LUNES 16 de Marzo de 2026
 
 
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El alto costo de una economía de guerra...

“La economía de guerra es la reestructuración del sistema productivo y financiero de un país para volcar todos sus recursos -industria, energía, materias primas y mano de obra- a un esfuerzo determinado, garantizando el abastecimiento básico. Implica una fuerte intervención estatal, racionamiento y, a menudo, la reconversión de industrias civiles”.

 

Esta definición, si bien está referida a una cuestión estrictamente bélica, tiene connotaciones muy específicas que dan cierta claridad a las políticas que está implementando y concretando el libertario Javier Milei.

Ratificando este razonamiento, del cual se excluyen cuestiones ideológicas, surgieron las recientes declaraciones de Mario Grinman, presidente de la Cámara de Comercio, expresando que: ‘‘Algunos vamos a quedar en el camino pero es el precio que hay que pagar para tener una Argentina normal”. ¡¡¡Chocolate por la noticia!!!

Prácticamente es una definición de una “guerra”, en este caso económica y financiera, durante la cual se han concebido normas y correcciones jurídicas que fueron sustento del desarrollo y crecimiento durante muchas décadas para obtener objetivos claros: entronizar una nueva política, borrar definitivamente lo tradicional, eliminar el poder paternal y protector del Estado y reconvertir la estructura del manejo integral del país por efecto del poder otorgado a los privados.

Abrir los mercados a través de la firma de convenios multilaterales de libre comercio, eliminando barreras arancelarias que impedían que la importación de producciones de los poderosos del mundo destruyeran la industria y producción nacional, son formas de una nueva guerra que desató el presidente argentino libertario-anarcocapitalista, Javier Milei en una Argentina cuya estructura se está debilitando exponencialmente, ratificando las palabras del titular de la Cámara de Comercio.

Son incontables las grandes empresas de capitales nacionales que ya han decidido poner fin a sus emprendimientos, anunciando procesos de crisis que abren la puerta para el cierre definitivo ante el quebranto existente entre ingresos y egresos, cuyas pérdidas les impiden afrontar los gastos corrientes a los que se suman los salarios.

Frigoríficos, supermercados con capitales de inversión extranjera, plantas fabriles y textiles casi centenarias, empresas constructoras, emprendimientos de diversa naturaleza que no pueden alcanzar niveles de competencia con los materiales que ingresan del exterior sin carga impositiva, son parte del derrumbe de la Argentina que dejará el tendal irrecuperable de quienes, con su esfuerzo, hicieron que el país en un momento fuera el centro estratégico a tener en cuenta en sudamérica.

A estos factores deben sumarse los efectos secundarios que han aumentando considerablemente el índice del desempleo. Fundamentalmente el que se realiza en blanco, cuyos aportes eran parte de los capitales con los cuales cuentan los cuadros previsionales, para mantener un monto a retribuir a los que se jubilan y que les permite hacer frente a las necesidades básicas.

Este fenómeno que hoy no ocurre es en su mayoría parte de los niveles de pobreza, cuando no de indigencia.

“Algunos vamos a quedar en el camino, pero ese es el precio que hay que pagar para que nuestros nietos, nuestros hijos, tengan una Argentina normal”, aseguró el presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, Mario Grinman. La pregunta que correspondería realizarle a quien está convencido de que la forma de progreso y desarrollo es eliminando aquello que no rinde, con todo lo que ello implica, es la siguiente: ¿qué se hace con los que van quedando en el camino? Porque resulta fácil decirlo cuando se tiene asegurado el futuro y el de sus hijos, pero hay millones que hoy no pueden levantar la cabeza ni para mirar el presente.

Quienes elaboran estas definiciones, para estar en consonancia con lo realizado y a realizar por el gobierno libertario, no duermen en las calles, comen todos los días, pasean y tienen periodos de vacaciones en lugares de privilegio y lujo, tal vez no todos pero sí la gran mayoría. El silencio y la prudencia sería una buena medicina.

Pero los argumentos son conformistas cuando la realidad impone que se discuta y planteen alternativas que reacomoden el tejido social y nadie quede en el camino, o por lo menos no los millones que hoy aparecen desperdigados en una Argentina que está en un plano de decadencia que no se logra revertir.

Milei lo había mencionado en varias oportunidades, los que no pueden resolver sus problemas económicos están afuera y el Estado no está -según su criterio economicista liberal- para sostener a quienes no generan recursos.

Hoy en el país son varios millones los que no logran producir lo necesario para subsistir y son el saldo de políticas erróneas, no achacables a un solo gobierno, que viene arrastrando ese lastre desde hace varias décadas. Lo que hizo Javier Milei y sus adláteres es complejizar la situación aún más sin brindar la oportunidad, a una gran parte de la sociedad, de recuperarse, dado que son los que “quedaron en el camino”.

La realidad se está mostrando con notable crudeza. Un bajón notorio del consumo familiar, fundamentalmente alimentario, donde determinados productos, entre ellos la carne, tienen precios prohibitivos. De la ropa hace meses que se habla de caída, nada se está salvando de la competencia que significa una importación abierta y en condiciones de competir directamente con la producción en mejores condiciones.

Es una “guerra” económica-financiera-productiva-industrial-educativa y de salud” que está poniendo a gran parte del país en una situación insostenible. Esto genera descontento y reacciones sociales expresadas a través de la acción gremial, que convulsionará al país en los próximos días.

Milei y su equipo parecieran no verlo, o darlo por un suceso consumado. Eso es, significativamente, una evaluación excedida del poder que ejercen en la actualidad.

 

 

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