a cualquier relato.
Según criterios diversos de analistas políticos nacionales e internacionales y consultores que están elaborando tablas comparativas con los restantes países del territorio sudamericano, los cuales están transformando su política tradicional en un liberalismo extremo, el cambio es real y generaría consecuencias inmediatas en el escenario político de gran parte de América del Sur. Territorios que, en la actualidad, son apuntados por los poderosos del primer mundo que pretenden establecer un nuevo orden político-social y económico basado en la fortaleza de un trípode integrado por EEUU, Rusia y China.
Estas profundas alteraciones, según sea su incidencia, operan en perjuicio de quienes están convencidos de que no deben detener su proyecto y analizar sus consecuencias.
Acá, lentamente y con escasas pautas, ha comenzado la caída en los indicadores de apoyo de Milei, suceso que altera las dinámicas del poder y reconfigura el panorama hacia el mediano plazo.
Los sondeos con miras a los comicios legislativos y presidenciales muestran un escenario fragmentado y competitivo. De acuerdo con Analogías, el peronismo unificado registra un 31% de intención de voto frente a un 30.7% de La Libertad Avanza. Existe además un remanente de más del 24% de indecisos que deja un desenlace abierto.
Por otro lado, aparece una segmentación ciudadana donde han comenzado a tener preponderancia los denominados “ningunistas”. Un 55% de los ciudadanos que manifiestan su preferencia por un cambio de signo político en el gobierno, mientras que solo un 32.1% aboga por la continuidad del proyecto libertario. Más dudas que certezas.
Ante la pérdida de sustento basada en los resultados de la microeconomía, la respuesta del Gobierno suele apoyarse en la profundización de la polarización ideológica y la batalla cultural. Este mecanismo busca consolidar el tercio de votantes duros que conserva La Libertad Avanza para mantener su relevancia electoral. Por ahora solo conjeturas, evaluaciones de distinta naturaleza ideológica, que muestran escenarios de conflictos sociales a futuro.
Un plan que vive transformándose sin medir daños colaterales ni reacciones sociales. Un presente zozobrante y ausencia de definiciones claras a futuro conforman la Argentina de hoy.



Escriba su comentario